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Retórica masculina


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Viviendo como vives, estás expuesta a mil peligros, y esa maternidad que tanto adoras es un lazo que te une sin quererlo al autor de todas tus desdichas.

Benito Pérez Galdós, Gloria, 1876, pág. 206.

Parece que los hombres comienzan a tener problemas. Su virilidad parecería que se está perdiendo porque algunas sociedades occidentales están hiperfeminizadas. Los hombres ya no saben ser hombres, se diría que están confundidos y sufren mucho por culpa de las mujeres, y del feminismo, que los oprime. ¿Los síntomas? Malos resultados escolares, dificultades de seducción, negativa de los tribunales a conceder la custodia de los hijos al padre en caso de separación, e incluso... suicidios. ¿Las soluciones? Movimientos de hombres, cursos de reafirmación cristianos o esotéricos, y otras "escuelas de masculinidad" de extrema derecha.

La retórica masculina en Occidente es una reafirmación continua desde el siglo XVI, ahora es un planteamiento en la actualidad más o menos en todo el planeta. Antes de que se liberalizara el divorcio, por ejemplo, era la esposa dominante y castradora la que oprimía a su marido; hoy, es la ex esposa la que supuestamente expulsa al padre y extorsiona con la manutención de los hijos.

Dicho esto, hay temas que parecen ser eternos, como el de la madre "dominante" y castradora. El propio Galdós describió este patrón infinidad de veces. Desde el siglo XIX hasta la actualidad, también hay preocupación por las "primeras" mujeres que acceden a profesiones masculinas, o por las madres que prohíben a los niños jugar a la guerra. Este último discurso lo retoman hoy quienes se preocupan por las dificultades de los niños en la escuela. Dicho esto, algunos temas son relevantes hoy en día, como la dificultad que tienen los hombres para obtener sexo (heterosexual). Se dice que los hombres son víctimas de un supuesto feminismo "puritano" que les impide coquetear con una mujer o incluso mirarla y les provoca un problema. Los masculinistas reivindican esta situación en términos de "amor romántico" y "juegos de seducción", una forma de no tomar en serio los análisis feministas sobre la violencia masculina y la cultura de la violación.

Este discurso de la crisis de la masculinidad se expresa en todo Occidente, incluidos los países de Europa del Este, así como en Corea del Sur, India, Israel, Japón, en toda África y América Latina. Se dice que las comunidades cristianas, judías y musulmanas se ven afectadas por esta crisis, pero ni mucho menos. Una mirada a las sociedades asiáticas nos dejarían exhaustos.

Varios estudios han revelado que los principales propagadores de este discurso son en su mayoría hombres con un nivel de educación superior a la media nacional, y pertenecientes a la clase media acomodada: abogados, periodistas, psicólogos, miembros de profesiones liberales, etc. Además, la retórica masculina/masculinizadora presta poca o ninguna atención a las categorías de hombres más vulnerables o miserables, como los desempleados, los presos, los sin techo, los inmigrantes indocumentados. Este discurso también es llevado a cabo por organizaciones más o menos institucionalizadas que trabajan en la defensa de los intereses de los hombres, especialmente de los padres divorciados o separados.

Las redes de extrema derecha retoman este discurso. Se trataría de prestar atención a quienes ahora utilizan su nombre en mensajes insultantes y amenazantes enviados a mujeres periodistas. De esto puedo dar fe. Pero también encontramos este discurso en las redes progresistas e incluso anticapitalistas, por ejemplo afirmando algunos medios que las chicas jóvenes tienen más éxito que los chicos, que las madres aplastan a sus hijos y que la emancipación de las mujeres hace el juego al neoliberalismo.

El movimiento masculinizador se opone sin duda al feminismo con una visión de un mundo en el que son las víctimas sufrientes de las mujeres y de las feministas. El patriarcado ha dado paso al matriarcado. El Estado está bajo el dominio de la "Gran Madre". Se trata de una maniobra para ahuyentar el pensamiento sobre la igualdad de género, socavar la legitimidad del feminismo y estimular la empatía e incluso el cuidado de los hombres. Algunas feministas incluso se lo creen. Y lo que es más importante, los programas de financiación pública exigen ahora que las asociaciones de y para mujeres incluyan a los hombres o los temas de los hombres, lo que distrae a algunas feministas de sus prioridades. Y lo que es más trágico, como hemos visto en varias ocasiones en los últimos años, este discurso justifica las agresiones a las mujeres por parte de los hombres que dicen querer vengarse de ellas porque no han mantenido relaciones sexuales. No digo más.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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