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Punto de inflexión de la izquierda en Andalucía


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El gobierno no gana para sustos, tan pronto afloja la presión dramática de la pandemia, aparecen las consecuencias de la guerra en Ucrania con la inflación de los precios y el malestar ciudadano. Cuando parecía que la segunda mitad de la legislatura estaba encauzada con la aprobación de los segundos presupuestos, sin embargo la convalidación pírrica del decreto de la reforma laboral, la renuncia unilateral del Presidente Sánchez sobre el futuro del Sáhara y ahora el espionaje del independentismo mediante el programa Pegasus que se ha vuelto contra el propio gobierno, la han situado en modo compulsivo caminando en el filo de la navaja.

Como si no fuera suficiente con las turbulencias nacionales e internacionales, y después de una negociación de infarto, la izquierda andaluza que está situada a la izquierda del PSOE ha pactado un nuevo modelo de unidad, in extremis, pero reproduciendo y ampliando este mismo clima convulso. Podemos finalmente ha llegado tarde a registrarse como parte de la coalición 'Por Andalucía', que integra a IU, Más País, Equo, Alianza Verde e Iniciativa del Pueblo Andaluz, y todo debido al tira y afloja sobre unas condiciones que quería imponer a última hora a los demás firmantes del acuerdo a cambio de su renuncia a la cabeza de cartel en favor de Inmaculada Nieto y a un modelo de convergencia política basado en su primacía como “nave nodriza” de todo el proyecto.

Como consecuencia, la Junta Electoral andaluza ha rechazado la incorporación de Podemos a la mencionada coalición por haberse inscrito finalmente fuera de plazo. Ahora, ante el recurso obligado a la junta electoral central y en un periodo que debería estar reservado sólo para elaborar propuestas políticas, surge la pelea por el relato para establecer el reparto de culpas por lo ocurrido, aunque en paralelo se anuncia la firme voluntad de subsanación de errores y de permanencia dentro de la coalición. Sin embargo, es evidente que no se trata tan solo de un asunto técnico ni tampoco jurídico, es ante todo un problema político que solo se puede superar con la ratificación del acuerdo y un clima de diálogo en el que ya no caben actitudes hegemónicas ni imposiciones digitales, sobre todo cuando la parte de Podemos en Adelante Andalucía se ha ido con el proyecto de Teresa Rodríguez.

Porque una tercera candidatura que pudiera surgir de la implosión de Unidas Podemos, una organización que además hoy forma parte del gobierno de coalición en España, sería algo que la izquierda andaluza no se podría permitir, cuando ya hay otra candidatura encabezada por Teresa Rodríguez. Precisamente en el momento en que las encuestas prevén que la suma de las derechas puede volver a ser mayoritaria y que como consecuencia aumentan las dificultades para los posibles resultados electorales de la izquierda.

Las razones de fondo ha sido primero la ruptura entre Izquierda Anticapitalista y Pablo Iglesias, y como consecuencia la ruptura del grupo de Adelante Andalucía por un quítame allá ese gobierno de coalición con el PSOE, y más recientemente, como producto de la irrupción de Podemos en medio de la negociación ya avanzada de la coalición con una actitud impositiva tan propia de la peor cara de la política. Un pulso para que Podemos colocara al cabeza de la candidatura a Juan Antonio Delgado salido de sus primarias, cuando había una decisión mayoritaria sobre la misma dentro de una amplia y muy plural coalición de partidos.

A todo ello, se añade el producto de la tensión entre Pablo Iglesias y su intento de reproducir el modelo hegemónico de Melenchon y la vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz y su plataforma político ciudadana que de forma explícita ha respaldado la negociación andaluza. Como consecuencia, el peligro de ruptura corre incluso el riesgo de trasladarse a nivel general en Unidas Podemos y al seno del gobierno. Un factor adicional de conflicto, por si la situación no estuviera ya suficientemente complicada.

Después de la derrota de la estrategia de recomposición del espacio en torno a Podemos y a Pablo Iglesias como su principal referente en la Comunidad de Madrid, en las convocatorias electorales posteriores, tanto de Castilla y León como ahora en Andalucía la fórmula clásica de la coalición de partidos, que se consideraba la expresión de la vieja política de resistencia de la izquierda, vuelve a mostrarse como el elemento aglutinador capaz de ser realmente eficaz. En el fondo de las dificultades de la izquierda subyace una profunda divergencia entre dos modelos de unidad, uno fundamentado en el idealismo populista y otro en la pluralidad democrática connatural a nuestra democracia. La unidad populista, primero disuelve, luego genera su némesis, en este caso, Vox que aparece en la época de máxima unidad de la izquierda transformadora, y finalmente explota por ser contraria a la realidad de la vida. La cuestión es si este nuevo intento unitario logrará ser el primer paso para la futura plataforma de izquierdas que aún hay que definir. Porque la crisis del populismo no se arregla solo con el aterrizaje en el gobierno y con el pragmatismo sobrevenido. Es necesaria además una reflexión sobre los límites de las transformaciones dentro de la democracia representativa para resolver el actual conflicto sobre la identidad, la gestión y la sensación de frustración en relación al ejercicio del gobierno.

Por otra parte, el PSOE continúa pagando la factura de la corrupción en Andalucía con la tramitación del recurso del caso de los EREs ante el Tribunal Supremo en plena precampaña electoral.

Mientras tanto, la derecha andaluza se frota las manos ante las dificultades en la recuperación de la izquierda, acusándola de ser un batiburrillo. Precisamente una derecha que en los últimos tres años se ha mostrado incapaz de aprobar el presupuesto de 2022 y de culminar con normalidad la legislatura, debido a la actitud de sus aliados de ultraderecha que solo ha aportado ruido, corrupción e inestabilidad. Y con un Presidente andaluz que ha convertido el adelanto electoral en un descarado juego de manos, subordinando los intereses de Andalucía a los del PP, primero en la conjura para el derrocamiento de Casado y en la posterior entronización de Núñez Feijóo.

El objetivo del PP pues, al igual que en Castilla y León, consiste en absorber a Ciudadanos y volver a gobernar con una mayoría aún más escorada y condicionada por la ultraderecha y por tanto con una perspectiva que podría ser más reaccionaria, populista e inestable que pretende proyectar a las próximas elecciones generales adornada de una moderación que puede ser incapaz de imponerse.

Es por esta razón que la ultraderecha está tan segura de sí misma presentándose como contenedor del voto de la ira antipolítica, que se ha permitido designar a dedo y desde Madrid a una candidata paracaidista del entorno más cercano a su jefe de filas, y que en el colmo de la desfachatez ha abierto la precampaña el uno de Mayo con un discurso copiado de Blas Pilar, el que fuera líder de Fuerza Nueva. Vuelven los nostálgicos de la dictadura franquista. Ya no se cortan. A estos tampoco les gusta el régimen del 78.

Y las dificultades de la izquierda son en definitiva la muestra de una profunda divergencia sobre el modelo de unidad.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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