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Las recetas del Banco de España


  • Escrito por Jesús Membrado Giner
  • Publicado en Opinión

Si algo caracteriza a los gobernadores del Banco de España, sin importar quien los haya nombrado, es su obsesión por dar recetas sobre el mercado de trabajo. Rara es la comparecencia en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados o en los informes periódicos que realiza, en la que no den su receta mágica para superar la temporalidad, abaratar el despido o limitar los incrementos del salario mínimo interprofesional (SMI). Sin embargo, respaldar la concertación social, los beneficios de la negociación colectiva o la importancia de la sindicalización (como ha hecho el propio Biden), no entran dentro de sus esquemas.

En los últimos meses le hemos visto defender a ultranza la “mochila austriaca” como fórmula para reducir la dualidad entre los contratos temporales y los fijos, denunciar la “perversión” del incremento del SMI por impedir la creación de 150.000 empleos o la constante reiteración del elevado coste del despido. Todo esto mientras permanecía mudo cuando el sector financiero anunciaba la desaparición de unos 10.000 empleos, a la par que los salarios y remuneraciones de algunos de sus ejecutivos sonrojan al más pintado.

El fondo austriaco es como el Guadiana: aparece y desaparece en cuanto se habla de modificar la reforma laboral de Rajoy. Es el comodín del que todos echan mano cuando se quiere reducir el coste del despido sin asustar. Pero ningún otro país lo ha copiado a pesar de llevar 18 años aplicándose. ¡Por algo será!

Es un nuevo derecho del trabajador de ese país, concertado entre sindicatos, empresarios y gobierno, por el cual puede acumular a lo largo de su vida laboral el equivalente al salario de 9 días/año, con el límite de un año de salario bruto, en su cuenta de ahorro personal, y que puede utilizarla para completar el desempleo, si lo necesita, o para complementar la jubilación. Lo paga la empresa (el 1’6% de sus salario bruto) a una cuenta que gestionan empresas homologadas por la administración y tienen una fiscalidad especial.

Al generalizarse a todos los trabajadores se eliminaba la norma que impedía percibir indemnización por despido a los empleados con menos de tres años de contrato, como recogía anteriormente la legislación de ese país. Todo ello lleva como contrapartida una reducción de las cuantías del despido del 30%.

El gobernador del Banco de España hace su propia interpretación y convierte la “mochila austriaca” en la fórmula para reducir el 50% del coste del despido para las empresas (seis días menos en el temporal, diez en el despido por causas económicas y 16’5 días en el despido improcedente). Elimina el carácter disuasorio de la indemnización por despido y hace más vulnerables a los trabajadores con más antigüedad, quienes, al ser más barato su despido , pueden verse más fácilmente en la calle. De esta manera se busca que existan más posibilidades de mantener el empleo de los temporales y que, a su vez, cuando tengan una cierta antigüedad pasaran a ser despedidos.

Todo soportado con una aportación empresarial que no debe superar la actual, y con una financiación de 8.031 millones de euros procedentes de los fondos europeos para asegurar el funcionamiento en los cuatro primeros años.

Es decir, que según esta propuesta, la causa de la dualidad laboral está en el coste del despido. El fraude en las contrataciones, el exceso de tipos de contratos, la permisibilidad en su encadenamiento o el incumplimiento de su causalidad, no son motivos suficientes. Parece mentira que con la calidad intelectual del servicio de estudios que tiene el Banco de España, recurran siempre en este tema a argumentos más antiguos que el hilo negro.

El modelo italiano, por ejemplo, del que nadie habla (Trattamento Fine Rapporto TFR) se basa en la percepción de una indemnización económica al finalizar la relación laboral cualquiera que sea la causa. Se toma como referencia de compensación el último salario del trabajador y los años de antigüedad, no pudiendo superar al equivalente a un año de trabajo. Se percibe por despido y como complemento de la jubilación desde el uno de enero de 2007, y en ningún caso interfiere los derechos al desempleo ni las cuantías de los despidos.

Las empresas aportan el 7’41% del salario bruto anual y aunque no hay cuenta de ahorro individual como en el sistema austriaco, las remesas para cubrirlo deben reflejarse en el balance y la cuenta de resultados de las empresas de menos de 50 trabajadores, mientras que las más grandes transfieren las cantidades al fondo de la Tesorería. Se aplica a todos los trabajadores, excepto a los funcionarios de todas las administraciones y los autónomos.

Al margen de las opiniones que cada uno tenga sobre cómo superar la actual dualidad del mercado de trabajo, no estaría de más, tener en cuenta los informes que la propia administración ha hecho. Es el caso del informe del grupo de expertos de 13 de febrero de 2011 sobre la creación de un fondo de capitalización de los trabajadores, devenido de la Ley 35/2010 de la reforma laboral. De sus conclusiones se deducen las dificultades de su creación, el enorme volumen de recursos que precisa,, el incremento de las cotizaciones empresariales que supone y la oposición, por razones muy diferentes, de empresarios y sindicatos.

El Banco de España es una institución solvente, por eso no debería jugar con su prestigio y su alta cualificación en temas tan sensibles para millones de personas, hartas de escuchar casi siempre las mismas recetas.