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“Piensa por ti mismo” Kant y el negacionismo


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

¡Ea!, adelante, que hace falta enterrar muertos y llevar cartuchos a las murallas.

-Y asistir a los enfermos de esta condenada epidemia que se está desarrollando -dijo uno de los que acompañaban a Montoria.

-Yo no sé qué pensar de esto que llaman epidemia los facultativos, y que yo llamo miedo, sí señores, puro miedo -añadió D. José-; porque eso de quedarse uno frío, y entrarle calambres y calentura y ponerse verde y morirse, ¿qué es si no efecto del miedo?

Pérez Galdós, Zaragoza, 1874, pág. 118.

Para poder entender lo que sucede en Europa con respecto al vacunismo y sus rebeldes, siempre recuerdo a Kant. El pasado día lo vimos en clase, más bien por intentar traer importantes ideas del pensamiento (Europeo) al aula de lo cotidiano. Todo el proyecto de Kant fue elevar a los pueblos y ayudarlos a liberarse de la tiranía. Para ello, propuso el siguiente mandato, tengan valor para usar su propio entendimiento. Kant define la Ilustración como la salida del estado de tutela es decir, la situación del hombre incapaz de hacer uso de la razón por sí mismo. Esta condición heterónoma es atribuible a que el hombre es el resultado de una falta de “resolución” y “coraje”. Pero para Kant, este estado de minoridad no es natural: el hombre es un ser dotado de razón. Sin embargo, si no se cultiva su razón, el hombre permanecerá en la niñez. Así, la Ilustración (el ensayo se titula Qu'est-ce que les Lumières edición Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung? Escrito en 1784.) es precisamente una llamada dirigida a los hombres a hacerse adultos, permitiéndoles acceder a la autonomía de juicio. Liberados de "preceptos" y "fórmulas", convertidos en dueños únicos de su razón, podrán pensar por sí mismos, caminar solos y con paso seguro.

Sin embargo, este proceso de liberación de guardianes opresores de la razón es más fácil de conquistar colectivamente que individualmente. Por eso la ilustración progresiva de un pueblo se suspende con una condición: que el uso público de la razón, la libre circulación de ideas y opiniones, ya sea oralmente o por escrito, se establezcan como un derecho sagrado de la 'humanidad .La censura es vista como un despotismo espiritual que no solo niega la libertad de publicar o comunicar ideas oralmente, sino también la libertad de pensar.

Esta llamada a la transición a la mayoría de la razón, es una invitación a convertirse en adulto, un mandato para volverse autónomo y dicha invitación kantiana ahora es más necesaria que nunca. La sociedad se ha vuelto inexperta e inmadura en algunos aspectos, como una calle de vidrio que se ve afectada por todo pero que no hace nada por construir sus muros de hierro.

Esto no deja de representar un cierto consuelo para el individuo, porque el hecho de encontrarse en este estado de tutela (¡qué bien nos viene el Estado para algunas cosas!) le permite ciertas libertades, no le obliga a pensar por sí mismo. Sin embargo, el individuo no es el único culpable de este estado de cosas. De hecho, si se encuentra disfrutando de esta tutela, no es solo porque se deleita en su comodidad; también puede suceder que tenga miedo de dar el paso que lo saque de este estado de tutela porque el que hace de guardián con él ha alimentado este miedo en él. Sin embargo, Kant asegura que el aprendizaje pasa por los fracasos para llegar al éxito como indica este pasaje: “porque después de unas cuantas caídas acabarían aprendiendo a andar”. Hay que salir del estado de protección y para Kant, esta salida de dicho estado, que también puede verse como una liberación, es ante todo un hecho público y no individual. Este primero, para llegar allí, necesita tiempo pero sobre todo libertad, entendiendo esta última como la posibilidad de expresar en público el fondo de su entendimiento.

Evidentemente, Kant asegura que entre el público, compuesto en gran parte por menores, habrá personas que podrán pensar por sí mismas y que querrán liberarse del yugo de los tutores, algunos de los cuales pueden ser incluso profesores, familias pero sobre todo lo serán los medios de comunicación con los que Kant no contaba, tampoco con las redes sociales. A día de hoy, tomar conciencia del propio pensamiento es un hecho complicado. ¿Cómo se adquiere esa autoilustración o ese autoconocimiento si no es por la lectura, es decir el conocimiento que viene de un libro? Tener estudios no significa en ningún caso, tener educación, menos tener la razón. Este hecho no debemos olvidarlo nunca.

Para Kant, tener la libertad de hacer públicos los productos del propio entendimiento no es compatible con el incumplimiento de los deberes, ya que el individuo debe desempeñar siempre los roles que le corresponden. El individuo tendrá así que cumplir su papel pero tiene la libertad de exponer a su público, como un ser bien informado, las críticas constructivas que ha formulado sobre un tema en particular y las ideas de mejora que pretende aportar al mismo. El ejercicio real de este principio es que no existe tal principio. A duras penas se consigue en las aulas un pensamiento crítico por parte de los alumnos, quienes tienen tanta pereza en pensar como yo de pensar en ellos.

Como en casi todo el pensamiento filosófico y político el resultado suele ser muy paradójico, incomprensible. A pesar de la importancia de esta libertad de expresión, el filósofo subraya que hay situaciones en las que no hay más que obedecer, por lo que se debe dejar de lado la razón. Esta paradoja surge a menudo cuando se trata del interés de la comunidad. Se hace entonces necesaria la pasividad de ciertos miembros de esta comunidad, que ya no tienen que razonar sino someterse a la dirección de un tutor, como ocurre con el poder de turno. ¿Se podrá permitir el uso de la razón y al mismo tiempo se podrá obtener la obediencia en todo el asunto negacionista y pandemista que nos rodea?

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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