"Una mujer que trabaja, estudia, cura, enseña o escribe, para los hombres es compleja; desde luego poco femenina. Anatole France se burlaba de los dedos sucios de tinta de las hadas literarias que dejaban de ser hadas al convertirse en «literatas». Mme. Arman de Caillavet, su exquisita amiga, hubo de publicar en secreto, bajo un seudónimo y con auxilio de un amigo discreto e incondicional, un cándido volumen, acción que sólo resultaba delictiva porque el pobre fruto de su ingenio era harto insignificante. Mme. Arman de Caillavet fué el guía, el consultor literario de Anatole France. Pero sólo continuaría siéndolo a condición de que permaneciese amante y musa. Los dedos de rosa podían mancharse de tinta con los borradores de su insigne amigo; escribiendo obras propias, ¡jamás!"
Federica Montseny, La mujer, problema del hombre, 1932.