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Del cero al infinito, también en la sexta ola


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Siempre dicen que llegamos tarde y que es necesaria una ley de pandemias, cuando lo que se echa en falta es más colaboración y solidaridad.

Estamos ya en la sexta ola, y algunos vuenven a asegurar, como ya hicieron desde la segunda, que ésta también se habría podido evitar, sobre todo si el gobierno español y todos los gobiernos afectados se hubiera decidido a actuar antes, de forma más coordinada y con mayor contundencia, como seguramente ellos, los expertos en prospectiva de olas de pandemia, habían propuesto hace semanas, cuando según ellos todavía estábamos a tiempo. Hay de entre ellos quienes incluso se retrotraen al final de la quinta ola y atribuyen esta nueva ola a las medidas de relajación de las restricciones de la movilidad y de aforos, así como a la supresión de la obligación de las mascarillas en espacios abiertos, cuando éstas no eran ya obligatorias en la gran mayoría de los países europeos.

Con ello volvemos pues al reproche general a la estrategia de control de la pandemia, desde la atalaya de una supuesta estrategia alternativa de erradicación y eliminación del virus, que al parecer por razones desconocidas solo un puñado de gobiernos parecen haber entendido y tenido la valentía de adoptar, todo frente a la gran mayoría de los gobiernos del mundo y entre ellos de los europeos entre los que nos encontramos. Una estrategia alternativa de tolerancia cero con el virus, que según sus defensores, además de evitar las sucesivas olas de la pandemia hubiera permitido reducir su impacto, hacerlo durante menos tiempo, permitiendo además una salida más rápida de sus tremendas consecuencias económicas y sociales.

Por eso, para unos se trataría de volver atrás a las restricciones más generales de los cierres y limitaciones de aforos, y para otros incluso de retomar los toques de queda, los cierres perimetrales y los confinamientos para sofocar cada brote. No se tiene en cuenta que nos encontramos en otra fase de la pandemia, donde no solo los indicadores sino que también la estrategia deben cambiar. En el lado opuesto, hay quienes aseguran que si hubiésemos aprobado la famosa ley de pandemias desde un principio, en sustitución del estado de alarma y de su complemento de la ley de medidas especiales en materia de salud pública, tendríamos ya el instrumento legal idóneo para responder a cualquier ola de la pandemia y más en concreto ahora ante la nueva ola, además de manera uniforme en toda España y sin dejar de nuevo a su suerte a las CCAA.

Son los mismos que después de las sentencias del Tribunal Constitucional han aplaudido que la única ley de pandemias que permite una restricción general de la movilidad ante la dura primera ola sea el estado de excepción sin ningún tipo de sucedáneos, y los mismos que han recurrido los sucesivos paquetes de actuaciones coordinadas entre el gobierno central y los gobiernos autonómicos en otros momentos de la pandemia con el argumento del carácter indicativo y no obligatorio de las medidas adoptadas en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.

Una suerte de negacionismo y oportunismo vergonzante al que no le valen las normas existentes, que permiten las restricciones de la movilidad y que tampoco ha visto con buenos ojos la utilidad de la estrategia de vacunación ni de la compra conjunta de la Unión Europea, pero que atribuyen un valor taumatúrgico a una nueva ley de pandemias de contenido hoy por hoy indeterminado, cuyo único objetivo sería evitar el estado de alarma y al mismo tiempo las garantías de los tribunales de justicia a las medidas encuadradas dentro de la ley de medidas especiales de salud pública.

Nos encontramos pues ante el maniqueísmo tópico de toda esta pandemia. Dos relatos opuestos e imposibles que hasta ahora carecen de utilidad y que dificultan la comprensión y la colaboración con la única estrategia posible, en el marco de incertidumbre que supone una pandemia, que es la de control que estamos desarrollando a lo largo de estos veinte meses en nuestro entorno europeo.

Tal parece que el gobierno español y con anterioridad todos los gobiernos europeos, en los que tuvo su inicio la nueva ola, hayan tenido en sus manos evitar cada una de las sucesivas olas de la pandemia y que incomprensiblemente no han podido ni querido hacerlo, y que ahora de nuevo lo han dejado pendiente y como consecuencia se ha producido la ola en que nos encuentramos inmersos en la actualidad. En definitiva, unos gobiernos irresponsables para unos, cuando no unos criminales para los otros.

Todo ello, sin tener en cuenta la influencia en esta nueva ola del factor estacional, de la incógnita de la nueva variante Omicron, del volumen de los inmunodeprimidos y de los que todavía están pendientes de vacunar, voluntaria o involuntariamente, en España y todavía más en Europa, pero sobre todo en el resto del mundo empobrecido, verdadero caldo de cultivo de circulación de las nuevas variantes del virus, que por los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas, el nacionalismo vacunal de los países ricos y en definitiva la falta de solidaridad e inteligencia no queremos afrontar la pandemia como un problema de todos.

Se trata por tanto de adaptar la estrategia de control en esta fase final de la pandenia: detectando los casos en la atención primaria, así como de reducir aún más los casos graves y con ello de evitar el impacto sanitario y la sobremortalidad que están a años luz de las olas anteriores, mediante el incremento de la vacunación de recuerdo en los más vulnerables junto al desarrollo de la vacunación infantil, para así aumentar la inmunidad y reducir la transmisión, además de seguir aplicando el principio de precaución con las medidas de protección como la mascarilla, la distancia social y la ventilación en interiores. Algo que hace tan solo unas semanas que no esperábamos necesitar en una fase tan avanzada de la pandemia con uno de los más altos niveles de inmunización y de los más bajos índices de hospitalización y mortalidad, ya que pensábamos que podría suponer, sino la inmunidad de rebaño, sí el control funcional de la pandemia, pero que aún así nos obliga a un último esfuerzo en la recta final de la recuperación de la normalidad, combinando las medidas específicas de inmunización con la responsabilidad individual, incluido el pasaporte covid, con el objetivo de evitar sus consecuencias en el funcionamiento del sistema sanitario, sobre todo para responder a la patología habitual que ha sido preterida durante la pandemia. Porque el objetivo no es ni puede ser la erradicación del virus sino el control de la pandemia, algo que entre nosotros estamos a punto de lograr.

Por eso mismo, ha llegado ya el momento de que la prioridad sea sobre todo la primera dosis, que todavía a estas alturas de pandemia no se ha inoculado en la mayoría de los países empobrecidos, donde vive también la gran mayoría de la humanidad. Para ello el programa covax se ha demostrado insuficiente y por eso se hace preciso y urgente compartir la propiedad intelectual, el desarrollo y la producción industrial de vacunas en el terreno inédito de los países empobrecidos. Cuanto antes.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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