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Más de 1.330 millones de fumadores


  • Escrito por Oscar Iglesias
  • Publicado en Opinión

El otro día, en una terraza, pude observar una discusión entre varias personas, porque estaban varias de ellas fumando junto a otra mesa, y desde ésta les indicaban que no se podía fumar. Desgraciadamente, este hecho no está siendo puntual, y desde la pandemia está aumentado el número de ciudadanos que están a favor de prohibir el tabaco aún más en los espacios públicos.

En este contexto, el pasado 31 de mayo, se celebró el día mundial sin tabaco. Y con ocasión de este, la Organización Mundial de la Salud presentó un informe sobre las tendencias mundiales del consumo de tabaco. En él, se señala que el consumo global de tabaco ha disminuido en 60 millones las últimas dos décadas. Concretamente, se ha pasado de 1.397 millones de fumadores en el año 2000 a 1.337 millones en 2018.

En España, más del 50 por ciento de la población no fuma, el 22 por ciento de los ciudadanos afirma que fuma a diario, el 25 por ciento se declara exfumador y un 2 por ciento dice que es fumador ocasional. Con estas cifras, estamos hablando que alrededor de 8,6 millones de españoles fuma a diario. Un auténtico problema de salud pública que hay que volver a reconducir, porque no es asumible. O acaso:

¿Es asumible que al año en el mundo se produzcan 8 millones de muertes a causa del tabaco?

¿Es asumible que al año un millón de personas que no son fumadoras mueran debido a la exposición al humo de tabaco ajeno?

¿Es asumible que las familias y los hijos de los fumadores se vean expuestos a problemas de salud como tuberculosis, diabetes de tipo 2, problemas respiratorios, asma…?

¿Es asumible que el 25 por ciento de las muertes por cáncer en el mundo se deban al consumo de tabaco?

¿Es asumible que el consumo de tabaco sea el principal problema de salud pública prevenible en los países desarrollados, siendo la primera causa de mortalidad y morbilidad evitables en España y el resto de los países de nuestro entorno?

¿Es asumible que el coste sanitario estimado para el tratamiento de las enfermedades causadas por el tabaco y la pérdida de capital humano por las afecciones y las muertes atribuibles al tabaco asciende a 1,4 billones de dólares?

¿Es asumible que sean las Administraciones Públicas, y no las propias empresas tabacaleras, las que continúan pagando la limpieza de los residuos del tabaco, cuando son las colillas de cigarrillos uno de los residuos más comunes en todo el mundo y la basura que más se recoge en las playas y las orillas de ríos y lagos?

¿Es asumible que si se utiliza una cerilla de madera para encender dos cigarrillos, considerando que se fuman seis billones de cigarrillos en todo el mundo cada año, se requeriría la tala de unos nueve millones de árboles para producir tres billones de cerillas?

Todo lo anterior, y muchas más cuestiones, no pueden seguir siendo asumibles. Y por ese motivo, es preciso ampliar la educación frente al tabaco, aumentar la prevención y restringir más el tabaco en los espacios públicos.

¿Por qué? Porque es una cuestión de salud pública y las administraciones tienen la obligación de llevarnos hacia sociedades más saludables y seguras. Pero a nivel particular, porque cuando se deja de fumar disminuye mucho el riesgo de enfermedades y los beneficios de dejar de fumar son casi inmediatos.

Como señala la OMS, a los 20 minutos disminuye la frecuencia cardíaca. A las 12 horas, las concentraciones de monóxido de carbono en la sangre vuelven a la normalidad. Entre la segunda semana y los tres meses, la circulación y la función pulmonar mejoran.

Es decir, por tu salud y tu calidad de vida. Por tu familia y tus amigos y porque ahorraras dinero. Hay que avanzar más.