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EL PERIÓDICO
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No se puede tener todo, pero tampoco volver atrás


Es que no se puede tener todo: la recuperación de la salud publica, la vuelta del turismo y la apertura total de la hostelería a un tiempo. Mejor que la quimera es la conciliación de necesidades, intereses y compromisos que es lo que corresponde a la buena política.

Es verdad que el populismo defiende que todo es posible, pero desde niños sabemos que no es verdad, aunque ante la inseguridad y la incertidumbre cada vez mayores, votemos como si lo creyéramos. Lo malo es que la política ficción trae luego amargas decepciones en forma de unos datos de incidencia que sirven de argumento a nuestros principales clientes turísticos europeos como Gran Bretaña o a Marruecos, nuestro vecino del sur, para negarnos el pan y la sal de sus ciudadanos en las zonas turísticas y en el paso del estrecho, de forma que mantenemos abiertos los locales al publico con sus aforos completos pero sin la demanda esperada. Pero tampoco la izquierda en el gobierno puede seguir gestionando la pandemia como si nada hubiera cambiado y no nos encontráramos en su fase final y con una parte de los ciudadanos, y en particular de los jóvenes, más allá de la línea de salida.

Es verdad que las derechas siempre pueden recurrir al comodín de la incompetencia de la política exterior y la diplomacia de nuestro gobierno para convencernos de nuestras buenas razones, aunque normalmente no nos apoyen las cifras de la incidencia de la pandemia y los colores de los semáforos correspondientes.

Resulta que ante la pandemia, como ocurre en general ante las catástrofes, hemos pasado de la negación inicial, y por eso el exceso de confianza, las carencias en prevención y el retraso en las medidas de respuesta, para luego recurrir al miedo en el confinamiento y la atribución de culpas ajenas, más tarde a la resignación ante lo inevitable y finalmente del cansancio a la esperanza y ahora ya casi situados en la postpandemia y en el olvido. En eso estamos, y sin embargo la izquierda no hemos sabido, y seguimos sin saber, representar la esperanza del fin de la pandemia sin olvidar sus secuelas humanas, sanitarias, sociales y económicas, pero sobre todo a los ciudadanos más afectados.

En las elecciones madrileñas unos votaron lo que siempre han pensado: fundamentalmente como rechazo de la izquierda o bien a favor de la política de la derecha. Otros votaron a la izquierda o también básicamente frente a la derecha. Pero no pocos optaron por las medidas que simbolizaban la salida de las restricciones de confinamientos y cierres y por el olvido definitivo de la pandemia, aunque en parte fuese un autoengaño. El populismo requiere de creyentes. Otros sin embargo votaron por la protección de los más vulnerables y los cuidados. Por eso tampoco se puede considerar que las decisiones de los electores madrileños no son autónomas, responsables ni conllevan consecuencias

Es cierto que la principal responsabilidad del fracaso es de la izquierda, y sobre todo del PSOE en Madrid, pero también los errores y las carencias en la gestión del gobierno de coalición, la gestión en general y en particular la de la pandemia. Cosa que requiere de análisis concreto tanto como de rectificación urgente.

Por eso, después del final definitivo del estado de alarma y con el varapalo sufrido en las elecciones madrileñas, ahora al cabo de un mes es inexplicable el nuevo bandazo de las actuaciones coordinadas para la desescalada, después del error de comunicación con la vacuna de AstraZeneca que ha convertido el riego de la desconfianza inicial en una adhesión muy mayoritaria por parte de los ciudadanos. Una desescalada ineludible para alcanzar el objetivo de doblegar la transmisión comunitaria junto con la inmunidad de grupo, como ante anteriores momentos críticos de la pandemia, pero con unas medidas desproporcionadas y mal comunicadas, con un carácter impositivo primero para luego flexibilizarlas, que han dado la excusa perfecta a la derecha para eludir de nuevo cualquier compromiso, muy al contrario cerrando filas en el bloqueo de las medidas propuestas en defensa de sus competencias y de los sectores potencialmente afectados por las mismas.

La misma derecha que primero ha acusado al gobierno de imponer restricciones desmesuradas, y que luego, cuando éste las ha flexibilizado, le acusa de recular por falta de criterio y que a pesar de no encontrarse afectados por ellas, presentan un recurso pidiendo medidas cautelares para su paralización, dicen que por impuestas y arbitrarias.

En definitiva, el resumen de la estrategia de la derecha en la pandemia, en que tan pronto se acusa al gobierno de autoritario con motivo del mando único, como de dejación de funciones por no desarrollar una legislación de pandemias fura del estado de alarma, cuando la gestión recae en las CCAA, ignorando el carácter complementario de la legislación del estado de alarma y la de salud pública para hacer frente a la pandemia, pero que se convierte en papel mojado cuando se incumple con el mandato Constitucional de la cooperación y la cogobernanza ente las Administraciones con competencias compartidas en la materia.

Es por eso que resulta sumamente curioso que la Audiencia Nacional paralice las actuaciones coordinadas de desescalada en razón a la confusión que podrían implicar las medidas contradictorias de las diferentes administraciones en la ciudadanía y en sectores como el de la hostelería madrileña, cuando con los mismos argumentos podría haber primado las medidas generales encaminadas al objetivo de la protección de la salud pública, en particular en territorios con una incidencia en algunas CCAA como Madrid y Euskadi, superiores a la media y con dificultades evidentes para cumplir el objetivo marcado de incidencia, a pesar del importante avance de la progresiva vacunación en el final de la pandemia.

Parece que ahora el ministerio de sanidad da un paso más en desdecirse de sus pronunciamientos iniciales, tanto en el contenido de las medidas, exceptuando de las mismas las relativas a la hostelería, como en la forma de la decisión adoptar, anunciando que finalmente, en aras del consenso, serán indicaciones y no actuaciones coordinadas de obligado cumplimiento. Esperemos que no renuncie a defenderlas en estos tres días de plazo para dar sus argumentos ante el tribunal. Una derrota en toda regla, en otra batalla en el campo de la esperanza y el olvido que el gobierno y la izquierda teníamos perdida de antemano. Lo que pasa es que en los últimos tiempos, el ministerio de sanidad, con una serie de bandazos en sus decisiones nos aboca a batallas perdidas, cuando el núcleo de su gestión del final de la pandemia, y en particular de la vacunación es un éxito, que aparece sin embargo empañado por los cambios de posición, amplificando con ello el ruido y la euforia del adversario. Es hora de hacer política desde el ministerio de sanidad, lo que implica medir, consensuar y de rectificar. Porque como decíamos al principio, no se puede tenerlo todo, pero ya en el tramo final de una larga y dura pandemia, tampoco se trata de volver atrás ni de dar bazas al adversario.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.