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La participación ciudadana, clave para luchar contra las pandemias y avanzar en el futuro de la UE


  • Escrito por Mª Teresa López de la Vieja
  • Publicado en Opinión
Shutterstock / Day Of Victory Studio Shutterstock / Day Of Victory Studio

Hace unos días, con motivo del Día Internacional de la Democracia, el secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, defendió que hay que construir el futuro, tras aprender las lecciones que han dejado los meses de pandemia. Para ello, hace falta la participación ciudadana. Que estos objetivos son responsabilidad nuestra, ahora, ha quedado claro en dos documentos recientes: las conclusiones del panel independiente sobre la covid-19 y el informe del grupo de trabajo sobre prevención de riesgos de la Universidad de Harvard.

Sin embargo, resulta difícil prepararse para futuras pandemias cuando aún no se vislumbra el final de esta y, sobre todo, cuando un sector de la población ha ido perdiendo la motivación para seguir con las medidas destinadas a evitar contagios: fatiga pandémica.

Para hacerle frente, conviene abrir vías para que la ciudadanía se implique, estrategia recomendada por la Organización Mundial de la Salud. La participación ciudadana es asimismo clave para la deliberación sobre el futuro de la Unión Europea.

Cómo anticiparse a eventuales pandemias

La necesidad de aprender de lo ocurrido y anticiparse a eventuales pandemias es el argumento para ir a cambios sustantivos en el cuidado de la salud, en la relación con otras especies, y, también, para avanzar en la construcción de Europa.

Entre los temas propuestos para los foros ciudadanos por la Conferencia Europea está la salud, en primer lugar la covid-19 y cuestiones relacionadas (vacunas, tratamientos, etc.). Dos ideas se repiten, tanto en los informes sobre la covid-19 y sus riesgos como en el debate sobre la Unión Europea: hay que prevenir e incrementar la participación.

La Estrategia España 2050 responde a un propósito similar, mirar hacia el futuro del país. El documento aborda los desafíos pendientes –nueve grandes retos– y señala vías de mejora. No incluye referencias especificas a la política sanitaria ni a cómo fomentar participación ciudadana. Quedan, entonces, preguntas en el aire: ¿Cuáles son los planes para hacer frente a las amenazas para la salud pública? ¿Cómo reforzar el sistema democrático? ¿Se han aprendido las duras lecciones de la pandemia?

El deber de prevenir

Es el momento de anticiparse, buscando los recursos necesarios para llegar a esos objetivos: evitar futuras pandemias y construir la Europa del futuro.

Tras meses con olas de contagios y mutaciones del SARS-CoV2, a la vista también de sus consecuencias, resulta inevitable preguntarse por qué no se acaba la pandemia. El informe del Independent Panel –con recomendaciones presentadas ante Naciones Unidas– lo ha atribuido a la falta de previsión.

No se aprendió de lo sucedido con la epidemia del año 2003 ni con la gripe en 2009, tampoco con el ébola y el zika en 2015 y 2016. De haber contado con la preparación adecuada, en 2020 se hubieran evitado bastantes errores y el impacto de la covid-19 hubiera sido menor. No tomarse en serio la prevención era y es una grave equivocación. Los sistemas de salud no estaban bien preparados, los procedimientos de alerta no funcionaron con celeridad y las desigualdades incrementaron los efectos de la covid-19. No debería ocurrir en el futuro.

Pero la arquitectura de los planes para anticiparse a posibles pandemias es una decisión política. Es responsabilidad de gobiernos e instituciones, por eso el Independent Panel ha recomendado la creación de un consejo internacional para responder a las amenazas globales.

Los cambios en profundidad han de llegar también a la forma de relacionarse con otras especies y al uso de los recursos naturales. Es la propuesta del grupo de trabajo de la Universidad de Harvard, pues continúa existiendo el riesgo de contagio entre especies y entre estas y los seres humanos. De ahí puede venir la siguiente pandemia.

Mejorar la participación ciudadana

Desde el inicio de la crisis sanitaria se ha recordado que, además de la obligación de cuidar, está la de prever y planificar. Un año y medio más tarde, en varios países se ha constatado fatiga pandémica entre la población, con menor seguimiento de las recomendaciones para prevenir contagios. La Oficina para Europa de la Organización Mundial de la Salud ha planteado estrategias para mantener el apoyo de la opinión pública, empezando por mejorar la comunicación e implicando a los ciudadanos en las tareas de prevención.

En España, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud está insistiendo en la necesidad de seguir las recomendaciones frente a la covid-19.

No obstante, hay diferencia entre los recientes llamamientos al compromiso y a la participación cívica en materia de salud pública y, de otro lado, el proceso de deliberación, organizado en la Unión Europea. En este caso, se han preparado los canales de comunicación para recoger propuestas sobre retos y prioridades.

No se puede anticipar el resultado, si bien las vías para enviar ideas y sugerencias están disponibles para la sociedad civil, las instituciones y grupos o personas interesadas.

Veinte años de avances y retrocesos en el proyecto europeo han enseñado que esta vez había que salir de la crisis con más participación. Lo decía hace poco el Secretario General de Naciones Unidas: reforzar la democracia es aceptar mayor participación en las decisiones. Bien podría valer para otros proyectos, como la Estrategia España 2050.The Conversation

Mª Teresa López de la Vieja, Catedrática Emérita de Filosofía Moral, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.