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Beatriz Gimeno

Nació en Madrid y dedica lo más importante de su tiempo al activismo y a la investigación feminista.

Está en Podemos desde el principio y ha ocupado diversos cargos en el partido.

Ha sido Consejera Ciudadana Autonómica y Estatal. Del 2015 al 2020 fue diputada en la Asamblea de Madrid, después directora del Instituto de las mujeres y otra vez diputada.

Fue la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género.

Le gustan las lenguas muertas y por eso estudió Filología Semítica.

¿A quien le dan miedo nuestras tetas?

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

No vi el famoso festival ni me importaba nada. Me temo que soy de otra generación. Pero me enteré, claro, de lo que sucedió y debatí con amigas por culpa de esa mirada generacional diferente. Mis amigas de mi edad miraban con cierto desdén la canción de la teta. Algunas estaban indignadas, incluso. Esa brecha es insalvable, no motivo de guerra, desde luego, pero sí de cierta incomprensión. “Ahora resulta que tener el caldo en la nevera es revolucionario”, decía una. “Con lo que hemos luchado para poder decir: el caldo te lo haces tú”. Y lo de “mamá”, me temo que tampoco fue bien comprendido: “cursilada”, es lo menos que escuché anoche en mi franja de edad (aunque estoy generalizando, claro) Una intenta comprender y escuchar pero la mirada de cada una está condicionada por las experiencias vividas, por lo hablado, leído, aprendido, y una parte de todo eso depende, también, de la edad; aunque no sólo y sin renunciar a la apertura.

Trabajadoras, trabajo y vida. Del androcentrismo laborista

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Hace un tiempo que una parte de la izquierda ha decidido reivindicar el obrerismo enfrentado a una caricatura de las guerras culturales. En su neolaboralismo (no vamos a llamarle “nuevo laborismo”) la necesidad de asegurar vidas mejores frente a la continua desposesión capitalista, vidas más seguras y menos precarias, aparece enfrentada a las reivindicaciones feministas, lgtb o antirracistas. Supongo que dan por hecho que las personas feministas, lgtbi o racializadas no tienen derecho a vidas mejores ni a definir qué tipo de vida es mejor para ellos y ellas. En los artículos de estos neolaboristas la tesis central viene a ser una queja en la que se afirma que el problema de la izquierda es que ha abandonado el trabajo como centro de sus reivindicaciones y de ahí se sostiene que el trabajo no sólo ofrece seguridad, sino también dignidad y sentido de pertenencia (es decir, la vieja identidad) Reivindicar cierto sentido de pertenencia (identidad) es fundamental, se nos dice, porque la derecha, que desde luego no resuelve las cuestiones materiales, sí que provee, en cambio, de una identidad vinculada en este caso al nacionalismo y por eso lleva siempre las de ganar. Por eso, los neolaboristas afirman que la identidad de la izquierda debe entonces orbitar alrededor del trabajo porque al tiempo que es ahí donde se centra la posibilidad de combatir la inseguridad material, se ofrece, además, un sentido de dignidad, de solidez, frente al mundo fluido y cambiante.

La lucha por las Humanidades nos tiene que importar

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Estudié Filología Semítica, especialidad hebreo y arameo. No, no hablo hebreo moderno, por si alguien ha pensado que mis estudios podrían tener alguna utilidad en este mundo, pero leo hebreo y arameo bíblicos y hebreo medieval. No sé si es práctico ni para qué debería serlo, a mí me abrió muchos mundos. La Biblia es un universo en realidad, un libro oceánico. Un libro de libros en los que cabe todo: poesía, historia, literatura, canciones, filosofía, aventuras, crónicas, dolor, esperanza…La humanidad entera cabe en esos libros. Y si tuviera que enviar un libro al espacio para que unos supuestos alienígenas supieran quienes somos, mandaría este. Estoy segura de que hay libros similares en otras culturas, libros de libros, que juegan el mismo papel de mostrar cómo somos, por qué lloramos o cantamos, a qué tememos, qué nos hace felices, que nos angustia, cómo amamos, como vivimos. En mi cultura, todo esto está en la Biblia. No me gusta decirlo porque parece que necesito justificarme, pero sí, soy atea. La Biblia, al menos lo que llamamos AT, no es precisamente un libro muy espiritual, es pura carne.

  • Publicado en Opinión
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