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La Navidad de una estajanovista al pie del cañón


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Decidme: ¿no salta a la vista que vuestras devociones son superficiales y que debajo de ellas no hay más que indiferentismo, corruptela? Vosotras mismas os habéis reído, esta Navidad, de las que dieron misa del gallo con baile. Vosotras mismas habéis organizado conciertos caritativos, y con igual frescura tomáis el teatro y la lotería por instrumentos de caridad, que lleváis a la iglesia las formas teatrales. Todo está bien con tal de divertiros, que es la suprema, la única aspiración de vuestras almas". Benito Pérez Galdós. Torquemada y San pedro Biblioteca Virtual Miguel Cervantes, Universidad de Alicante (Alicante), 2002 pp. 88-89

Un día cualquiera me habría costado levantarme de la cama; tal vez porque siga teniendo sueño, o porque esté cansada de la rutina de todos los días, o porque el calor de mi manta me protege del frío, que inunda las calles, mientras que mi cama y mi almohada parecen rogarme que no las abandone. Pero hoy no. A pesar de ello, mi colega de diario Eduardo Montagut siempre me definió con el mejor regalo calificativo: Rosa tu eres estajanovista. Si sigo teniendo sueño, lo ignoro y ni lo percibo. Sé que hoy no tengo que seguir la rutina de todos los días. El calor de mi manta me lo llevo conmigo si hace falta, y mi cama y almohada pierden sus facultades de persuasión. Y es que hoy quiero aprovechar cada minuto, porque hoy sonrío por dentro desde el primer momento en que abro los ojos, y esa sonrisa me dura todo el día. Porque sé que hoy va a ser un día tranquilo, un día divertido, un día en el que podré sentirme feliz, y un día en el que tendré la mejor compañía del mundo. Porque hoy es Navidad.

Hoy es Navidad, y todo el mundo parece celebrarlo. Observo como currante de las letras que soy. Las casas, las tiendas y las calles están decoradas, se oyen villancicos por aquí y por allí, las personas por la calle te saludan y te desean una feliz Navidad, personas que en un día cualquiera del año no te habrían saludado; y yo, yo me uno a esa gran fiesta, y me lleno de esa alegría que se percibe en cada rincón.

Si he decidido cada año participar de la Navidad es porque cada recuerdo que tengo de ella es un recuerdo feliz, a pesar de todas las críticas que me he encontrado de esta tradición. Me he encontrado a personas que ven la Navidad como una forma de empujar el comercio y de convencer a la población de que gasten sus ahorros en pequeños grandes detalles y regalos, y puede que tengan razón. Sin embargo, lo que hagan las empresas en estas fechas no va a ser precisamente el motivo por el cual yo vaya a dejar de ilusionarme cada año. Si uno quiere celebrar la Navidad sin regalos para evitar el participar en ese acto comercial, tranquilamente puede hacerlo; la Navidad sin regalos sigue siendo Navidad.

Estas fechas, digo, navideñas son para todos, los días del árbol, los días del papá Noël –un señor desconocido para los españoles hasta hace poco- los días del portal de Belén, los días de la comilona, villancicos, cogorzas varias, derroche por un tubo, puede que de ver a la familia que hacía tiempo no visitábamos, para otros, son días de descanso, de cambiar de aires, ir a la nieve...pero siempre hay en el ambiente nostalgia y un no se qué de familiar.

Lo cierto es que la tradición –según mis vecinos de Estrasbugo ellos fueron los primeros en decorar un pino- invita particularmente a ofrecer algo a alguien, a regalar, a ser amable, vamos a ser lo que de toda la vida se ha llamado caritativo o hacer algo hermoso por los demás. Ciertamente para muchas personas, si no fuera por estas fechas, jamás visitarían a la familia, jamás tendrían un pensamiento hermoso, nunca comprarían nada a su esposa, no digamos a su suegra, nunca compartirían nada con nadie, puede que nunca se pusieran a cantar aunque fuese por compromiso, nunca se abrazarían a nadie para celebrar el cambio de año, en fin nunca harían nada.

