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¿Hay que salvar de algo a los salmones de piscifactoría como defienden Rosalía y Bjök?


  • Escrito por Morris Villarroel
  • Publicado en Planeta
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
Granjas de peces en el fiordo Berufjörður, Islandia. Umomos / Shutterstock Granjas de peces en el fiordo Berufjörður, Islandia. Umomos / Shutterstock

Varias ONG critican duramente el cultivo del salmón industrial en viveros o “jaulas” en agua salada (también llamados en inglés open-net pens). El debate se ha encendido con la posición de estrellas del mundo de la música y del cine. El esperado clip musical con la colaboración de Bjök y Rosalía, Oral, denuncia incluso la supuesta manipulación del ADN de los salmones de piscifactoría en Finlandia, y apoya unilateralmente a estas ONG, que ven aumentados sus ingresos de manera significativa con la irrupción de la plataforma de donaciones Effective Altruism (parte de Open Philantropy) en el mundo del bienestar animal a nivel mundial.

Pero ¿es la acuicultura en viveros en alta mar tan negativa? ¿realmente tenemos que salvar a los salmones finlandeses?

Dos tipos de acuiculura

La acuicultura mejora las vidas de millones de personas a nivel mundial, incluida la que podemos llamar acuicultura intensiva o industrial.

La propia FAO emite cada dos años el informe SOFÍA sobre la pesca y la acuicultura, informando y potenciando esta actividad. Pero dentro del mismo informe se explica un matiz importante: los distintos tipos de acuicultura.

Hoy por hoy existen dos tipos de acuicultura. Una se basa en la producción de peces herbívoros u omnívoros (mayoritariamente en agua dulce) en países en desarrollo. La otra, en la producción de peces carnívoros (mayoritariamente en agua marina) en países desarrollados.

La mayoría de las críticas de agentes externos hacía la acuicultura han elegido este último como diana, y sobre todo la piscicultura. Aunque últimamente crece también la preocupación por ciertos moluscos como el pulpo.

Si bien algunas de las críticas que recibe la piscicultura están relacionadas con la crueldad animal, lo cierto es que a nivel social existe un interés común entre las partes interesadas en mejorar el bienestar de los peces, tanto por parte de la Administración como de las empresas productoras, las grandes superficies, los consumidores, los científicos y algunas ONG.

Además, ha habido grandes avances en la última década también relacionados con la cuantificación y control del posible efecto dañino de los viveros sobre el medio ambiente, muchos financiados con dinero público y supervisados por un elenco importante de científicos.

Riesgos de los viveros en mar abierto

Aunque algunos sistemas de piscicultura usan tanques en sistemas cerrados –llamados sistemas de recirculación o RAS, por sus siglas en inglés– o semiabiertos –llamados raceways en agua dulce–, otras están en el mar abierto, a veces a varias millas de la costa. Ha existido una gran evolución en cuanto a los viveros flotantes utilizados, y se han incrementado decenas de veces frente a los volúmenes originales, siendo en la actualidad unidades de unos 30 metros de diámetro y unos 35 metros de profundidad, que pueden mantener en las mejores condiciones hasta varios cientos de toneladas.

El desarrollo tecnológico, cuidadosamente monitorizado por las autoridades ambientales de los países nórdicos que disponen de una conciencia ambiental muy avanzada, ha permitido el desarrollo de una industria muy potente y sostenible, que está siendo la punta de lanza de los desarrollos tecnológicos de la acuicultura a nivel mundial.

Entre las especies criadas mediante esta fórmula se incluyen los salmones en el norte de Europa (sobre todo Noruega) y las doradas y lubinas en el Mediterráneo. Son sistemas cerrados para los peces. Nadan libremente, pero no pueden salir del vivero rodeado por varias capas de redes (aunque en inglés se les llama “open-pen” o “net-pen”, jaula o corral abierto o de redes). Estos son abiertos en la medida en que el agua del mar fluye a través de las redes y los desechos de los peces acaban en el agua alrededor.

La experiencia obtenida en los ecosistemas del Atlántico ha permitido calibrar muy bien la capacidad de digestión del medio donde se encuentran, y se monitoriza y controla la biomasa autorizada que se mantiene en dichos viveros, para garantizar la sostenibilidad de las producciones.

Algunas ONG abogan por eliminar estos viveros por posibles escapes de peces y contaminación del agua alrededor. Durante temporales o por accidente puede dañarse el vivero o las redes y pueden salir miles de peces al mar, aunque ni mucho menos es lo común.

El escape de peces de la jaulas puede tener efectos negativos, como por ejemplo la transmisión de enfermedades a peces salvajes o la contaminación genética de estas poblaciones. No obstante, a día de hoy es difícil cuantificar estos impactos de manera objetiva.

El agua circundante también se puede ver afectada, pero el productor se preocupa mucho por no desperdiciar pienso (en parte por su alto coste) y existen reglas estrictas en muchos países (por ejemplo en Escocia) relacionadas con la capacidad de carga de cada área donde se instalan los llamados “polígonos” de viveros.

En cuanto a la acumulación de metales pesados en el medio ambiente, otra queja de algunos ONG, su concentración depende directamente de la calidad del pienso suministrado a los peces. No hay muchos estudios recientes sobre la acumulación de metales pesados alrededor de viveros, pero datos un poco antiguos sugieren que el efecto es muy variado dependiendo de la localización y el tiempo.

Posibles alternativas

El consumo de productos pesqueros en el mundo se ha duplicado en los últimos 50 años, siendo actualmente de 20 kilos por habitante y año ( informe SOFÍA), y el 56 % proviene de la acuicultura, que viene probando ser una manera extremadamente eficiente de producir proteínas saludables. La clave pasa por tener una planificación con base científica, que permita un crecimiento ordenado de estos sistemas. Las estrictas regulaciones del mundo occidental, comparativamente a otras regiones, deberían tranquilizar a la sociedad.

Se están considerando modernos desarrollos tecnológicos en RAS, tanto flotantes como en tierra, que se independizan del medio, para intentar realizar grandes producciones. Estas tecnologías no están plenamente desarrolladas, aunque se está realizando un gran esfuerzo inversor, especialmente en tierra para suministrar las demandas de los mercados occidentales, fuertemente basados en las importaciones. Por ello, una posible alternativa a los viveros en el mar es construir sistemas de recirculación en la tierra, donde el agua se filtra para eliminar los residuos antes de volver a los peces. Los RAS son más comunes en agua dulce, pero cada vez más empresas los emplean con agua salada y engordan peces adultos, como el salmón.

A pesar de las críticas, algunas infundadas o exageradas, una gran cantidad de instituciones apoyan a la acuicultura de manera global ya que, entre otras ventajas, ayuda a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ver estudio reciente de Troell et al, 2023, sugiriendo que es un acierto y no un error).

Hoy por hoy, la acuicultura es la manera más eficiente y sostenible de producir proteína animal, y conviene aunar esfuerzos para mejorar su eficiencia y sostenibilidad.The Conversation

Morris Villarroel, Profesor de Ciencia animal, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.