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De Texas a India: una nueva esperanza frente a la COVID-19


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Corbevax, una nueva vacuna sin patente contra la COVID-19, podría cambiar las reglas del juego de la pandemia a nivel mundial.

En 2003 el mundo temió la aparición de una nueva pandemia, el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), una forma grave de neumonía causada por un coronavirus detectado por primera vez en Asia en febrero de ese año. Durante unos meses, la enfermedad se propagó a más de dos docenas de países en América Europa y Asia antes de que se contuviera el temible brote mundial.

Según la Organización Mundial de la Salud, un total de 8.098 personas en todo el mundo se enfermaron de SARS durante el brote de 2003. De ellas, 774 murieron. Grupos de virólogos de todo el mundo comenzaron a buscar una vacuna capaz de derrotar al desconocido coronavirus. Como ocurre tantas otras veces, el coronavirus desapareció tan de repente como había llegado. La investigación se abandonó, pero ahora un grupo de virólogos ha recuperado una de ellas que, a su eficacia frente al SARS-CoVi-2, une el que sus descubridores hayan dejado la patente libre.

Si algo ha aprendido el mundo de esta pandemia es que los virus no necesitan pasaporte. Dos años después de la pandemia de COVID-19, el mundo ha visto más de 314 millones de infecciones y más de 5,5 millones de muertes. Aproximadamente el 60% de la población mundial ha recibido al menos una dosis de una vacuna contra el COVID-19. Pero todavía existe una brecha evidente y alarmante en el acceso mundial a estas vacunas, porque mientras que aproximadamente el 77% de las personas en países de ingresos altos y medios-altos han recibido al menos una dosis de la vacuna, solo la han recibido una de cada diez en los países de ingresos bajos. La nueva vacuna Corbevax puede que ayude a cerrar esta brecha de vacunación.

¿Cómo actúa la vacuna Corbevax?

El funcionamiento de esta vacuna es diferente al de las que se están utilizando en la actual pandemia. Todas las vacunas COVID-19 enseñan al sistema inmunitario cómo reconocer al patógeno y preparar el cuerpo para atacarlo mediante el desarrollo de anticuerpos específicos.

Las vacunas contra la COVID-19 utilizan una versión inofensiva de una estructura con forma de espícula en la superficie del coronavirus llamada proteína S. Las principales vacunas contra la COVID-19 que se encuentran disponibles actualmente son de dos tipos: las de ARN mensajero (ARNm) y las de vector viral.

Las primeras usan ARNm genéticamente modificado para que este transmita a nuestras células las instrucciones sobre cómo producir la proteína de la espícula vírica. Después de la vacunación, nuestras células inmunitarias comienzan a producir las partes de la proteína de la espícula y a situarlas en la superficie celular. Eso hace que el organismo produzca anticuerpos. Si alguien se infecta con el coronavirus, estos anticuerpos combatirán al virus. Después de entregar las instrucciones, el ARNm se divide inmediatamente. Nunca ingresa en núcleo de las células, donde se almacena el ADN. Tanto la vacuna de Pfizer-BioNTech como la de Moderna utilizan ARNm.

Los cuatro tipos principales de vacunas antivíricas. Fuente

En el tipo de vector viral, el material genético del coronavirus se coloca en una versión modificada de un virus diferente (vector viral). Cuando el vector viral ingresa en las células, cede el material genético del coronavirus que se encarga de dar instrucciones a las células para hacer copias de la proteína de la espícula. Una vez que las células sitúan las proteínas de la espícula en la superficie, el sistema inmunitario responde y crea anticuerpos de defensa. Los anticuerpos combatirán el virus si se produce la infección. La vacuna contra el virus del Ébola, la Janssen de Johnson & Johnson y la AstraZeneca son vacunas de vector.

A diferencia de las vacunas aprobadas hasta ahora, Corbevax es una vacuna de subunidad proteica que inocula directamente en el cuerpo una parte inofensiva de la proteína espicular para provocar que el que el COVID-19 estimule y prepare el sistema inmunológico para futuros encuentros con el virus. Una vez que el sistema inmunitario reconoce las proteínas de la espícula, crea anticuerpos y glóbulos blancos de defensa. Como las vacunas de ARNm, Corbevax también requiere dos dosis.

