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Desmontando a Mañueco


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Toda la culpa es de Sánchez y del gobierno de coalición de izquierdas. El relato de un poder sin responsabilidad a la búsqueda de la infantilización del votante.

Las declaraciones del candidato popular a la presidencia de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, a la sazón presidente de la comunidad durante esta legislatura, demediada por propia voluntad y de la dirección del pp, sin más explicación que la teoría de la conspiración en relación a la supuesta deslealtad de su socio de Ciudadanos, y además como etapa más reciente de un largo periodo de gobierno de treinta y cinco años del partido popular, unas declaraciones en las que afirma sin embozo que los problemas de Castilla y León, incluido hasta el propio despoblamiento de amplias zonas de la comunidad, se encuentran directamente relacionados con la gestión de estos últimos cuatro años de gobierno de Pedro Sánchez. Esta frase resume como pocas el relato y una estrategia de cariz populista por parte de la derecha, consistente por una parte en eludir cualquier responsabilidad por la gestión y el ejercicio de sus competencias en el gobierno de la Comunidad, mediante la cortina de humo de la atribución de todos los males pasados, presentes y futuros al gobierno central. El bulo es que el gobierno central de coalición entre el PSOE y UP resulta que es el único responsable de todo lo malo que le ha pasado a los castellanos y a los leoneses. Una campaña pues que se inicia con la teoría de la conspiración y ahora se continúa con bulos de baja calidad, solo aptos para convencidos.

Todo ello resumido en el ejemplo reciente de una supuesta responsabilidad en el bloqueo de su acceso al IVA y ahora en el reparto sectario de los fondos europeos que les corresponden, y que el gobierno les hurta, aunque lo primero hubiera sido más correcto atribuírselo también al presidente Rajoy, de su propio color político, y en lo segundo poco importe que haya sido refutado por los datos que sitúan a Castilla y León entre los más beneficiados y desmentido por la propia Comisión Europea, que en última instancia es la responsable de su aprobación y de su control. Con la crítica vergonzante a Europa en la trastienda.

En definitiva, se trata de la instrumentalización del autogobierno y como consecuencia su degradación a una espacio más para el ejercicio de la oposición, está vez mediante la confrontación institucional, y asimismo de la manipulación del agravio territorial, dando continuidad al' España madrastra' y al' España nos roba' del independentismo, mimetizado más recientemente por el gobierno de la Comunidad de Madrid en defensa de una supuesta identidad libertaria de Madrid y de los madrileños frente a las intromisiones de lo público encarnado en el Estado, que le ha servido a la derecha para ocultar la crítica situación de una sanidad y de unos servicios públicos sometidos a recortes y privatizaciones, cuando no como una parte más de sus manejos de financiación irregular y corrupción.

En consecuencia, los candidatos del resto de las fuerzas políticas y en especial los de los partidos integrantes del gobierno de coalición, están siendo tratados en la campaña electoral cuanto menos con menosprecio, como si fueran meros títeres al servicio de un gobierno extranjero que actúa contra los intereses de los ciudadanos de la comunidad. En este sentido, se entiende también el rechazo como una injerencia inaceptable del debate en televisión española, finalmente recuperado 'in extremis' por la Junta Electoral. El gobierno central de nuevo como espantajo. En definitiva, nos encontramos ante un descarado seguidismo de la estrategia exitosa de Ayuso en la Comunidad de Madrid en las recientes elecciones de Mayo, con la combinación de maniqueísmo ideológico, manipulación de la identidad, explotación de los agravios y antagonismo político, junto a la negación y la elusión de responsabilidades en la gestión de la pandemia.

Con ello, estos nuevos candidatos populares hacen tabla rasa de las aristas de la gestión de décadas de sus antecesores, en una suerte de amnesia selectiva para eludir sus responsabilidades en las contradicciones sociales y territoriales provocadas la aplicación del proyecto conservador del Partido Popular, tal y como si ellos en realidad acabasen de llegar.

Sin embargo Alfonso Fernández Mañueco, Presidente de la Junta durante los dos últimos años, también ha sido durante los quince años anteriores el Secretario General del PP de Castilla y León y durante ocho años Consejero de dos gobiernos de Juan Vicente Herrera.

Tan solo durante estos dos años de Pesidente ha acabado con el Dialogo Social, algo histórico en la Comunidad y ha paralizado el escaso dinamismo económico, previamente a la pandemia, ha favorecido el provincionalismo en perjuicio de la Comunidad Autónoma y en beneficio del populismo localista. Y por si fuera poco, durante este mandato Castilla y León ha incrementado las transferencias a la educación y sanidad privadas, que ya eran muy elevadas y ha continuado expulsando población joven y bien formada, por las cada vez menores posibilidades de futuro dentro de su Comunidad.

Por eso, en esta campaña electoral ni explica ni explicará la difícil situación actual de los servicios públicos como consecuencia de su política, de su gestión y también de su inacción. No defenderá su programa electoral ni presentará una memoria económica que lo acredite, sino que como siempre hará anuncios inviables de compromisos de gasto futuros con una mayor reducción de impuestos y un menor endeudamiento. Por su propio interés, tampoco hará una sola alusión a la regeneración política y a la lucha contra la corrupción. Pero sobre todo él y su partido ocultarán su objetivo de eliminar a Ciudadanos para refundar la derecha mediante una alianza con la ultraderecha en el futuro gobierno de Castilla y León, como han hecho en Madrid. En resumen, utilizarán la publicidad engañosa de la sociedad de consumo como campaña electoral, aunque suponga la degradación de la democracia y la infantilización del electorado.

Se apoyan para esta estrategia electoral en el desconocimiento y la confusión sobre el reparto de competencias, a estas alturas de descentralización autonómica, en que todavía una parte de la población, debido a la inercia centralista, atribuye la atención sanitaria, la educación, los servicios sociales e incluso las infraestructuras autonómicas al gobierno central. El marco ideal para el ejercicio de un poder sin responsabilidad.

Algo que se ha visto facilitado también por la algunas veces confusa gestión de la pandemia, en que los gobiernos del PP se han situado a medio camino entre el negacionismo vergonzante y el dogma tecnocrático, jugando sobre todo a una oposición oportunista tan pronto frente al centralismo como luego a la cogobernanza, negando primero las restricciones como después la flexibilización y la apertura.

En definitiva, el oportunismo como otra de las caras del populismo.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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