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A vueltas con la salud mental


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

No hay duda que le atormenta la idea de quitarse la vida. Si yo no tomara tantas precauciones ya nos habría dado un susto.

Galdós, 7 de julio, 1876, pág.13

Son múltiples los factores sociales, psicológicos y biológicos que determinan el grado de salud mental de una persona en un momento dado. Las presiones socioeconómicas persistentes son factores de riesgo reconocidos para la salud mental de las personas y las comunidades. La evidencia que mejor lo atestigua son los indicadores de pobreza, especialmente los bajos niveles de educación.

Los problemas de salud mental también están asociados con lo siguiente: cambio social rápido; duras condiciones de trabajo; discriminación contra la mujer; exclusión social; estilo de vida poco saludable; riesgos de violencia o mala salud física; y violaciones de derechos humanos. Además, determinados perfiles psicológicos y determinados rasgos de personalidad predisponen a los trastornos mentales. Finalmente, los trastornos mentales pueden deberse a causas biológicas, incluidos factores genéticos que contribuyen a los desequilibrios químicos en el cerebro. Esta era una de las teorías de los escritores franceses, rusos y españoles del naturalismo decimonónico: el determinismo social y la herencia genética.

Pero es cierto, que en este país cuando escuchamos las palabras “salud mental” lo primero que viene a la mente es la depresión, ¿Psiquiatría? ¿Suicida? ¿Discapacidad? ¿Es esta la "enfermedad mental" en la que estás pensando lector de este diario? No obstante, la vida es lo que es y no podemos enmudecer, cercenar el trabajo interior que cada uno debe hacer ante la adversidad. Hay duelos –por poner un ejemplo- que si no se hacen, pueden dar al traste con la salud mental o simplemente generar una psicosis. En otras ocasiones los efectos secundarios de algunos compuestos para la depresión, epilepsia y otros pueden generar el extremo que nadie quiere: las ideas suicidas. Esta leyenda se incluye en el prospecto de la vortioxetina, por mencionar uno:

Si usted se encuentra deprimido y/o sufre un trastorno de ansiedad, puede en algunas ocasiones tener pensamientos en los que se haga daño o se quite la vida. Éstos pueden ir aumentando al tomar antidepresivos por primera vez, puesto que todos estos medicamentos requieren un tiempo para empezar a hacer efecto, generalmente alrededor de unas dos semanas, aunque en algunos casos podría ser mayor el tiempo. Usted sería más propenso a tener este tipo de pensamientos: Si usted previamente ha tenido pensamientos en los que se quita la vida o se hace daño. Si usted es un adulto joven.

Información de ensayos clínicos ha demostrado un aumento del riesgo de conductas suicidas en adultos menores de 25 años con enfermedades psiquiátricas que fueron tratados con un antidepresivo.

Si en cualquier momento usted tiene pensamientos en los que se hace daño o se quita la vida, contacte con su médico o diríjase directamente a un hospital. Puede ser de ayuda para usted decirle a un pariente o un amigo cercano que usted está deprimido o que tiene un trastorno de ansiedad y pedirle que lea este prospecto. Puede preguntarles si piensan que su depresión o trastorno de ansiedad ha empeorado, o si están preocupados por los cambios en su conducta.

Sobran los comentarios, ante semejante incoherencia, dejadez y frivolidad con el pastilleo que a diestro y siniestro endilgan algunos profesionales, los cuales una vez que te han recetado, tardas cuatro meses en volverlos a ver porque no hay cita que valga.

Muchas personas utilizan los términos “salud mental” y “enfermedad mental” indistintamente, cuando en realidad son dos cosas muy diferentes. Las enfermedades mentales se describen como alteraciones del pensamiento, las emociones y las percepciones que son lo suficientemente graves como para interferir con el funcionamiento diario. Los trastornos de ansiedad, la esquizofrenia y los trastornos del estado de ánimo, como el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, son ejemplos.

La salud mental, sin embargo, es un estado de bienestar que todos tenemos. Así como cada uno de nosotros tiene un estado de salud física, también tenemos una salud mental que debemos cuidar. No se trata solo de sobrevivir, se trata de prosperar: disfrutar de la vida, tener un propósito y ser capaz de lidiar con los altibajos de la vida cotidiana. La salud mental no es solo la ausencia de una enfermedad mental, al igual que vivir con una enfermedad mental no quiere decir que no se pueda disfrutar de una buena salud mental. Una persona con diabetes puede vivir una vida saludable, y también puede hacerlo una persona con una enfermedad mental.

Aunque no se tenga una enfermedad mental –últimamente psiquiatras y psicólogos se ceban poniendo nombres a todo- eso no significa que se sienta bien todo el tiempo. Podría experimentar estrés, una temporada difícil, un duelo o un agotamiento. Así como cualquier persona puede contraer un resfriado o una gripe, el bienestar de una persona puede fluctuar en función de los altibajos por los que atraviesa. Así que no existe esta división en cinco personas que tienen una enfermedad mental, y "el resto de nosotros" no. Solo somos nosotros, los cinco de los cinco. Todos estamos en el mismo equipo.