Estoy de acuerdo con los que dicen que no necesitan la Navidad para acordarse de su familia y amigos, y que se acuerdan de ellos todos los días del año; ojalá, todos pudiéramos decir lo mismo. Aun así, no creo que el celebrar la Navidad implique necesariamente que me vaya a olvidar de ellos durante el resto del año; simplemente es una ocasión más para reunirme con ellos y transmitirnos alegría y felicidad entre nosotros. Para los que dicen que la Navidad les trae tristeza porque les recuerda a seres queridos que ya no están con ellos, comprendo que pueda ser así. No obstante, al igual que no necesitamos la Navidad para acordarnos de la familia, los amigos y de otros, tampoco creo que necesitemos la Navidad para acordarnos de los que ya no están; si fueron importantes para nosotros, lo serán siempre, los recordaremos todo el año.

Quizás la crítica que más me ha chocado es la que hace Larra hacia cualquier festividad en uno de sus famosos artículos. Él explicó que celebramos aniversarios, cumpleaños y todo tipo de fiestas en un día específico sólo porque hemos instaurado que el año consta de trescientos sesenta y cinco días, y que lo vamos a celebrar cada año; en cuanto cambiemos una de esas condiciones, la celebración cambia de día, y por tanto no tiene sentido alegrarse un día en concreto por algo (decía: se trata de un error de calendario). Precisamente lo que me gusta de Larra es su actitud tan crítica y realista hacia la sociedad en la que él vivía, y en muchas de sus críticas estoy bastante de acuerdo. En este caso, también; las fechas de las celebraciones son completamente discutibles. Sin embargo, me gusta pensar que no por ello debemos dejar de llevarlas a cabo. Es más, rara vez he celebrado mi cumpleaños exactamente el día de mi cumpleaños, pero seguía siendo la fiesta de mi cumpleaños. Pueden cambiar la fecha de la Navidad, que seguirá siendo Navidad para mí, porque para mí la Navidad no es tener regalos y vacaciones el 25 de diciembre.

La tradición cristiana habla de un Dios que ofreció a su hijo el cual se sacrificó por los pecados del mundo. Él, Jesucristo, vino al mundo en estas fechas –ya sabemos que el calendario no es exactamente así, pero eso da igual- y dio su vida por la salvación de la Humanidad, Él siendo descendiente de David, es decir hijo de reyes vino a nacer en un establo arropado por el conocimiento de los que sabían –suponemos por el espíritu- de su llegada: gente humilde –pura- por un lado como eran la gente del pueblo, y la gente muy intelectual y sabia como eran los Magos, con magia, de Oriente. Como sea, para los que crean y para los que no, creo que es una fiesta buena, de hermosa tradición en las que por una u otra razón el ofrecer, dar y sacrificar por los demás, debe estar presente aunque sea para algunos una vez al año. Incluso el papá Noël –San Nicolás- Santa Claus y otros tantos gorditos, vienen a traer el espíritu solidario de hacer felices a los demás, no tanto de consumir sino de dar y ofrecer a los otros, en especial a niños y ancianos –diría yo- que en estas fechas deben tener la cabeza como un hervidero de pensamientos entrecruzados con soledades y deseos. Los ancianos son como los niños, pero aún más difíciles porque tienen dentro una vida ya hecha e imagino que debe ser duro, aunque también imagino que el ser humano tiene fuerza para guantarlo todo.

Lo dicho, si podemos hacer algo por el vecino, aprovechemos estas fechas que nunca es tarde para abrazar a la suegra o tener una buena frase con esa cuñada que nos cae como un tiro. Ceder un poco en las cosas que no nos gustan por ver contento al de al lado no tiene nada que ver con El Corte Inglés, o evitar discutir y tener buen ambiente en casa, no es consumir y sí tiene que ver con unas fechas en las que nos obligan a recordar algunas ideas: que tenemos un país de paz, que tenemos muchas cosas y que tenemos que estar agradecidos por todo lo que tenemos y aprovechar la vida que son cuatro días. Hasta la próxima, mañana sigo, camarada Montagut.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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