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Los indultos como cacería fallida de la derecha


El teatrillo de la plaza de Colón del pasado fin de semana ha dejado bien clara la falta de honestidad de nuestras derechas en el tema de los indultos. Al igual que en tantas ocasiones —recogida de firmas contra el Estatut en 2006, negociación de Zapatero con ETA en 2007, crisis económica de 2008-2012, crisis política con Marruecos en 2021, etc.—, la derecha solo está interesada en manipular las emociones de los ciudadanos para erosionar al gobierno de izquierdas de turno.

Se puede estar honestamente en contra de conceder indultos a los secesionistas catalanes, pero no con los argumentos toscos y desorbitados que se han escuchado en Colón, que solo buscan causar el mayor desprestigio posible al Gobierno: los han tildado de anticonstitucionales, de traición a la patria, de atentado a la democracia, de vender la dignidad de España a cambio de dos años en la Moncloa, de enfrentarse con los jueces, de poner al Rey en un aprieto y de cuantas barbaridades se les ha ocurrido, todas ellas tramposas y falsas. Entran ganas de aplaudir los indultos tan solo por no ser confundidos con estos manipuladores.

En un artículo anterior di algunos argumentos sobre los posibles efectos beneficiosos de conceder esta medida de gracia, argumentos que pueden resumirse en uno: tendrían bastantes probabilidades de contribuir a desinflamar el conflicto catalán. También dejé claro que sus destinatarios reales no serían los secesionistas indultados sino los ciudadanos catalanes de uno y otro signo que están fatigados de tanto enfrentamiento estéril al que no ven salida.

Se puede pensar honestamente que los indultos no van a desinflamar nada y que los secesionistas van a seguir su enfrentamiento con las leyes y las instituciones de nuestra democracia. Se puede estimar que los indultos son un signo de debilidad del Estado y que suponen una falta de equidad con otros delitos cuyos protagonistas cumplen íntegramente sus condenas.

Pero, aun pensando así, no se puede criminalizar —como hace la derecha— a los que ven posibles beneficios en ellos. Se han publicado ya muchas opiniones a favor y en contra, pero la mayoría de los que están honestamente en contra —descarto, por supuesto, las opiniones vicarias de la prensa partidista— admiten que mantener a los secesionistas en la cárcel después de cuatro años alimenta el conflicto.

Los que están honestamente en contra deberían acompañar su rechazo con alguna propuesta para desencallar el conflicto catalán. Porque el fondo del problema es ese: que la mitad del censo electoral catalán apoya a los partidos secesionistas. Cerrar o disminuir esa herida es mucho más difícil que abrirla. Si no son partidarios de los indultos, ¿qué acciones debería realizar el Estado para que esos ciudadanos volvieran a creer en un proyecto compartido con el resto de España? Los que estamos a favor de los indultos, tenemos al menos un plan, una esperanza, por pequeña que sea, de iniciar una senda que podría conducir al entendimiento.

A las derechas no les importa realmente el conflicto catalán. Es más, prefieren que siga existiendo. Durante décadas, lo han utilizado para obtener votos en el resto de España. Cataluña —por una identificación poco meditada entre gobierno y ciudadanos de un territorio— no cae simpática en otras comunidades. Los gobiernos secesionistas y, antes que ellos, los gobiernos autonómicos catalanes, se han hecho antipáticos a fuerza de exigir privilegios, concesiones y recursos extra a los sucesivos gobiernos españoles. Como consecuencia, el radicalismo de la derecha contra Cataluña ha tenido siempre una buena acogida en el resto de España. La derecha ha alimentado descaradamente esa base de anticatalanismo para aumentar su caudal de votos y disminuir el del adversario. El precio de esta política suicida lo estamos pagando ahora: subida del secesionismo en Cataluña y del anticatalanismo en España, enfrentamiento entre territorios y un regalo envenenado, Vox, como recuerdo visible de esa política de tierra quemada.

Y ahora, lo están haciendo de nuevo: manipular los sentimientos de los ciudadanos que honestamente no ven clara la concesión de los indultos para enfrentarlos con el Gobierno. Su cálculo ha sido siempre explotar las adversidades para derribar a los gobiernos de izquierdas y llegar ellos al poder, que es de lo que se trata. Lo han intentado manipulando la gestión de la pandemia, lo siguen intentando con la crisis económica consecuencia de ella y, como parece que ambos temas se van solucionando, ahora lo van a intentar con los indultos. Para ellos, no hay problemas de estado o problemas, como el territorial, a los que todos deberíamos aportar soluciones. Tan solo hay oportunidades que explotar en su beneficio y en perjuicio de su adversario. Se comportan como cazadores al acecho de su presa.

Es difícil creer en el sentido de Estado de esta derecha cuando, una y otra vez, anteponen sus intereses de partido a las necesidades del país. El propio Casado ha reconocido que el PP cometió un error al recoger firmas en 2006 contra el Estatut, pero ahora él lo vuelve hacer contra los indultos —recogiendo bastantes menos, por cierto—, si bien se cuida de hacerlo en Cataluña, lo que evidencia el cinismo de su posición.

Pero el oportunismo del PP —y el de sus lamentables compañeros en esta batalla, Vox y Cs, con la señora Arrimadas tropezando en la misma piedra de Colón que su predecesor— les ha salido mal esta vez. Lejos de conseguir un clamor popular contra el Gobierno, lo que han logrado es un cierre de filas en el PSOE, la desafección de sus propios barones moderados, y el que muchas personas honestamente en contra de los indultos se hayan retirado de la escena para no ser confundidos con su turba vociferante.

Lo que no impide que el Presidente y todo su Gobierno tengan que hacer un gran esfuerzo de explicación el día que aprueben los indultos. Primero, para desmontar todas las mentiras de la derecha, pero, sobre todo, para ganarse el respeto de los ciudadanos, especialmente de los que están en contra. Para pedirles un voto de confianza y un margen de tiempo con los que poder intentar una vía de entendimiento con Cataluña. Esgrimir tan solo la Ley y utilizar a la policía y a los jueces, por más que haya sido totalmente legítimo, no ha dado resultados hasta ahora —más bien los ha dado en sentido opuesto—. Quizás los indultos tampoco lo den. Pero la obligación del Estado es seguir intentándolo.

Catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos y profesor de Ingeniería Informática de la Universidad Complutense. Fue diputado por el PSOE en la legislatura X de la Asamblea de Madrid.