La recienta cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático ha sido pródiga en imágenes y gestos, desde los grandes líderes mundiales como el presidente norteamericano Trump, hasta simples representantes de la sociedad civil como Greta Thumberg, pero tristemente hay que decir, una vez más, que eso ha sido casi todo y seguimos con las manos vacías. Más allá del postureo, lo que realmente ha trascendido es la cruda realidad de la inacción tras el Tratado de Paris. En los cuatro años transcurridos desde la cumbre, la necesidad de impulso político contrasta mucho con su ausencia, y la joven Greta es una muestra del desasosiego de una parte creciente de la opinión publica mundial, en especial los jóvenes.