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De la guerra civil en el Partido Popular a la reconfiguración de la derecha


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El espectáculo que ha rodeado estos días el descabalgamiento del líder del Partido Popular, Pablo Casado, y de su nº 2, Teodoro García Egea, ha sumado todos los elementos propios de una comedia griega. No han faltado las traiciones de aquellos a los que el dedo de Casado elevó a la cúspide del partido desde la nada y hasta unas pocas fidelidades numantinas.

Tampoco los momentos grotescos como la lucha de dos emisoras de radio que emitían a la misma hora sendas entrevistas del todavía presidente ‘popular’ y del ya en ese momento principal alternativa, Alberto Núñez Feijóo. Se acabó luego con el ‘asesinato’ del César, donde su multiplicaron los ‘Brutos’ de última hora para sumarse al ejército que llevaba meses preparando el magnicidio, sin olvidar el coro de plañideros/as a las puertas de la sede del Génova. 

Expulsados ya de la escena Casado y García Egea aún queda por definir cómo se recompone de verdad el PP, no sólo en su liderazgo, sino sobre todo en su definición política

Pero la obra no ha terminado y, disipado el polvo de la batalla, se ha pasado a un segundo acto, el de la recomposición de la derecha. Y hay muchos interesados en ella, no hay más que ver cómo detrás de este destronamiento aparecen crueles ajustes de cuentas desde algunos medios de comunicación que lo apoyaron interesadamente como referente del sector más reaccionario de la derecha para ganar a la otrora todopoderosa Soraya Sáez de Santamaría.

Las hostilidades se desataron públicamente cuando los resultados de las elecciones en Castilla y León reventaron la táctica de Casado, diseñada por García Egea y secundada por un entonces fiel Mañueco, de lograr una victoria que demostrase que lo ocurrido en Madrid con Díaz Ayuso no era una cosa excepcional, sino consecuencia de la fuerza de las siglas del PP. Buscaban también encadenar otra victoria parcial para convocar también comicios en Andalucía y allanar una soñada victoria final en la generales.

Los justísimos resultados del PP obligaban a Casado a decidir entre el acuerdo con un Abascal que no se conformaría con ser un mero actor secundario, como ocurrió en Madrid, o entrar en la senda del Pacto de Estado con el PSOE. Esto último iba más allá de formar gobierno en Castilla y León para entrar de lleno en cómo se reorganiza la derecha en España o, más claramente, sobre qué principios se encara la salida de la crisis que ha producido la pandemia del Covid-19, si en una clave reaccionaria, ultranacionalista o desde una posición más neoliberal y europeísta.

Expulsados ya de la escena Casado y García Egea aún queda por definir cómo se recompone de verdad el PP, no sólo en su liderazgo, sino sobre todo en su definición política. Aunque es verdad que en este primer momento ha ganado el sector reaccionario que encabeza Díaz Ayuso, que seguirá teniendo difícil tomar personalmente las riendas del partido con un Núñez Feijóo designado para encabezar la nueva etapa.

Sobre la mesa hay una nueva contradicción, ya que el presidente de Galicia no se corresponde con el sector más reaccionario que representan quienes han encabezado el derribo de Casado, desde su posición en los temas lingüísticos que tanto irrita a los apoyos mediáticos de Ayuso, a la propia gestión de la crisis pandémica, muy diferente de la realizada en Madrid.

Si bien parece despejado el camino para un acuerdo del PP con Vox para gobernar en Castilla y León, no está claro si esto sería el inicio de un ‘matrimonio’ estable que continuaría en Andalucía y en el resto del Estado, incluido el Gobierno central si las cuentas les salen o bien Núñez Feijóo busca una diferenciación de Vox en clave ‘derecha europea’. En todo caso, no es la primera vez que en momentos de grave crisis económica los poderes que sostienen a las derechas experimentan una doble apuesta entre un sector moderado y otro autoritario. No hay que perder esto de vista, aunque sólo sea por aquello de que quienes olvidan la historia están condenados a repetirla, y ya sabemos cómo termino aquella historia.

Responsable federal de la Conferencia Interparlamentaria de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.

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