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El reencuentro


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En estos días próximos a las fechas Navideñas, he tenido la gran alegría de tener noticias de una antigua compañera de trabajo. Ambas lo hacíamos en departamentos diferentes con una pared por medio del mismo edificio. Ambas éramos funcionarias, siendo ella habiéndose sacado la oposición y yo mera interina en la Consejería de Justicia. Aunque compartíamos lugar de trabajo, ella tenía un destino bastante más amable que el mío. Nos encontrábamos por el pasillo, a veces nos veíamos a la hora del desayuno, al que yo iba con un grupo de compañera del propio departamento, mientras ella lo hacía casi siempre en solitario.

Coincidimos una vez en el proceso electoral, compartiendo mesa en función de edad, o sea asumiendo la presidencia de la misma, ella como titular y yo como suplente, aunque yo finalmente lo hice como apoderada de un Sindicato. Ni eso compartíamos, yo tenía una discreta significación sindical y ella jamás la oí pronunciarse por ninguna sigla en particular. Sí que hablamos alguna vez de nuestras preferencias políticas, donde ella manifestaba su inclinación a los partidos conservadores y yo declaraba mi militancia socialista.

En lo que radicalmente diferíamos era en cuanto a las creencias religiosas, en su caso profundamente creyente de la iglesia católica y yo declaradamente agnóstica, circunstancia que nunca eludíamos, llegando incluso a intercambiar textos que nos recomendábamos, en su caso encíclicas del entonces Papa mediático, entre otros textos, en el mío de lecturas de libros, películas, etc.

Sin saber muy bien porqué nos caíamos bien, charlábamos fugazmente, nos deseábamos los buenos días y cada una seguía su camino, hasta que cierto día, no recuerdo muy bien cómo, comenzamos a hablar de algo que nos apasionaba a ambas, la Cultura, exposiciones de pintura, museos, edificios singulares, etc….

Se bien que fue ella quien decididamente, en una de esas fugaces charlas ocasionales, me propuso compartir una visita a un Museo, circunstancia que a mí me pareció de mil maravillas y así, acordamos que al concluir nuestra jornada tomaríamos un bocadillo y saldríamos raudas a ponernos a la cola para entrar de forma gratuita por la tarde.

Creo recordar que nuestra primera visita fue al Palacio Real de Oriente, ella sabía todos los horarios de todos los sitios de Madrid, para poder entrar de esa forma. Pasamos una tarde encantadora, compartiendo sensaciones e intercambiando nuestros previos conocimientos sobre el lugar. Fue tan satisfactoria nuestra experiencia que nos conjuramos para repetirla.

Después vinieron otras tantas visitas, no demasiadas pero si sumamente agradables. Fuimos al Prado repetidas veces, a la casa museo de Sorolla, a la catedral de la Almudena…, probablemente alguno más que no logro ahora recordar.

Siempre desde el respeto y el mutuo afecto que se iba generando entre ambas, hablábamos de nuestras preferencias, sin profundizar comentábamos aspectos familiares, sociales, políticos, religiosos de nuestras preferencias.

Aunque nunca llegamos a ser íntimas, se que puedo afirmar que se fraguó una templada relación de fraternidad entre ambas.

Después yo me jubilé y dejamos de vernos con tanta regularidad, aunque eso no fue obstáculo para quedar y seguir visitando museos y compartiendo una infusión, afición que igualmente nos unía. Yo me trasladé de Madrid a la localidad vecina de Rivas y a eso llegó la Pandemia, esto sin duda nos hizo distanciarnos, más por mi parte que por la suya, que no dejó de felicitarme las Navidades a lo que yo correspondía con agrado, dejando siempre para más adelante nuestro reencuentro y seguir con nuestra compartida afición, visitando museos.

Este año se ha vuelto a repetir el ritual, ella me felicita las Pascuas y yo me alegro sobremanera de tener nuevamente constancia de su afecto, teniendo así noticias suyas.

Y este año he caído en la sesuda reflexión, si nosotras simples ciudadanas con un solo interés común y muchas discrepancias, somos capaces de entendernos e incluso apreciarnos, ¿cómo es posible que los políticos de turno contemporáneos, que están permanentemente expuestos y deben ser ejemplo para la ciudadanía, nos den ese espectáculo tan bochornoso de insultos y broncas indignantes en sus debates parlamentarios?.

¿No existe otra forma de tratarse entre sí para mostrar sus diferencias y propuestas políticas?. ¿Todo debe ser zafio, bronco y faltón?. Decididamente no, y la ciudadanía está cansada ya de esos arrebatos y ofensas personales de sus señorías. Solo espero que finalmente paguen con el voto esa falta de respeto institucional, esas salidas de tono, ese querer eliminar al adversario, pues de otro modo no entenderán el mensaje.

Gracias Sagra por ser como eres, por permitirme a mí también ser fiel a mí misma, desde nuestros posicionamientos diferenciados, pero desde nuestro interés común en pro de seguir compartiendo la cultura que nos une y nos procura tantas satisfacciones.

¡Maldito COVID, para ya!, queremos recuperar nuestras vidas, nuestra aficiones personales y sociales, para rescatar esos deseados reencuentros demasiado tiempo postergados.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.

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