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¿Dónde está el pensamiento crítico?


  • Escrito por Emilio Garví
  • Publicado en Opinión

La facilidad con la que actualmente se difunden los mensajes de todo tipo y la docilidad con la que se asumen por la inmensa mayoría de la población sin una mínima reflexión, nos llevan a hacer algunas consideraciones sobre el pensamiento crítico entendido como la facultad de una persona para pensar con claridad y raciocinio e implicarse en un pensamiento independiente, en lugar de actuar como un mero receptor de información.

Hace ya más de seis siglos Francis BACON hizo una magnífica definición del pensamiento crítico, al considerarlo como “la paciencia para dudar, la afición de meditar, la lentitud para afirmar, la disposición para considerar, el cuidado para poner en orden y el odio por todo tipo de impostura”. Las personas que hacen uso del pensamiento crítico se cuestionan las ideas en lugar de asumirlas y aceptarlas tal y como les llegan; también buscan determinar si sus ideas, argumentos y hallazgos representan el panorama general; y están abiertos a encontrar información que los contradiga.

Desgraciadamente no es esto lo que predomina en el panorama actual, plagado de fake news y en el que se practica la impostura a diestro y siniestro. Así, si nos asomamos a la política, veremos lo fácil que tienen los dirigentes el colocar sus mensajes y conseguir que sus destinatarios los asuman con un seguidismo pastueño. Hoy, más que nunca, en la totalidad de los partidos está instalado el cesarismo e ignorada la opinión de la base social que los sustenta. ¿Dónde está el pensamiento crítico de la inmensa mayoría de los afiliados, simpatizantes y votantes? ¿Es que todo lo que dicen y hacen los líderes a los que votan está bien?

Esta circunstancia es perfectamente extrapolable a cualquier otro ámbito de la vida cotidiana. Si nos fijamos en los elevados índices de audiencia de determinados programas televisivos, comprobaremos con qué facilidad se embauca a una considerable parte de la población, que opta por consumir lo más vulgar de la realidad. Los que controlan las grandes cadenas de televisión no buscan aquello que pueda contribuir a generar una sociedad más justa, más sana, más humana y más cimentada en valores; no lo consideran rentable. Por el contrario, los protagonistas de esa televisión basura suelen ser aquellos que exhiben como mérito acostarse con un famoso, separarse con polémica de su pareja, desnudarse en tal o cual revista o contar sus intimidades personales; y todo ello fomentando la agresividad y las peores formas en el lenguaje con el claro objetivo de encontrar el mayor número de televidentes.

Algunos expertos consideran que se puede adquirir el pensamiento crítico, sobre todo si esa formación comienza en la etapa escolar. En la edad adulta se vuelve más complicado, pero hay algunas actitudes que pueden ayudar: analizar la información en pequeñas dosis —la importancia de los detalles y la búsqueda de los matices—, practicar la curiosidad y el escepticismo —hacerse preguntas y contrastar a través de otras fuentes— y cuestionar todo lo que nos dicen —sobre todo, si va en línea a nuestras propias creencias—.

También se ha señalado que la lectura constituye una importante herramienta de formación del pensamiento crítico; pero seamos realistas, como atinadamente dejó escrito Manuel AZAÑA: “en España, la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro”.

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