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EL PERIÓDICO
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La izquierda y el reagrupamiento populista


'La extrapolación consiste en trasladar un resultado concreto a un espacio más amplio o en otro momento'.

Hasta ahora, tan solo las elecciones autonómicas y municipales del último domingo de Mayo habían servido para tomar el pulso electoral a medio camino de la legislatura. No ha ocurrido así con las convocatorias de las CCAA históricas o con capacidad de disolución de la cámara y autonomía institucional, porque se entendía que por la presencia nacionalista, sus resultados eran poco significativos para que tuvieran representatividad a nivel estatal.

Así ha ocurrido durante esta pandemia con las elecciones autonómicas en Galicia, Euskadi y más recientemente con Cataluña, de las que nadie quiso extraer consecuencias extrapolables a las futuras elecciones generales. Quizá porque estaban muy lejos de una convocatoria, probablemente porque en conjunto no presuponían la consolidación de una alternativa con posibilidades de ganar las próximas elecciones y porque no eran precisamente favorables a la derecha.

Hay que concluir pues, que Madrid es algo más que la Comunidad Autónoma de la capital de España y en consecuencia la principal sede de las instituciones del estado y de buena parte del poder económico y de los medios de comunicación. Tal parece que además fuese una muestra representativa de las tendencias electorales, cuando por el contrario sus mayorías conservadoras hace décadas que no coinciden con los resultados de las elecciones generales. La Comunidad de Madrid lleva ventiseis años siendo gobernada por la derecha, mientras solo ocho de estos últimos años ésta ha logrado gobernar en España. Sin embargo, el contundente triunfo electoral de la derecha en la Comunidad de Madrid, con una participación sin precedentes (y aún menos en pandemia), ha provocado un alud de extrapolaciones, que inmediatamente han sido respaldadas luego por varias encuestas postelectorales. Estas elecciones han tenido además un significado general, tanto por la participación directa del exvicepresidente del gobierno y del portavoz de Ciudadanos como candidatos, pero sobre todo por unos resultados que prefiguran la recomposición de la derecha en torno al liderazgo del PP y la práctica desaparición de Ciudadanos, como las dificultades de la izquierda en general y en particular del PSOE, pero también los retos del liderazgo de Unidas Podemos, así como por las nuevas posibilidades del proyecto de Más Madrid.

Sin embargo, estas elecciones no tienen las características para ser analizadas ni proyectadas como si de una primera vuelta se tratase, por razones evidentes de tiempo, al encontrarnos muy lejos de las elecciones generales y con al menos unas elecciones autonómicas y municipales a dos años vista, que estás sí serán la primera vuelta de las generales o se convocarán conjuntamente, como es lo más probable. Un tiempo de más de dos años y medio que en las actuales circunstancias es una eternidad sujeta a una montaña rusa de expectativas y de cambios.

Aunque también es verdad que el resultado electoral, y sobre todo el vuelco de las encuestas postelectorales, debieran servir de advertencia a los partidos de la izquierda, más allá de la necesaria rectificación y relanzamiento en la Comunidad de Madrid, para analizar los factores generales que puedan estar influyendo en la movilización del electorado de la derecha y en la desmovilización del de la izquierda, atribuibles en principio al efecto vicario de ganadores y perdedores en las elecciones madrileñas, pero también al corrimiento de voto, no solo dentro de cada bloque como en el caso de Ciudadanos hacia el PP o del PSOE hacía más Madrid, sino también traspasando incluso las barreras ideológicas desde el centro izquierda hacia el centro derecha, lo que tiene mayor trascendencia.

La razón fundamental es, a bote pronto, que la izquierda no ha sido capaz de convencer a los ciudadanos madrileños, y probablemente a parte de los españoles, de su modelo de gestión de la pandemia basado en la prioridad de la salud pública, ni en consecuencia de responsabilizar a la derecha de Ayuso y Casado de su estrategia de bloqueo y de sus coqueteos con la actitud negacionista de la extrema derecha.

