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El nacimiento de dos iconos americanos, Bambi y Smokey Bear


Dos iconos americanos, Bambi y Smokey Bear, no solo son criaturas del bosque sino personajes surgidos para proteger los bosques, el gran tesoro natural de Estados Unidos. Dos iconos americanos, Bambi y Smokey Bear, no solo son criaturas del bosque sino personajes surgidos para proteger los bosques, el gran tesoro natural de Estados Unidos.

La década de 1940 supuso un cambio de paradigma en la protección de los bosques estadounidenses. Los intentos japoneses de incendiar los bosques costeros del Pacífico pusieron de relieve la vulnerabilidad de los recursos forestales estadounidenses, muy importantes en tiempo de paz y esenciales en durante un conflicto bélico como el que acababa de iniciarse después del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1940.

En una carta dirigida al senador Elmert D. Thomas un mes después del ataque de un submarino japonés al norte de Santa Bárbara, California, Roosevelt escribió: «Tiene usted toda la razón sobre el peligro de incendios forestales en la costa del Pacífico. Es obvio que muchos de ellos serán incendiados deliberadamente si los japoneses atacan allí». El mes siguiente, el presidente volvió a insistirle sobre el tema: «[los bosques] Deben protegerse contra las bombas incendiarias japonesas y de los fuegos durante la estación seca. Eso es esencial para el futuro nacional».

No era exagerado que Roosevelt vinculara la seguridad de los bosques con el futuro de la Nación. Una vez más, la Segunda Guerra Mundial había convertido a los árboles en un recurso de suma importancia militar. Al igual que en la Primera Guerra Mundial, los productos forestales aparecían en casi todos los elementos de la vida militar: vivienda, transporte, armamento, contenedores, combustible, etcétera. Las fuerzas armadas requerirían más de 150 millones de metros cúbicos de madera solo durante el primer año de operaciones. No era posible realizar una campaña militar eficaz sin recurrir a los recursos forestales y mantenerlos a salvo de los ataques japoneses.

Pero los japoneses no eran la única amenaza. Para muchos técnicos forestales, una preocupación igual, si no peor, era la falta de prevención del estadounidense medio. Los informes oficiales afirmaban que la imprudencia con las colillas, las barbacoas y las cerillas mal apagadas causaban nueve de cada diez de los más de cien mil incendios forestales anuales de diferente magnitud registrados en el país. En los años malos, esos incendios destruían unos dieciséis millones de hectáreas, una superficie que igualaba la de un estado medio como Florida. La pregunta era cómo podrían los responsables forestales transmitir a la ciudadanía el mensaje de la conservación de los bosques y cambiar su mentalidad acerca de lo que los recursos forestales suponían para la riqueza nacional.

En la primavera de 1942 un guarda forestal del sur de California sugirió una solución. ¿Y si las agencias de publicidad diseñaban una campaña de concienciación pública? Era una idea acorde con los tiempos. El Gobierno federal acababa de crear el War Advertising Council (WAC), una agencia gubernamental encargada de coordinar a las firmas publicitarias privadas para apoyar el esfuerzo bélico. El fundamento del WAC era que las mismas técnicas que se utilizaban para crear la demanda comercial de productos también podrían servir para apoyar las necesidades militares.

Representantes del Servicio Forestal y de la Asociación Nacional de Silvicultores se reunieron con el WAC. Las reuniones llevaron a la creación de una campaña de prevención de incendios forestales durante la guerra que debía dirigirse directamente al corazón de los hogares estadounidenses. La campaña se resumió en un eslogan pegadizo: «Careless Matches Aid the Axis - Prevent Forest Fires» («Las cerillas mal apagadas ayudan al Eje - Prevenga los incendios forestales». En los meses siguientes, este mensaje y otros aparecieron en millones de envíos postales, folletos y carteles publicitarios repartidos por todo el país.

En un cartel aparecía una cerilla encendida en la mano de una caricatura del general Hideki Tojo, el primer ministro japonés. En otro, las cabezas de Tojo y Hitler flotaban alrededor de un bosque en llamas; debajo de ellos campaba el mensaje: «Nuestro descuido: su arma secreta». Por todos lados, la gente recibía el mensaje amenazador: descuidar los bosques equivalía a un ataque directo contra el país. Y así, por decenas.