La realidad de vivir con problemas de salud mental difiere de una persona a otra. Los síntomas y preocupaciones como la depresión o la ansiedad pueden manifestarse de formas únicas, incluso cuando las personas tienen el mismo diagnóstico. Deberíamos sin duda, aumentar los niveles de solidaridad y compasión, de preocupación por los otros, de saber mirar y poder ver, antes de que sea demasiado tarde. Podemos apoyar a aquellos que están luchando y a tomar un papel activo en el cuidado de su propia salud mental.

Atavismos

Si nos fijamos en una tradición que ha existido desde siempre en nuestra cultura y acudiendo a esos parámetros, tenemos que alejarnos de algunas herencias de corte judeocristiano que llegan hasta hoy mismo. Cuando en Juan 9: 2, leemos que los discípulos del Salvador le preguntaron acerca de un ciego: "Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús respondió a sus discípulos y les enseñó: "Ni este pecó, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" ( Juan 9: 3).). De este breve intercambio podemos aprender que muchas aflicciones, incluidos los problemas de salud mental, no son el resultado del pecado como se nos ha hecho –de forma tremenda- creer. Muchos factores pueden contribuir a los problemas de salud mental: la genética, el medio ambiente, los accidentes perjudiciales, las circunstancias de la vida y, en ocasiones, las opciones. Independientemente de los factores que contribuyan, podemos sacar fuerzas para tener esperanza y sanidad. No debemos concluir automáticamente que un problema de salud mental es causado directamente por el pecado o que es una debilidad de carácter., pero este buitre semántico todavía se pasea por el falso techo de nuestro país. Acudir a una consulta de psiquiatría o de un psicólogo se traduce en que “estamos mal” “estamos locos” y por ello, nos miran mal, porque todo el mundo oculta estos problemas a los demás, simplemente porque saben que van a ser más que nada juzgados.

La buena salud mental puede parecer diferente de una persona a otra. Sin embargo, seis factores comunes de bienestar surgen de diferentes descripciones y definiciones en todo el mundo. La buena salud mental incluye: Encontrar sentido a la vida, poder mantener relaciones saludables, tener un sentido de pertenencia a la comunidad, tener una buena conciencia de uno mismo, sobrellevar el estrés, aprovechar la vida. ¡Todos estamos en el mismo barco!

Lograr y mantener una buena salud mental no es solo el trabajo de una persona. De hecho, cada entorno y situación en la que se encuentre, y cada persona con la que interactúe, puede tener un impacto en su bienestar.

Por lo tanto, para que todos logren realmente una buena salud mental, la salud mental debe ser un tema común en todos los lugares de trabajo, escuelas y vecindarios. Para lograr el bienestar de todos, la salud mental debe ser el elemento vital que corre por las venas en todos los niveles de la comunidad.

Algunas consecuencias de no cuidar la salud mental, han sido el suicidio. Los escritores, todos, del XIX, románticos y naturalistas han exhibido el suicidio como una opción, por parte de muchos autores en su vida privada –el caso de Larra- pero también como una salida hacia la libertad cuando el mundo se convierte en yugo para la persona. Galdós –y viene a colación por el libro en el que trabajo- tiene muchos personajes suicidas y en ocasiones ha “defendido” esa postura que fue muy habitual en aquellos contextos tanto como lo pueda ser hoy. Salvo que en la actualidad no se habla de este tema. Los psicólogos siempre sentimos temor ante la incapacidad de no poder ayudar a un paciente con posibilidades de quitarse la vida.

¡Impíamente! -exclamó Fidela-. No, padre. Bromeamos, y nada más. Cierto que cuando Dios lo ha hecho así, bien hecho está. Pero yo sigo en mis trece: no critico al Divino Poder; pero me gustaría que estableciera esto del morirse a voluntad.

- Es lo mismo que defender la mayor de las abominaciones, el suicidio.

- Yo no lo defiendo, yo no -declaró Augusta poniéndose pálida.

- Pues yo... -indicó la otra aguzando su mente-, si no lo defiendo, tampoco lo ataco... quiero decir... esperarse... que si no fuera por lo antipáticos que son todos los medios de quitarse la vida, me parecería... quiero decir..., no me resultaría tan malo.

- ¡Jesús me valga!

- No, no se asuste el padrito -dijo la de Orozco, acudiendo en auxilio de su amiga-. Déjeme completar el pensamiento de esta. Su idea no es un disparate. El suicidio se acepta en la forma siguiente: que una... o uno, hablando también por cuenta de los hombres..., se duerma, y conserve, por medio del sueño profundísimo, voluntad, poder, o no sé qué, para permanecer dormido por los siglos de los siglos, y no despertar nunca más, nunca más...

- Eso, eso mismo... ¡qué bien lo has dicho! -exclamó Fidela batiendo palmas, y echando lumbre por los ojos-. Dormirse hasta que suenen las trompetitas...

Galdós, Torquemada y San Pedro, 1895, pág.85

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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