No podemos permanecer impasibles frente a la violencia de género
- Escrito por Cristina Antoñanzas
- Publicado en Opinión
Mientras escribo este artículo soy consciente de que muchas mujeres están siendo maltratadas por sus parejas o exparejas, de la soledad y el silencio en el que están encerradas, del miedo continuo que sufren. Miedo a las consecuencias por denunciar unos maltratos que forman parte de su día a día, miedo a que esa violencia recaiga sobre sus hijos e hijas…
Quieren preservarlos del horror. Estos últimos meses han sido especialmente cruentos. Y hay que preguntarse qué está pasando, por qué, pese a las medidas que se están adoptando contra esta lacra social, bajo mi punto de vista claramente insuficientes, ésta pervive o, incluso, avanza, en lugar de retroceder.
La exdirectora General de Igualdad de la Comunidad de Madrid, Carmen Rodríguez, meses después de ser cesada, ha denunciado el maltrato de la CAM a la Dirección de Igualdad, así como el mal uso de fondos destinados a las mujeres y a sus hijos e hijas víctimas de violencia de género
Nadie puede permanecer impasible ante la violencia de género, porque mirar para otro lado es condenar a las víctimas. Hay que mostrar un rechazo unánime a todos aquellos que, pese a presentar una cara amable en la sociedad, son verdaderos monstruos dentro de su ‘hogar’.
Ante sospechas de maltrato, todos tenemos la obligación moral de denunciar: los medios de comunicación, los partidos políticos, los representantes de instituciones, de organizaciones sociales, del mundo académico y cultural, etc.
No debemos minimizar el problema, ni quitarle importancia, ni debemos normalizar esta sangría de mujeres asesinadas por la violencia machista. Como tampoco las noticias de violaciones y abusos, o los sucesos de acoso y actitudes machistas que ocurren a escasos metros de nuestro domicilio o en el propio lugar de trabajo.
Hay que decirlo bien alto: ¡tolerancia cero contra la violencia de género! Quien busque excusas para no actuar es cómplice y quien trate de manipular esta dramática realidad se está situando del lado del maltratador, que se hace fuerte permaneciendo oculto.
La víctima no debe seguir siendo víctima tras la denuncia. Hay que reforzar las ayudas a las mujeres que sufren y han sufrido violencia de género para que puedan rehacer su vida. Son fundamentales tanto la protección económica (un trabajo, una casa), como la seguridad y el apoyo psicológico y social. No se pueden escatimar recursos. Hay vidas en juego, las de las mujeres y, en muchos casos, las de sus hijos e hijas.
De ahí mi estupor al leer las declaraciones de la exdirectora General de Igualdad de la Comunidad de Madrid, Carmen Rodríguez, que, meses después de ser cesada, ha denunciado el maltrato de la CAM a la Dirección de Igualdad, así como el mal uso de fondos destinados a las mujeres y a sus hijos e hijas víctimas de violencia de género.
Las partidas presupuestarias contra la violencia de género deben ser de carácter finalista, no pueden, ni deben, utilizarse para otras gestiones. Hace falta dinero contra la violencia de género, como hace falta dinero para reforzar la sanidad y la protección social, por lo que utilizar el dinero que se transfiere para estos fines a otros asuntos es cuanto menos inmoral.
La única vacuna posible contra la violencia de género es el compromiso político y social y que todos y todas actuemos contra esta lacra.