Pero aquellos eran mensajes de miedo. Hacía falta enviar mensajes positivos. La ayuda llegó desde donde menos se esperaba. En agosto de 1942, los estudios Disney lanzaron su quinto largometraje animado, la historia de Bambi, un cervatillo que debe aprender a sobrevivir en los bosques después de que un cazador matara a su madre. Fue un éxito inmediato que abarrotó los cines y obtuvo tres nominaciones Óscar. En la escena final de la película, el padre de Bambi, el Gran Príncipe, advierte a su hijo que ha regresado la amenaza para el bosque: «Es el hombre. Está aquí otra vez. Debemos adentrarnos en el bosque. ¡Date prisa, sígueme!» De repente, se desata un incendio forestal iniciado por los cazadores. Bambi y sus amigos apenas escapan del peligro antes de ponerse a salvo en una isla en medio de un río.

Aunque la película de Disney no había sido diseñada como propaganda de guerra, contenía un poderoso mensaje. Los miembros del WAC entablaron conversaciones para usar al cervatillo como parte de la campaña de prevención de incendios. Walt Disney acordó prestar la imagen al Gobierno federal durante un año y enseguida Bambi protagonizó un póster oficial de guerra, mirando directamente al espectador con sus ojos grandes, y con sus amigos Thumper y Flower a su lado. El mensaje decía: «Por favor, señor, no se descuide. Evite los incendios forestales. ¡Más peligro que nunca!»

El cartel de Bambi fue un éxito. El Servicio Forestal y el WAC decidieron rápidamente que una vez que el acuerdo con Disney se terminara, tendrían que reemplazar al cervatillo icónico con un nuevo defensor de los animales, esta vez algo original. Durante 1944, se propusieron y debatieron varias ideas. En verano, la idea se había centrado en un oso, el rey de los bosques de Norteamérica. Para plasmar la idea se llamó a Albert Staehle, un dibujante de animales cuyos trabajos aparecían en muchas portadas de revistas nacionales. Staehle presentó un dibujo de un oso pardo vestido con blue jeans y un sombrero de guardabosques. La imagen recibió la aprobación general y rápidamente se decidió nombrar al personaje Smokey, supuestamente en honor a "Smoky Joe" Martin, el jefe del Departamento de Bomberos de Nueva York que acababa de fallecer, cuya valentía era legendaria. La causa de la protección de los bosques ya tenía una nueva mascota: Smokey Bear.

El final de la guerra no significó el final de la campaña de prevención de incendios forestales. Su éxito en la reducción del número total de incendios ocasionales pareció justificar su continuación. Además, Smokey Bear se había ganado rápidamente al público estadounidense. Lo que había comenzado como un reemplazo para Bambi se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del país.

En 1947, Smokey obtuvo un eslogan distintivo, cuando el Ad Council, el sucesor en tiempos de paz del WAC, inventó el eslogan: «Only YOU can prevent forest fires». Tres años después, el personaje cobró vida cuando un osezno que escapó de un incendio forestal en Nuevo México fue bautizado como Smokey y llevado al Zoológico Nacional en Washington, DC; se convirtió en una de las atracciones más populares del zoo. La popularidad del oso entre los escolares se hizo tan grande que el US Postal Service creó en 1964 un código postal especial para gestionar todo el correo que enviaban los niños de toda la nación.

Hoy, casi 80 años después de su nacimiento, la popularidad de Smokey ha disminuido un poco, pero sigue siendo un protagonista fundamental en la prevención de incendios forestales. Mientras conduzco lentamente en la fila de automóviles que aguarda su turno para entrar en Yosemite un ardiente 4 de julio, el sonriente Smokey Bear saluda indicando el riesgo de que se produzca un incendio forestal.

Está haciendo su trabajo y ahorrando dinero del contribuyente: se ha calculado que el impacto del personaje en la disminución de los incendios forestales ha ahorrado al país decenas de miles de millones de dólares.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

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