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El modelo neoliberal está caduco, pero no muerto


  • Escrito por Carlos Berzosa
  • Publicado en Opinión

Las dos crisis económicas que se han dado en poco tiempo han puesto en cuestión el modelo neoliberal. La que se desencadenó en 2008 fue resultado de un capitalismo desregulado como consecuencia de la extensión de un paradigma sustentado en la creencia de las bondades del mercado y que ponía en cuestión el papel del Estado en la intervención de la economía. Muchos economistas consideran que la catástrofe de la crisis puede ser también una oportunidad para cambiar las bases de una economía que ha conducido a tan fatal desenlace. También se cita con frecuencia la frase de Schumpeter de destrucción creativa que se da en las crisis.

No se llevó a cabo ninguna de las dos cosas. Se hizo más de lo mismo. Las medidas aplicadas supusieron un alargamiento de la crisis al tiempo que se agravaban las tendencias anteriores: desigualdad y menor crecimiento. Tuvo lugar una falsa salida que dejó a las economías muy debilitadas y a los pies de los caballos cuando apareció la pandemia. El coronavirus ha creado una crisis sanitaria que está teniendo unas consecuencias graves para la economía y la sociedad. Si algo ha puesto de manifiesto la crisis desencadenada por el Covid-19 es la importancia del sector público para tratar de paliar los efectos más negativos, así como el papel fundamental que debe desempeñar para la salida.

El FMI pide un impuesto a las rentas más altas para pagar la factura de la pandemia, mientras Vitor Gaspar, jefe de fiscalidad del FMI, reconoce que la política fiscal “es una herramienta muy poderosa”

Ante estas evidencias, sin embargo, hay posiciones, sobre todo en la retrógrada derecha española, que siguen planteando las políticas neoliberales como respuesta ante una calamidad de este calibre. Su ceguera, resultado de los pocos conocimientos que poseen, hace que vuelvan a plantear los principios neoliberales como si nada hubiera pasado. Como dice con acierto el filósofo Richard J. Bernstein en una entrevista en El País el 28 de febrero de 2021: “Las ideas que van en contra de los hechos probados son perniciosas”. Lo peor que puede pasar es que se impongan estas ideas que conducirán a medio plazo a un desastre de envergadura, tanto ecológico, como social y económico. De seguir por ese camino no sólo no se resolverán los problemas ya existentes, sino que se agravarán las tendencias que nos han conducido hasta aquí.

El reto que tenemos delante es que se han generado unos problemas en esta fase del capitalismo neoliberal que los ciudadanos no hemos creado pero sí que tenemos que tratar de resolver. El hecho de que el neoliberalismo no esté muerto es porque ha respondido a unos intereses de clase de las rentas más altas así como a los grandes grupos financieros y empresariales. Las políticas neoliberales han reforzado el poder de clase.

A pesar de ello, la gravedad de la situación ha conducido a que la UE haya cambiado la actuación tan nefasta que tuvo en la crisis de 2008 con las políticas de austeridad por políticas expansivas permitiendo el aumento del gasto público y el del déficit. El FMI pide un impuesto a las rentas más altas para pagar la factura de la pandemia, mientras Vitor Gaspar, jefe de fiscalidad del FMI, reconoce que la política fiscal “es una herramienta muy poderosa”. Conviene recordar que el neoliberalismo ha dado primacía a la política monetaria sobre la fiscal que además ha tratado de reducirla al mínimo. A estas acciones hay que añadir el programa de fiscalidad de Biden que, entre otras medidas, pretende aumentar el impuesto sobre sociedades, a la vez que van dirigidas contra los paraísos fiscales.

La derecha española se sitúa fuera de juego ante estas propuestas y lo único que se le ocurre es que hay que bajar los impuestos, más si cabe. La política de Biden aquí se considera extremista. La izquierda tiene que actuar desmontando los falsos argumentos, al tiempo que hacer propuestas en positivo.