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EL PERIÓDICO
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Los grandes retos y la falta de respuestas


El historiador Tony Judt publicó en 2010, un poco antes de morirse, el libro Algo va mal (Taurus). Es su testamento político y, por desgracia, sigue siendo vigente once años más tarde, en la medida en que los males que denunciaba no sólo no se han resuelto, sino que se han agravado. El comienzo es muy revelador de lo que sucede: “Hay algo profundamente erróneo en la forma en la que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen”. Aquí convendrá citar a Antonio Machado: “Necio el que confunde valor y precio”, aunque Quevedo siglos antes citó una parecida: “Sólo el necio confunde valor y precio”.

Esta confusión ha conducido a la depredación de la naturaleza y al cambio climático fruto de la búsqueda del beneficio a costa de lo que sea, y de no tener en cuenta precisamente el valor del ecosistema. A su vez, aumenta la desigualdad, la precarización del trabajo, los recortes del Estado del Bienestar, la privatización y la desregulación. La riqueza aumenta pero empeora la distribución. La inseguridad económica se incrementa. Todo ello basado en esa búsqueda del beneficio y en el fetichismo del crecimiento.

La salida de la grave crisis económica y social provocada por la pandemia esperemos que sea distinta. De momento se han tomado acciones diferentes a las que se llevaron a cabo durante la crisis financiera. El problema reside en si esto será duradero o solamente servirá para salvar una coyuntura de una gravedad sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial

De la crisis financiera no se han extraído las suficientes lecciones por parte del pensamiento económico dominante, así como tampoco por dirigentes políticos, de forma que las decisiones tomadas para salir de la crisis fue más de lo mismo. No se siguió la recomendación de Judt: “No podemos seguir viviendo así. El pequeño ‘crack’ de 2008 fue un recordatorio de que el capitalismo no regulado es el peor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios excesos y a volver a acudir al Estado para que lo rescate”.

La salida de la grave crisis económica y social provocada por la pandemia esperemos que sea distinta. De momento se han tomado acciones diferentes a las que se llevaron a cabo durante la crisis financiera. El problema reside en si esto será duradero o solamente servirá para salvar una coyuntura de una gravedad sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Es posible que tras la expansión del gasto público e incremento de la deuda, y si se consigue la recuperación económica, se vuelva a exigir a los gobiernos políticas de austeridad para pagar las deudas contraídas por la necesidad.

En todo caso, la economía mundial se enfrenta a tantos problemas graves que las respuestas no pueden ser solamente las que se están dando, sino que hay que modificar las estructuras económicas actuales. Hace falta una transición no solamente energética, sino de un modelo que no se rija solamente por el beneficio, y en el que no se confunda el valor y el precio. En este sentido, no estoy de acuerdo con Judt cuando señala: “Sin embargo, parecemos incapaces de imaginar alternativas”. No es así ni mucho menos, pues se están dando diferentes alternativas de las que me he hecho eco en diferentes artículos. Es posible que se considere que no las había en 2010 y ahora sí. No obstante, desde los años ochenta del siglo pasado se alzaron voces en contra del neoliberalismo. Lo que sucedió es que fueron voces en el desierto. No es que no tuvieran seguidores, que siempre los han tenido, pero su incidencia ha sido escasa en los órganos de decisión.

En la década anterior y en los inicios de ésta, la proliferación de libros y artículos de calidad es un claro ejemplo de ello. Confío en que tanto en la academia como en la toma de decisiones deje de ser dominante el paradigma neoliberal y que la ciudadanía tome conciencia de que nos estamos jugando el futuro. Tarea difícil pero no imposible. Hay que aprender de la crisis para no caer en los mismos errores.

 

Catedrático emérito Universidad Complutense.