Muy al contrario, la derecha ha sabido situarse al frente de la recta de salida de la pandemia y de la recuperación de la normalidad económica, en particular entre los sectores de la hostelería y también entre los jóvenes y no tan jóvenes consumidores, con su consigna populista en favor de la libertad. Y ha logrado eludir al mismo tiempo su responsabilidad en la gestión de la pandemia, atribuyendo todos los errores, bien inicialmente al autoritarismo, como en el tramo final a la inacción del gobierno. Resulta curioso como el éxito de la vacunación, al igual que las medidas de protección de la actividad económica han sido capitalizadas por la derecha en detrimento de la izquierda.

Tampoco la izquierda ha podido rentabilizar el amplio abanico de sus medidas sociales para no dejar atrás a los más vulnerables como consecuencia de la pandemia. Así, los ERTEs como el ingreso mínimo vital y la paralización de los desahucios, en contraste con la gestión austericida de la derecha en la crisis financiera, han quedado diluidos en una concertación social sin lectura política. Por el contrario, ha podido más el malestar social por el desbordamiento de los servicios públicos como consecuencia de la pandemia, junto a la inseguridad y la incertidumbre sobre el futuro. Estos pueden haber sido los factores desencadenantes del vuelco en la opinión pública, a los que habría que añadir la imagen de los desacuerdos y la consiguiente parálisis de algunas medidas significativas y el debilitamiento de la acción unitaria del gobierno de coalición como consecuencia de las discrepancias internas en materias tan vitales como la contención de los precios del alquiler o la legislación en materia de libertades, que afectan de manera espacial a los jóvenes.

Por otra parte, nuevos factores, como el conflicto con Marruecos, que tiene como trasfondo la gestión de la inmigración y de las relaciones exteriores y su utilización por parte de la oposición, no hay duda de que puede haber contribuido a deteriorar la imagen del gobierno. También ha vuelto a primer plano la cuestión catalana, con el nuevo gobierno independentista encabezado está vez por ERC y con ella, la evidencia de la debilidad de la mayoría de investidura. A ello se sumará en próximas fechas el indulto a los presos condenados por el Proces, que a buen seguro incrementará los decibelios de la oposición y en la misma medida acentuará el repliegue de la izquierda. Todos estos factores tienen que ser analizados por la izquierda para recuperar la iniciativa y con ella movilizar a un electorado que se ha visto sorprendido por el contundente resultado electoral de Madrid provocando el vuelco de las encuestas.

La dinámica política estatal de populismo polarizado sí ha impregnado el medio ambiente madrileño y es lo que le dio seguridad al PP para lanzar su operación de reagrupamiento nacional que ha tenido este primer éxito. Si bien las condiciones de Madrid comunidad no son extrapolables sí lo es el medio polarizo que ha cambiado la naturaleza de la acción política y que va ir a más. Es decir, no son sólo -siendo muy importantes- las condiciones particulares de la política madrileña las que provocan la victoria de la derecha, lo que ha hecho que sea arrolladora y quiera ser aprovechada por el PP estatal, ha sido el nuevo paradigma general en el que se han desarrollado las elecciones que sí es extrapolable. La nueva manifestación preventiva del trío de Colón es una nueva sobreactuación y subordinación de la derecha a la recomposición trumpista.

Esto es lo que le llega a la izquierda, y a todos los demócratas, por el camino y que el debate sobre los indultos agudizará. El paradigma populista iniciado en 2014, en su declive, puede colapsar las instituciones. El problema no es solo que el Tribunal Supremo prepare el argumentario político contra el indulto, sino que aporte la línea del recurso a la oposición y le marque el resquicio para su anulación por 'manifiesta irrazonabilidad' a la sala III de lo Contencioso Administrativo.

Por eso los indultos tienen que formar parte de una nueva etapa y de un compromiso político para encauzar las relaciones entre catalanes y con el conjunto de España en el marco constitucional.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.