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EL PERIÓDICO
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La distimia de los románticos


La Distimia es un tipo de depresión menor que muchos individuos a lo largo de la historia la han padecido, se parece mucho a un estado de melancolía puro, como el de los “románticos”.

Ciertamente, muchos de los escritores y creadores más celebrados tuvieron –tenemos- un carácter melancólico, lo que implica en muchas ocasiones que “los demás” nos vean como tristes, aunque es simplemente una forma no estúpida de ver la vida, o de sentir el mundo y la naturaleza. Claro un escritor tendrá algo diferente en su idiosincrasia personal, es la sensibilidad o la consciencia de un conflicto interior o exterior. Es si cabe, una forma de vida.

Tener distimia puede definirse como una manifestación lírica de un pesimismo vital que ya llega al nihilismo. Todo en la vida es engaño, y cuando el último engaño es desvelado, el corazón cansado puede desesperarse por última vez, pues para siempre va a vivir en la desesperación, en la amargura, en el hastío, en el fango. Todo eso, y nada más, es la vida humana. Al final, Leopardi sólo encuentra en sí mismo un sentimiento: el desprecio, desprecio hacia el mundo, hacia la naturaleza y hacia Dios, ese «poder indigno» que se oculta para ejercer su dominio sobre una existencia que el poeta define como «mal común». Una invitación a asumir la tristeza profunda y total, la melancolía como el estado de ánimo de quien se ha dado cuenta de la verdadera naturaleza del mundo.

Esta melancolía inacabable, esta tristeza infinita y sin consuelo, está presente en todos los románticos, mayores y menores. Salvador Bermúdez de Castro, en 1836, nos dejó unos versos hermanos de los de Leopardi que acabamos de ver:

Sentir pasar una ilusión y otra

hasta dejar el entusiasmo yerto,

sin luz, sin esperanzas, sin un astro

que dore el porvenir de los ensueños;

desesperar del mundo, de los hombres,

entregar la razón al desconsuelo:

¡eso es saber!

(Bermúdez de Castro 1840: 88)

Las personas con distimia con trastorno distímico tienen en ocasiones un sentido exagerado de la responsabilidad y la creencia de que deben protegerse sistemáticamente de la desgracia. Tienen una actividad cerebral más alta de lo normal en tres áreas del cerebro. Pero esto es conclusión actual. En la actualidad el principal problema de la distimia es que se trata de "un estado depresivo crónico que se manifiesta por síntomas a un nivel demasiado bajo para ser considerado depresión clínica grave", aunque en la actualidad se clasifica como una patología en toda regla. Puede en la actualidad y no como en la época de los románticos, crecer o agravarse con el estrés y/o la ansiedad que impone el tipo de vida que llevamos. Cuando una persona se ve afectada por la tristeza y el sufrimiento mental constante, todo el día, más que un día por medio, durante al menos dos años, puede ser un presagio de distimia, especialmente cuando se presenta acompañada de fatiga, falta de energía, problemas de comportamiento y un sentimiento de desesperanza. En el DSM-IV (1) se definen dos formas de depresión: depresión mayor y distimia. Si bien la depresión mayor consiste en uno o más episodios depresivos que contrastan con el funcionamiento habitual de la persona, la distimia se caracteriza por síntomas depresivos menos graves pero crónicos. En el DSM-5, publicado en mayo de 2013, la distimia se denominó, junto con la depresión mayor crónica, trastorno depresivo persistente. Los dos tipos de depresión se distinguen por especificadores.

1. El estado de ánimo deprimido está presente la mayor parte del día, más que cada dos días durante al menos dos años. En niños y adolescentes, puede ser un estado de ánimo irritable y la duración debe ser de al menos un año.

2. Cuando la persona está deprimida, tiene al menos dos de los siguientes síntomas: (1) pérdida de apetito o comer en exceso (2) insomnio o hipersomnia (3) poca energía o fatiga (4) baja autoestima (5) dificultad para concentrarse o dificultad para tomar decisiones (6) sentimientos de pérdida de 'esperanza.

Es en consecuencia una patología que hay que valorar en función de otros factores y de cómo afecta a la persona y a su entorno. El conocimiento de uno mismo es fundamental para poder atacar muchas actitudes en la vida. La actualidad indica sociedades enfermas porque no se permite, la tristeza o lo melancólico aunque después nos congratulamos cuando un escritor es capaz de plasmar en unos poemas nuestra desesperación.

El dolor de la soledad que Bécquer (2004, 74), siempre imprescindible, condensó en los dos últimos versos de la rima LII: «¡Por piedad!, tengo miedo de quedarme / con mi dolor a solas».

Este dolor que aterra a Bécquer, ese dolor solitario, es la pasión melancólica de la que está aquejada gran parte de la literatura romántica. Desde la antigüedad se ha contemplado como una de las características del ser humano la tristeza profunda que llena toda la vida y personalidad de un individuo, haciéndole incapaz de apreciar los diferentes goces vitales. Esa es la pasión melancólica. Melancolía es un nombre que proviene de la edad media, pues es como se designa al estado de predominio de la bilis negra, la melanos kolés, uno de los cuatro humores del cuerpo. La bilis negra, pesada, húmeda y fría, era la encarnación de la tristeza. La aparición de la psiquiatría y el estudio de las enfermedades de la personalidad humana, a principios del siglo XIX, en paralelo con la literatura romántica, puso sobre la mesa, entre otras muchas cosas, la naturaleza de la melancolía: enfermedad o estado de ánimo, alteración enfermiza de la personalidad o característica de una personalidad individual.

En un artículo publicado en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría en 2007, La melancolía, una pasión inútil, Francisco Ferrández reflexiona sobre estas dos posibilidades.

Debemos al padre del psicoanálisis la posibilidad de explicar las psiconeurosis funcionales como efectos de una lucha interior. El conflicto, que es la madre de toda la psicopatología analítica, involucra al sujeto [...] tanto en su producción como en las maniobras dedicadas a resolverlo.

(Ferrández 2007: 174)

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(1) DSM-IV, Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

(2) Ver: Trastornos depresivos en DSM-5: diferencias con DSM-IV.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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