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Amartya Sen, uno de los mejores economistas del siglo XX (II)


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Antes de llegar a Cambridge, mientras estudiaba en Calcuta, a Sen se le cruzó en su camino un descubrimiento intelectual que determinaría su investigación durante una parte de su vida futura: el estudio, que consideró revolucionario, de Arrow sobre la teoría de la elección social, Elección social y valores individuales, que se publicó en Nueva York en 1951. Una teoría que presenta aspectos matemáticos y conexiones formales, pero para lograr una comprensión aproximada de esta disciplina más bien técnica la sintetiza de la siguiente manera: una sociedad está formada por grupos de personas , cada una de las cuales tiene unas prioridades y preferencias. Para tomar decisiones socialmente adecuadas en nombre del grupo en conjunto, esas decisiones deben tener muy en cuenta los puntos de vista e intereses –tal vez diversos– de las personas. La teoría de la elección social vincula las que pueden considerarse de manera racional prioridades y preferencias sociales con las preferencias de los individuos que componen la sociedad.

En Cambridge, Amartya Sen pasó diez años, de 1953 a 1963, primero como estudiante de licenciatura, luego como estudiante de posgrado, después como becario del Trinity, y al final como catedrático y miembro académico. Incluso, después de salir del Trinity en 1963, siguió siendo su centro de operaciones siempre que volvía a Cambridge

Otro encuentro intelectual fue con Karl Marx. En los círculos académicos cercanos a College Street en Calcuta, en su época estudiantil, nadie podía competir con Marx en lo tocante a posición y estructura intelectual. Sin embargo, no se hablaba mucho de Marx en las clases de economía del Presidency College –ni, en realidad, en ninguna otra universidad de Calcuta–. Las razones que se daban para ello es que a los economistas modernos no les gustaba la lealtad de Marx a la teoría del valor-trabajo, que a muchos les parecía ingenua y simplista. Sin embargo, leyó un ensayo de Maurice Dobb, un economista marxista de Cambridge que examinaba en profundidad esta teoría. El ensayo se titulaba “Requisitos de una Teoría del Valor”, que era un capítulo de su libro Economía política y capitalismo. Recuerda de una forma vívida la larga noche en la que digirió el muy legible ensayo de Dobb. De ahí sacó dos ideas claras: una, que podía reflexionar sobre una perspectiva distinta del uso de la teoría del valor trabajo por parte de Marx; la otra es que si alguna vez viajaba a Inglaterra, tenía que intentar conocer a Maurice Dobb.

Este interés por Dobb es lo que motivó que pidiera una beca para ir a estudiar a la Universidad de Cambridge. Una vez conseguida la beca llegó en septiembre de 1953. En esta universidad pasó diez años, de 1953 a 1963, primero como estudiante de licenciatura, luego como estudiante de posgrado, después como becario del Trinity, y al final como catedrático y miembro académico. Lo que iba a ser una estancia de dos años en el Trinity para obtener un título de licenciatura (como continuación de lo que había hecho en Calcuta), se convirtió en esos diez años. Incluso, después de salir del Trinity en 1963, siguió siendo su centro de operaciones siempre que volvía a Cambridge.

Sus profesores eran excelentes economistas y cada uno original –e inspirador– a su manera. Sin embargo, no estaban de acuerdo entre sí. Dennis Robertson era un simpatizante ‘tory’, pero le dijo que había votado por el Partido Liberal. Sraffa, amigo de Gramsci, y Dobb eran mucho más de izquierdas; de hecho, Dobb era miembro del Partido Comunista Británico. Los tres se llevaban muy bien a pesar de estas marcadas divergencias. Al comienzo, cuando Robertson le comunicó oficialmente a Dobb la oferta de trabajo en el Trinity, aceptó enseguida. Sin embargo, según le contó Sraffa, se sintió en la obligación de escribirle a Robertson al día siguiente: “Cuando me ofreció el trabajo se me pasó decirle, y por ello, me disculpo, que soy miembro del Partido Comunista Británico, y si en vista de eso desea retirar su amable oferta, me gustaría que supiera que no se lo reprocharía». Dobb recibió la respuesta de Robertson en una sola frase: «Apreciado Dobb, siempre y cuando nos avise con quince días de antelación que va a dinamitar la capilla, todo estará bien». La ironía y humor británico, que no falten.

Catedrático emérito Universidad Complutense.

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