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EL PERIÓDICO
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Costes eléctricos y revueltas populares


Cada día nos sorprende con una nueva noticia que habla de renovadas y desproporcionadas subidas de los precios de la luz. Nos enteramos de que las subidas que se están produciendo hoy mismo siempre son las más altas de nuestra historia

La pandemia, Filomena, las lluvias y la sequía, el frío y los calores, producen siempre el mismo efecto devastador sobre nuestra ciudadanía, en forma de nuevas y brutales subidas del precio de la electricidad, la gasolina, el gas. La ley de la oferta y la demanda, en poder de las todopoderosas compañías energéticas, consigue esquilmar los bolsillos trabajadores y mantener los altos, especulativos e injustos beneficios empresariales.

Si viviéramos en tiempos medievales la iglesia denunciaría la usura de nuestros empresarios de la energía. Si fueran los tiempos de Esquilache y de aquel Carlos III, condenado a vivir en la estepa castellana, en un poblachón sucio, polvoriento y destartalado, después de haber probado las mieles de reinar sobre la noble, regia y monumental Nápoles, andaríamos de motines. Todos los grandes motines han tenido en su origen alguna clase de hambruna, una crisis de subsistencia, o una carestía desmedida de los precios. Algo así debe estarse fraguando en España en nuestros días, aunque los poderosos sigan a la suya, como si nada.

Siempre han sido así estas cosas por estas tierras. El pueblo español todo lo aguanta, hermano del estepario pueblo ruso, hasta que un buen día, por una aparente chorrada, el vaso se desborda y su contenido se desparrama sobre el mantel, dejándolo todo perdido.

El pueblo español, como el ruso, siempre acaba perdiendo, forma parte de la más triste historia de la historia, la nuestra, porque, en palabras de Gil de Biedma, termina mal. Tal vez, por el camino arden unas cuantas posesiones, a veces con sus poseedores dentro.

Casi siempre el pueblo termina atizando a quien menos lo merece, mientras los vividores de siempre encuentran acomodo en el paisaje después de la batalla. La presidenta del mercado eléctrico, en pleno desparramo de los precios, intenta subirse 10.000 euros en el sueldo de 300.000 anuales que disfruta, como si fuera una comisión por los grandes negocios y altísimos beneficios que representa.

La clase política debería estar preocupada, muy preocupada, porque puede que la exótica presidenta del mercado eléctrico siga ganando dinero pase lo que pase, pero algunos políticos no se repondrán nunca de un motín de Esquilache, si el pueblo los termina considerando culpables de su empobrecimiento.

Anda Casado apuntándose a cualquier causa que entienda debilita al gobierno Sánchez y su portavoz Almeida aprendiendo que el papel de cualquier portavoz es defender lo indefendible. La insensata Ayuso anda montando clases de español y controlando Telemadrid, vacunando en el Corte Inglés y retirando las vacunas de los Centros de Salud. El mundo al revés, mientras no pocos madrileños que se creen esencia de España en el centro del donut de España, aplauden a rabiar y votan al grito de Vivan las caenas.

Por su parte en el Gobierno de las Españas, el ministro de consumo, que debería ocuparse de estas subidas descontroladas de precios, la emprende con que comamos menos carne, que no digo yo que no, oiga, que ya he entendido que si el mundo se va yendo al carajo es porque las flatulencias de las vacas que luego nos comemos está provocando el cambio climático. Bueno, eso y las formas de producir electricidad, comercializarla y destrozar el planeta con los terrícolas dentro.

Mientras tanto, Florentino sigue campando a sus anchas en las casas de apuestas y gobernando desde el palco de su equipo de futbol y los precios de los productos energéticos se descontrolan y se escapan de la manos, dejando todo en manos de las todopoderosas empresas energéticas.

En cuanto a la Vicepresidenta Primera y ministra de Economía y Transformación Digital, anda más obsesionada con que el Salario Mínimo no crezca este año y que el dinero de Europa nos permita comprarnos un Matrix, un nuevo mundo de chuletones virtuales, que con estas menudencias, no sea que la puerta giratoria hacia los consejos de administración de las eléctricas, las que usaron Felipe, José María y otros casi cincuenta políticos de todos los colores, incluida la ultraderecha, termine por cerrarse.

Claro que es de gradecer el gran esfuerzo que los contertulios y medios de comunicación realizan para enseñarnos a entender qué tipo de contrato tenemos, cómo desciframos el recibo de la luz y a qué horas nos sale más caro, mucho más caro, o extremadamente caro, antes de informar de un crimen, de los disturbios en Cuba, o después de un desparramo de okupas, e inundaciones en Alemania.

Se puede engañar a todos durante algún un tiempo, a algunos durante todo el tiempo, pero no a todos todo el tiempo. Por lo menos eso es lo que creía Abraham Lincoln, aunque el mundo ha cambiado tanto que vaya usted a saber.

Maestro en la Educación de Adultos, escritor y articulista en diferentes medios de comunicación. Fue Secretario General de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013, años duros de corrupción y miseria política antisindical. Durante los cuatro años siguientes fue Secretario de Formación de la Confederación Sindical de CCOO.

Patrono de las Fundaciones Ateneo 1º de Mayo y de la Abogados de Atocha. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de nos Nadie, o Cuentos en la Tierra de los Nadie. Ha sido ganador de más de veinte premios de poesía y cuento, en diferentes lugares de España y América Latina.