Durante el brote de SARS de 2003, los investigadores María Elena Bottazzi y Peter Hotez, del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas en el Baylor College, crearon un tipo de vacuna mediante la inserción en levaduras de la información genética de una porción de la proteína del pico del virus del SARS para producir grandes cantidades de la proteína. Después de aislar la proteína de la levadura y de agregar un adyuvante que ayuda a desencadenar una respuesta inmune, la vacuna estaba lista para aplicarse.

La primera epidemia de SARS duró poco y, como dejó de necesitarse, la vacuna de Bottazzi y Hotez cayó en el olvido. Cuando el 11 de marzo de 2020, profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, la OMS declaró oficialmente que la COVID-19 era una pandemia, Bottazzi y Hotez desempolvaron su vacuna y actualizaron la proteína de espícula para copiar la del SARS-CoV-2, y crear la nueva Corbevax.

Un gran ensayo clínico en Estados Unidos encontró que la vacuna era segura, bien tolerada y con más del 90 % de efectividad en la prevención de infecciones sintomáticas. Corbevax recibió la autorización de uso de emergencia en India el 28 de diciembre de 2021 y se espera que otros países en desarrollo sigan su estela.

Una vacuna libre para el mundo

Las vacunas de subunidades de proteínas tienen una ventaja sobre las vacunas de ARNm porque se pueden producir con relativa facilidad utilizando una tecnología de ADN recombinante bien conocida que es relativamente económica y se puede producir a una escala mucho mayor porque ya se dispone de instalaciones apropiadas para fabricarla.

Otra clave para la distribución global es que Corbevax se puede almacenar en un frigorífico normal. Por lo tanto, es posible producir millones de dosis rápidamente y distribuirlas con relativa facilidad. En comparación, producir vacunas de ARNm es más costoso y complicado porque se basan en tecnologías más nuevas, dependen de operarios altamente calificados y, a menudo, requieren temperaturas ultrabajas para su almacenamiento y transporte.

Los doctores Bottazzi y Hotez del Texas Children's Hospital usaron una tecnología tradicional para producir una vacuna libre de patentes. Foto cortesía del Texas Children's Hospital.

Todavía más importante es que los investigadores que la han desarrollado no están preocupados por la propiedad intelectual o por el beneficio económico, por lo que Corbevax se ha desarrollado teniendo en cuenta el libre acceso mundial a la vacuna. El objetivo era fabricar una vacuna de bajo coste, fácil de producir y transportar utilizando un método bien probado y seguro.

La vacuna se produjo sin una financiación pública significativa; los siete millones de dólares estadounidenses necesarios para el desarrollo se obtuvieron por donaciones filantrópicas privadas. La vacuna tiene licencia sin patente para Biological E. Limited (BioE), el fabricante de vacunas más grande de la India, que planea producir al menos cien millones de dosis mensuales a partir de febrero de 2022. Este acuerdo libre de patentes significa que otros países con PIBs bajos pueden producir y distribuir esta vacuna barata, estable y relativamente fácil de escalar.

Hay muchas razones por las que el acceso mundial a las vacunas no es equitativo. Por eso, Corbevax es un modelo para abordar la desigualdad cuando sea necesario vacunar a la población mundial. BioE planea producir más de mil millones de inyecciones para personas en países en desarrollo.

Para situarlo en su contexto, las naciones del G7 se han comprometido a donar más de 1.300 millones de dosis de vacunas contra la COVID, pero solo se han enviado 591 millones de dosis. Si BioE es capaz de producir 1.300 millones de dosis de Corbevax según planea, esta vacuna llegará a más personas que las vacunadas por las donaciones de las naciones más ricas.

Como ha demostrado la variante omicron, las nuevas variantes pueden propagarse por todo el mundo rápidamente y es mucho más probable que se desarrollen en personas no vacunadas y continúen surgiendo y extendiéndose mientras las tasas de vacunación mundial se mantengan a los niveles actuales, es decir en porcentajes bajos.

Es poco probable que las vacunas de refuerzo acaben por sí solas con esta pandemia. Parece, más bien, que el desarrollo de vacunas accesibles a nivel mundial como Corbevax representa un primer paso importante para vacunar al mundo y poner punto final a esta pandemia.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

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