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EL PERIÓDICO
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Terapia de grupo en Ikea


Con esta afanadera vacacional que le ha dado a la gente por asumir, la verdad, es que descubre una muchas actitudes y extractos de conversaciones ciertamente muy graciosos. Yo particularmente que detesto perder el tiempo, no me he podido permitir muchas veces en mi vida largarme por ahí y dedicarme al dolce far niente.

Por más que me lo dice un colega psiquiatra, no puedo conseguir lo del far niente, quizás lo del dolce…no te digo que no. Para mí, mente hiperactiva, que de conseguir lo del dolce far niente, sería realmente como poner una pica en Flandes, quizás mis mejores vacaciones, pero no lo logro, una desgracia o no, según se mire, que yo, envidiosa no soy, pero sí me he apercibido de la rabia que la daba a otres ver, que alejada del farniente me había hecho un nuevo curso, otro máster…Una temporada me dio por recoger en una libreta lo que iba pillando de la gente cuando se cruzaban conmigo hablando por teléfono en sus móviles, frases del tipo:

-pues ya te decía yo

-ah vale vale pasando de todo bro

-pero tía, no me digas eso -que la compra la hace su tía, que ya te dicho que no,

-pues lo que te venía contando…

-¿te catas o no te catas que eres un madracas…

Bien. Con mi imaginación ello me entretenía pues intentaba yo adivinar de qué hablaba cada persona con su móvil, en suma de reconstruir situaciones y demás. Elaborar perfiles…con ello iba consiguiendo esbozos físicos también de lo que un día serían personajes.

Por razones que no vienen al caso he tenido que ir estos meses de verano a ese lugar –ya inmenso- donde lo que se consigue al final es que todos tengamos la misma casa, sí, Ikea. Siempre me he negado a ello, pero reconozco que algunas cosas merecen la pena. Allí encuentras todo tipo de situaciones, me acoplo mirando distraída delante de una estantería y ¡alucina pepinillos!. Esposas que van poniendo verde a su abnegado marido, el pobre hombre harto porque se ve que odia ir allí pero posiblemente lo haga por que está de vacaciones. Le importa un bledo y se le nota. Si opina malo, si no opina, también. Otro grupo lo integra el espejo que es esa mujer, casi hermana del mundo con un marido que le va quitando las ilusiones: ¿podríamos comprar esta cama, mira qué mona? –¡Para qué quieres eso! Incluso el típico adolescente que va como arrastrado con la tensión por la moqueta (osea es hipotenso como joven que es): -venga mamá que ya lo tuyo es comprar por comprar. ¡pobre mujer!, pues que se compre lo que le de la gana. Yo suelo ir sola a estas cosas desde hace mucho tiempo. Tengo problemas cuando estoy mal de las decisiones, porque no puedo decidir nada, por ello como ya lo sé, significa una situación mayor de alta tensión, tomo otros derroteros. ¡nada como conocerse a uno mismo!. Si yo estoy mal de las decisiones y quiero mandar en mis ideas, para qué voy a preguntar a otro –que en general les da igual, tipo mis hijos mirando el móvil- a que decidan si es mejor el verde azulado, el marrón tomate, el fucsia, o el lapizlázuli mezclado con color atardecer. ¡Yavestruz! Quizás el día de “estoy mal de las decisiones” lo que hay que hacer es solo mirar, como en silencio.

Luego llegas a casa, reflexionas y al día siguiente vas a tope, venidísima arriba, yo suelo maquillarme a tope, tacones, bolso, estribos de mi caballo figurado…en fin, con toda la armadura para que me hagan caso y me faciliten esa imposible tarea de tardar poco en comprar varias cosas, que las tengan, que las lleven al día siguiente y que de paso venga alguien a montarlo. Hay personas que se tienen que ganar la vida y antes de reventar contra el sistema sueco ikeil, de soñar con una revolución y otros puntos filipinos que me dan, pues que venga un propio a casa que lo montan en un pis-pas y la familia, tan contenta.

¿Y esos niños que gritan sin parar y que trepan por las cortinas de exposición sin que nadie haga nada? Nunca pensé que yo llegaría a decir esto, pero no lo aguanto. Cuando llegué a vivir a Europa con tres camicaces casi gemelos, me hice Ninja, pero yo no molestaba a nadie, porque allí odian a los niños y casi te consideran una maltratadora si estas a eso de las 20 horas con niños cansadísimos y aburridos en un establecimiento viendo cosas que no les interesa para nada. Dan ganas de decir, hijo mío, qué haces con estos niños tan pequeños aquí, echándoles la bronca porque no se portan bien, o simplemente fastidiando a todo el mundo con sus gritos. Las criaturas deberían estar en otro lugar.

No hablo de necesidades, ya se sabe que todos los que van a ese establecimiento, van de paseo y a tomar algo, si acaso compro un par de cosillas. La cosa es que como tengas claustrofobia, ¡rediez! La puedes liar parda. Sin embargo, compradores compulsivos aparte, veo que la gente, lo lleva bien, es decir, que salen como renovados, porque se han desahogado, han tenido pollos entre ellos, con el tendero, con el carro…y ¡oye! Les va bien. Las hay que se van como contando su vida profunda…es decir, terapias de distintos modos y colores. ¡Estos suecos sí que saben! Se diría. Ciertamente veo que nos están invadiendo y bueno, yo siempre he sido de anticuarios, de muebles que luego restauro, de depot-vente franceses que son la pera..y qué voy a decir, quizás eso es lo que hay que hacer, montarla en Ikea y cambiar por fin tu vida y costumbres. Te ahorras en terapeuta, psicólogos y demás y sales renovado, renacido diría yo. Ahí lo dejo.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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