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Las personas en situación de “sin hogar” en tiempos de pandemia


Tras año y medio azotados por un virus letal, que en España ha dejado cerca de 90.000 fallecidos y heridas profundas derivadas de la tristeza por la pérdida de los seres queridos y por los estragos causados en la salud de muchos de los contagiados (86.463 en el momento de escribir estas líneas), la vida va retomando su cotidianeidad (no así en los países menos desarrollados). Las calles de nuestras ciudades se llenan de personas, que compareciera quisieran recuperar el tiempo perdido. Vuelven los atascos, los ruidos, las aglomeraciones, el bullicio, … En ocasiones, me da la impresión de que el tiempo se hubiera detenido desde un ayer, a la par que muy lejano, cercano, y parafraseando la letra de una famosa canción de Julio Iglesias: “Unos que nacen otros morirán. Unos que ríen otros lloraran. Aguas sin cauces ríos sin mar. Penas y glorias guerras y paz… La vida sigue igual”. Pero, ¿sigue igual realmente?, ¿sigue igual para todos?

Mi otra impresión, que se me antoja certeza cada vez en mayor medida, es que nada será ya igual tras la vivencia de una experiencia tan particular, que, salvando las distancias, se asemeja a lo que transitaron las mujeres y hombres que vivieron en primera persona la Segunda Guerra Mundial. Sin irnos tan lejos en el tiempo y hablando de dolor, evoco el sufrimiento de los millones de personas que en 2021 habitan en los países y regiones del mundo con guerras y conflictos activos, en su mayoría muy pobres: Camerún, Etiopia, Mozambique, Israel, Palestina, Afganistán, Sahara Occidental, Sahel, Siria, República Centroafricana, Venezuela y Yemen[1]. Para ellos la crisis sanitaria del coronavirus no ha hecho más que acrecentar sus problemas, tema del que nos ocuparemos en otro texto en este foro.

Centrándonos en nuestro país, un sentido reconocimiento para las cerca de 40.000 personas en situación de “sin hogar” que se calcula hay en España (que juzgo, que con la tormenta de los últimos tiempos, hemos reparado poco en su presencia), de las cuales en torno a 6.000 viven literalmente en la calle y lo han seguido haciendo durante el periodo pandémico. Por sus particularidades tienen, de por sí, serios déficits de salud. El 29,1% de las personas entrevistadas en la Encuesta sobre las personas “sin hogar” 2005, declararon padecer alguna enfermedad grave o crónica, en la encuesta del año 2012 el 30,7% (únicas encuestas oficiales hasta la fecha). Es llamativo que el 56% en 2005 dormían por término medio 6 horas o menos (42,6% en la encuesta del año 2012) y un 22% lo hacía únicamente entre 1 y 4 horas al día (13,3% en la de 2012). En 2012 se recoge que el 15,2% tenía alguna discapacidad reconocida.

En los recuentos nocturnos de personas “sin hogar” realizados en Madrid (2006-2018), se observa una alta incidencia de los problemas de salud con un mínimo porcentual en el año 2012 del 31,2% a un máximo del 61,71% en el recuento de diciembre de 2016. Su estado se agrava por no recibir tratamiento (29,9% en 2009 y 84,3% en 2012). Es relevante entre los que, además, soportan en primera persona discapacidades, y violenta el artículo 25 de la Convención sobre Derechos de las Personas con discapacidad[2].

No es de extrañar como ha señalado Hwang que entre las personas “sin hogar”, con edades comprendidas entre los 18 y 24 años, el riesgo de muerte sea 5,9 veces superior que para la ciudadanía en general incluida en ese rango de edad y que entre los 25 y los 44 años sea 3 veces mayor[3]. En esta misma línea, diversas investigaciones efectuadas en ciudades norteamericanas pusieron de relieve que su esperanza media de vida es notablemente inferior al del resto de la ciudadanía, situándose entre los 47 y 51 años[4].

Qué decir tiene que la COVID 19 agravó sus condiciones vitales. En el Documento técnico de recomendaciones de actuación ante la crisis por covid-19, para los gestores de servicios sociales de atención a personas sin hogar de marzo de 2020[5] se recogen las iniciativas promovidas desde el gobierno para atenderles. De hecho, tal como se expone en este texto, vivir y/o dormir en la calle o alojados en los dispositivos dispuestos para esta población (albergues, centros de acogida, etc.) los dispuso en una tesitura de alto riesgo de transmisión y contagio. Por otro lado, hay que valorar que la prevalencia de enfermedades respiratorias entre estos hombres y mujeres es elevada, consecuentemente, su probabilidad de contraer el virus y fallecer fue muy alta. Asimismo, en general, consignar que enfrentan barreras a la hora de acceder a atención médica (máxime con los servicios sanitarios saturados) y a información sobre salud pública. Por otro lado, fue de extrema complejidad salvaguardarles, pues las medidas adoptadas en todo el mundo para el resto de los ciudadanos (confinamiento domiciliario, distanciamiento social estricto, medidas higiénicas…) fueron imposibles de acometer para las personas que vivían en la calle, no estando previstas intervenciones con un sector tan marginalizado y ante un hecho social tan excepcional.

El Gobierno de España, desde el inicio de la pandemia, emprendió medidas para dar alcance a sus necesidades. Las más prioritarias fueron: realizarles pruebas específicas PCR y vacunarles; asegurarles el acceso a comida e higiene; ofrecerles alojamientos seguros; mantenerlos, cuando fue factible, residenciados en centros de acogida y albergues; evitar su estigmatización y promover la solidaridad ciudadana; ofrecerles apoyo y asistencia profesional; ampararles de las medidas punitivas de ejecución al no disponer de viviendas donde aislarse; y proteger a los profesionales que continuaron trabajando con este sector social tan marginalizado.

Estos fueron los criterios buscando, en todo momento, garantizarles las mejores condiciones ante una crisis sanitaria de tal envergadura y repercusiones. Un esfuerzo titánico que quizá haya pasado desapercibido para el resto de la población. ____________________________________

[1] Véase, Ayuda en Acción.

https://ayudaenaccion.org/ong/blog/ayuda-humanitaria/conflictos-activos-2021/

[2]Véase, el Artículo 25 de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad: “Los Estados Partes reconocen que las personas con discapacidad tienen derecho a gozar del más alto nivel posible de salud sin discriminación por motivos de discapacidad. Los Estados Partes adoptarán las medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad a servicios de salud que tengan en cuenta las cuestiones de género, incluida la rehabilitación relacionada con la salud”.

http://www.un.org/esa/socdev/enable/documents/tccconvs.pdf (Fecha de consulta: 27 de septiembre de 2017)

[3] S.W. Hwang et al, “Universal Health Insurance and Health Care Access for Homeless Persons”, American Journal of Public Health, 100(8), 2010, págs. 1454-1461; S.W. Hwang et al, “Multidimensional Social Support and the Health of Homeless Individuals”, Journal of Urban Health: Bulletin of the New York Academy of Medicine, 86 (5), 2009, págs. 791-803 y S.W. Hwang, “Homeless and Health”, Canadian Medical Association Journal, 164 (2), 2001, págs. 229-233.

[4] J.D. Plumb,“Homelessness: Care, prevention and public policy”, Annals of Internal Medicine, Nª. 126(2), 1997, págs. 973-975.

[5] Véase,

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/Recomendaciones_GESTORES_servicios_Ps_SIN_HOGAR_y_COVID-19.pdf

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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