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¿Será capaz el capitalismo de reformarse?


Las lecciones que se pueden extraer de las dos crisis sufridas en un periodo de tiempo corto son muchas y de hecho bastantes analistas han efectuado propuestas de reforma y cambios del sistema económico dominante. A lo largo de la historia, el capitalismo ha mostrado su capacidad de transformarse, reinventarse y reformarse para sobrevivir. Estos cambios, sin embargo, no han modificado la naturaleza del sistema.

No siempre estos giros han sido para mejor. El hecho más evidente han sido las dos últimas décadas en las que se han sentado las semillas para la crisis de 2008, como consecuencia de la desregulación financiera, al tiempo que tenía lugar un aumento de la desigualdad y menor crecimiento. Esta fase ha sido además muy depredadora con la naturaleza, lo que está conduciendo al calentamiento global, pérdida de biodiversidad, agotamiento de recursos y elevada contaminación. Ha resurgido a su vez lo que Harvey denomina la acumulación por desposesión (Espacios del capitalismo global, Akal, 2021).

En los momentos actuales, el problema principal para la reforma del capitalismo lo representa la pérdida de fuerza del movimiento obrero y cierto agotamiento de los movimientos sociales

Lo que parece evidente es que no puede continuar el capitalismo actualmente existente, que ha caracterizado la última fase de desarrollo. La pregunta que surge es: ¿será reamente capaz el capitalismo de reformarse como lo ha hecho en otros períodos de la historia? Un interrogante se abre y resulta difícil predecir el futuro. Para ello no sólo se necesitan ideas, que las hay muchas y variadas, sino fuerzas sociales que empujen al cambio. No se puede esperar que haya reformas a partir de las élites económicas, aunque a veces la necesidad obliga a ello, pero el avance de los derechos de ciudadanía dentro del capitalismo, que han contribuido al progreso económico, político y social, se han impuesto desde abajo. Esto lo expone con gran claridad Bottomore: “Desde este punto de partida, el aumento de los derechos civiles, que en efecto comenzó antes del siglo XVII en las ciudades medievales, podría considerarse un logro de la nueva burguesía enfrentada a los grupos feudales dominantes del antiguo régimen. Y de la misma forma, la extensión de los derechos políticos durante los siglos XIX y XX, y de los derechos sociales en esta última centuria, se debería en gran parte al rápido crecimiento del movimiento obrero, ayudado en sus reivindicaciones por los reformistas de la clase media” (T. H. Marshall y Tom Bottomotre, Ciudanía y clase social, Alianza Editorial, 1998).

En los momentos actuales, el problema principal lo representa la pérdida de fuerza del movimiento obrero y cierto agotamiento de los movimientos sociales. De todos modos, nunca han faltado movimientos de protesta contra el neoliberalismo a lo largo del mundo, algunos de los cuales expone Harvey en el libro mencionado. Sin embargo, como también señala MIlanovic en su libro Capitalismo, nada más (Taurus,2020): “En la actualidad, nada nos permite hacer este tipo de pronósticos porque hoy en día el capitalismo parece ser más poderoso y omnipresente que nunca en toda la historia, en cualquiera de las variantes hipercomercializadas y globalizadas que he descrito”. Sin embargo, esa fortaleza está llena de contradicciones que hay que resaltar para provocar un cambio hacia un conjunto de valores totalmente distintos que fortalezcan la igualdad social y de género junto con la justicia ecológica. De no ser así se camina hacia la destrucción social y ecológica, al tiempo que se pone en peligro la democracia.

Las mentes más lúcidas comprenden, como Keynes lo hizo en su momento, que hace falta reformarlo para asegurar su supervivencia. En todo caso, aunque un capitalismo progresista pueda ser un avance en relación con lo actual, no por ello se eliminan las carencias de este sistema. Pero si ya resulta difícil lograr un conjunto de reformas en sentido progresivo, mucho más complejo resulta buscar una alternativa al capitalismo.

Catedrático emérito Universidad Complutense.