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EL PERIÓDICO
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Esta memoria, este sentir, un destino inventado de nieblas que invalidan


Antonio Piedrafita sostiene la foto de sus padres con él de niño al lado de la fosa común donde están sus restos en Valdediós (Asturias). / ELOY ALONSO / ARMH Antonio Piedrafita sostiene la foto de sus padres con él de niño al lado de la fosa común donde están sus restos en Valdediós (Asturias). / ELOY ALONSO / ARMH

Y ahora, al escribir esta memoria, esta confesión íntima de mi experiencia de la santidad ajena, creo que Don Manuel Bueno, que mi San Manuel y que mi hermano Lázaro se murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin creer creerlo, creyéndolo en una desolación activa y resignada.

Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno mártir, Espasa Calpe, 1991, pág.167.

Todo aquello que acontece en el pasado humano no es sino un ejemplo de lo que acontece con todo pretérito humano, de donde puede llegar a resultar que esa postrera mirada hacia atrás, puede llegar a provocar una mirada hacia delante; y si no podemos alojarnos en ese pasado histórico, entonces no habrá más remedio que inventar y edificar otra realidad para poder alojarnos.

Los pensamientos como las ideas se ligan unos con otros intentando a toda costa explicar la realidad, desmenuzar nuestra procedencia hasta llegar a amarrar con gran evidencia los pensamientos, unos con otros: un pensamiento llega a su realidad porque ha surgido de otro anterior llegando a ser la explicación de éste, el cuerpo o realidad tangible. Así vamos construyendo nuestro marco real, por medio de un análisis progresivo de realidades, de pensamientos que creemos que han existido desde siempre, aunque esto no sea verdad. De tal forma construimos la realidad o lo que creemos que es, un destino inventado desarrollado desde un espacio que creemos como un pasado humano pero que puede ser que no sea aunque necesitemos hacer un nexo, un desarrollo de la realidad o identificación de ésta.

Un día me di cuenta de que tenía pasado, de que recordaba cosas ajenas por completo a la invención de mi pensamiento, los animales no lo tienen ¡claro!, como todo lo abstracto tampoco. Los hombres, los humanos, sí conservan a diferencia de aquellos su pasado, estamos de hecho fabricados de pasado entendiendo esto como nuestra memoria. La ruptura de la memoria, de la reminiscencia de nuestro ayer, es el desencadenante de la anulación del yo, porque éste existe gracias al presente y sobre todo al pasado, y si tenemos en el presente el pasado ésta será por encima de todo la raíz de la búsqueda de la perpetuidad. La creación del futuro es lo que nos hace irremediablemente buscadores de lo eterno partiendo de estos caracteres presentes y pasados.

Cuando vi que podíamos existir en el presente prescindiendo del pasado, no me pareció real. La guerra civil había pasado. Nos dimos cuenta en su momento de que teníamos pasado, de que existíamos en el presente y de que podíamos gozar de los beneplácitos de la inmortalidad al tener perfectamente controlado, pronosticado, mi futuro sin error. Como personajes inmortales. La sorpresa: tenemos realidad y vivimos en ella. Sí, la memoria histórica matiza la importancia de un hecho histórico dentro de un país, dentro de una sociedad. Cuando hablamos de memoria histórica en el contexto del mundo hispanohablante, nos referimos principalmente a la forma en que los países se comportan frente a sus antiguas dictaduras. En efecto, el mundo hispanohablante ha conocido regímenes dictatoriales durante el siglo XX, regímenes que han causado muchas muertes y han dejado a miles de familias en la duda y la incomprensión. Si España ha comenzado a rehabilitar a las víctimas del franquismo, Argentina por ejemplo, sigue siendo el país que más ha hecho para condenar su régimen dictatorial.

El lector podrá extraer como conclusión algo que ya le adelanto yo y es que somos hombres y mujeres muy parecidos, pertenecientes a categorías, que sufrimos y disfrutamos a la vez, si bien unos mejor que otros ¡eso sí!, pero al fin, todos arquetipos, y descubrirán por sí solitos, cómo son los elementos en común que tenemos con otros personajes de esta sociedad de perdedores, de vencidos por la tiranía. No hay rebelión. Nadie quiere rebelarse porque no hay ideología, hay materialismo social y comercial, vendedores de ideas que hacen de los individuos sus rehenes. No quieren mi memorial.

Escribo desde mi humanidad y como tal, plena de defectos por corregir, cargada de elementos por aprender, ansiosa de recibir sus consejos y satisfecha por mi valentía taciturna pero sincera, al atreverme a desvelar algunas verdades que todos conocemos pero que en absoluto nos lanzamos a compartir o más bien a autoafirmar. Desde el cambio de siglo, España ha cuestionado su pasado franquista. Esta mirada retrospectiva es nueva y revive recuerdos que a menudo se pasan por alto. ¿Acaso ya nadie es consciente de que la guerra civil (1936-1939) y el franquismo causaron muchas muertes? Yo sí, cada vez que digo mis apellidos manipulados por las circunstancias. Hasta la fecha, se han encontrado muy pocos cadáveres; los restos del célebre dramaturgo Federico García Lorca siguen siendo imposibles de rastrear a pesar de varias búsquedas, los nuestros siguen si aparecer.

Los familiares de las víctimas continúan pidiendo que se haga justicia, incluso hoy. En efecto, la transición democrática se fundamentó en una especie de "pacto de olvido": a cambio de consensos políticos, nunca se celebró el juicio de los responsables del franquismo por la Ley de Amnistía General firmada en la época de este período.

En 2007 se aprobó en España la Ley de Memoria Histórica. Este fue uno de los mayores proyectos del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), él mismo nieto de un republicano fusilado en 1936. Esta ley tenía como objetivo reconocer y localizar a las víctimas del franquismo. Esta ley también impone la desaparición de símbolos franquistas, estatuas franquistas, en determinados nombres de calles. Esto lo sabemos todos ¿y qué? Ya nada importa, parece. Sin embargo, esta ley ha sido controvertida y ha sido objeto de fuertes críticas, en particular del Partido Popular que siguen en la sombra anulando todo derecho civil a ser y a permanecer, a recordar y a enterrar. Parte de su electorado sigue siendo tremendamente conservador –por ser cariñosos- y se oponen por completo a la condena del nacional catolicismo bajo Franco. El PP nunca ha condenado la guerra civil y la dictadura. No quiere saber. Y siempre recuerdo a Augusto Pérez en Niebla: “El pobrecillo, recordando mi sentencia, procuraba alargar lo más posible su vuelta a su casa, pero una misteriosa atracción, un impulso íntimo le arrastraba a ella. Su viaje fue lamentable. Iba en el tren contando los minutos, pero contándolos al pie de la letra: uno, dos, tres, cuatro... Todas sus desventuras, todo el triste ensueño de sus amores con Eugenia y con Rosario, toda la historia tragicómica de su frustrado casamiento habíanse borrado de su memoria o habíanse más bien fundido en una niebla. Apenas si sentía el contacto del asiento sobre que descansaba ni el peso de su propio cuerpo. "¿Será verdad que no existo realmente? -se decía- ¿tendrá razón este hombre al decir que no soy más que un producto de su fantasía, un puro ente de ficción?". Miguel de Unamuno, Niebla, pág.268. Pues eso, que yo tampoco existo.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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