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Otro paso hacia una nueva ‘guerra fría’ en la frontera europea con Rusia


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La crisis en la frontera entre Ucrania y Rusia, como el resto de conflictos que se han producido en los últimos años en la frontera europea con los vecinos rusos, debe analizarse en el marco de un orden internacional que ya nadie duda que está en transición. EE UU trata de activar una situación de nueva ‘guerra fría’ que le permita frenar la creciente influencia de China en el ámbito internacional.

En esta lógica, mantener una serie de sanciones sobre Rusia que tanto perjudican a la economía de algunos Estados europeos, entre ellos España, no tiene ni sentido ni efectividad desde el punto de vista político. Eso sí, favorece los intereses comerciales estadounidenses, de la misma manera que el bloqueo del gasoducto Nord Stream aumenta las posibilidades de venta de gas de EE UU a Europa.

En lugar de refundar la OTAN, hay que refundar las Naciones Unidas y sus agencias. Se debe sustituir la disuasión militar por la negociación, siempre en el marco y con los objetivos de su Carta Fundacional, aprobados en 1945 y enterrados en pocos años

EE UU y la OTAN han incumplido los compromisos adquiridos al término de la verdadera Guerra Fría a finales del siglo pasado. Desde entonces han forzado cinco oleadas de ampliación, incorporando a 14 países, y han llevado su presión hasta las fronteras rusas. Esto se traduce en una militarización del este de Europa con ejercicios militares, el acoso por el insistente patrullaje en los límites aéreos y marítimos rusos con aviones y buques de guerra, incluso con el Báltico y el Mar Negro como escenarios, acantonando tropas en Ucrania o desplegando el escudo antimisiles en Polonia y Rumanía, algo que puede convertirse en un instrumento de ataque con artefactos que, eventualmente, podrían alcanzar Moscú.

Activar de nuevo la ampliación de la OTAN con la entrada de Ucrania aumenta una tensión que daba ya por hecho que provocaría la reacción rusa. A Vladimir Putin, con serios problemas políticos y económicos para legitimar su Gobierno de puertas para adentro, esta crisis le sirve para activar la amenaza de una agresión externa. Busca cerrar filas en torno a su posición militarista, activar el orgullo herido de un pueblo que siente cierta nostalgia nacionalista de cuando la URSS era una gran potencia, al tiempo que justifica aumentar su control frente a una oposición cada vez más fuerte.

Dicho esto, no pueden analizarse las acciones de EE UU y la OTAN en la frontera europea con Rusia o en otras zonas desde una cierta equidistancia que reparta responsabilidades por igual. Hay una cuestión que marca una diferencia fundamental: la persistencia de la OTAN como una alianza militar, que prioriza la fuerza en las soluciones de conflictos internacionales y arrincona a las propias Naciones Unidas.

Plantear una política internacional basada en la presión económica y la disuasión militar lleva a una espiral que sólo concluye en una deriva hacia un orden internacional de ‘guerra fría’, incluyendo una refundación de la OTAN de carácter universal, como está previsto para junio del presente año.

Frente a esta lógica militarista, que sitúa al planeta ante un futuro incierto, hay otras. En lugar de refundar la OTAN, hay que refundar las Naciones Unidas y sus agencias. Se debe sustituir la disuasión militar por la negociación, siempre en el marco y con los objetivos de su Carta Fundacional, aprobados en 1945 y enterrados en pocos años. La ONU debe tener los instrumentos necesarios para convertirse en una institución que realmente resuelva los conflictos entre Estados desde el diálogo y la negociación.

Esta política permitiría a España tener un protagonismo internacional y perfil propio. Traería importantes beneficios al diversificar nuestras relaciones económicas y políticas. La experiencia tras la participación subsidiaria en la Guerra del Golfo o en otras aventuras de la OTAN dice que hay poco que ganar. En vez de sobreactuar y de alinearse con las posiciones más duras y militaristas, España debe defender una salida negociada del conflicto en el marco de la ONU sobre la base de no modificar el ‘statu quo’ de la región. Hay que negociar un acuerdo que dé a Ucrania, a Rusia y al resto de actores seguridad mutua en sus fronteras, siempre por la vía diplomática y pacífica.

Responsable federal de la Conferencia Interparlamentaria de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.

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