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EL PERIÓDICO
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¿Cómo salir de la crisis actual?


La crisis económica y social derivada de la pandemia requiere nuevas recetas y no acudir a las ideas fracasadas que condujeron a la Gran Recesión de 2008. Hasta ahora, se ha actuado de distinta forma y frente a las políticas de austeridad que se aplicaron entonces se han puesto en marcha políticas expansivas, tanto monetarias como fiscales. Hay mucha confianza en la reanimación económica cuando se consiga disminuir los efectos del virus gracias a las vacunas.

Sin embargo, hay un cierto temor, entre los economistas discrepantes de la ortodoxia, que antes o después vuelvan las políticas de austeridad para disminuir los elevados déficits públicos y la alta deuda pública. Todo ello provocaría una vez más recortes sociales y un menor crecimiento acompañado de una creciente desigualdad. En este caso no se habrá aprendido nada de las lecciones que conviene extraer de la crisis financiera ni la producida por la pandemia. Por esto es por lo que resulta muy interesante el análisis de Steve Keen en ‘¿Podemos evitar otra crisis económica?’ (Capitán Swing, 2021). Un libro publicado en inglés en 2018 antes de la pandemia, pero que en el prólogo a la edición española ya hace referencia al Covid-19.

El análisis de Keen es acertado en la medida que la evolución de la realidad le ha dado la razón. No en vano ha sido de los pocos economistas en anunciar la crisis financiera de 2008 antes de que se produjera. Ha puesto de manifiesto cómo el cumplimiento de los criterios del Pacto de Estabilidad no aseguran lo que pretende, como es precisamente la estabilidad

El planteamiento de Keen a la hora de buscar las causas de las crisis financieras es lo contrario a lo que la ortodoxia nos tiene acostumbrados. Considera que es la deuda privada, y no la pública, el problema central que aflige a la economía global en la actualidad. Esto lo aplica muy bien al caso de España cuando dice: ”Fue casi el único país de la zona euro que cumplió y hasta sobrepasó los objetivos asociados al euro: una deuda pública de menos del 60% del PIB y un déficit menor del 3% del PIB. De hecho, sobrepasó ampliamente el objetivo del déficit, consiguiendo no ya un déficit pequeño, sino un superávit sustancial entre 2004 y la crisis, de hasta un 2,5% del PIB a mediados de 2006”.

Así que, como Keen señala, mientras el sector público español hacía lo que, de acuerdo a la economía convencional, era lo correcto, el sector privado español hacía justo lo contrario. Gastaba mucho más de lo que ingresaba, y cubría la diferencia por medio del crédito, lo que a su vez, era la causa principal de que el Gobierno pudiese conseguir un superávit anual. Esto era consecuencia del ‘boom’ de la demanda agregada basado en el crédito. Las familias doblaron su nivel de deuda en el periodo que va desde la adopción del euro hasta la crisis, mientras que la deuda empresarial casi se triplicó. Esto alimentó, asimismo, la burbuja inmobiliaria que acabó estallando. La crisis fue resultado del estallido de la burbuja de deuda privada, y los límites al gasto público impuestos por el Pacto de Estabilidad lo que provocó que la caída fuese aún mayor.

El análisis de Keen es acertado en la medida que la evolución de la realidad le ha dado la razón. No en vano ha sido de los pocos economistas en anunciar la crisis financiera de 2008 antes de que se produjera. Ha puesto de manifiesto cómo el cumplimiento de los criterios del Pacto de Estabilidad no aseguran lo que pretende, como es precisamente la estabilidad. La economía convencional puso la carreta antes que los bueyes y esto le indujo a cometer errores de tal calibre que no fueron capaces de ver lo que se avecinaba. La razón de la crisis estaba en otra parte y la principal es el comportamiento del sector privado.

Hay que señalar, en todo caso que, siguiendo a uno de sus mentores, Minsky, los ‘boom’ y las crisis están en la naturaleza del capitalismo. Lo más que se puede hacer es llevar a cabo reformas en el sector bancario y de la gestión macroeconómica para conseguir una mayor estabilidad y evitar que las crisis sean tan profundas. Tratar de escapar de la trampa que defiende la economía convencional no es tarea fácil, pues aparte de enfrentarse al paradigma dominante está el muro del sistema financiero.

Catedrático emérito Universidad Complutense.