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¿España es diferente?


La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Pocas horas después de cerrarse las urnas y de proclamarse los resultados de las elecciones en la Comunidad de Madrid, he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones con un alto cargo del gobierno francés –por lo tanto, nada sospechoso de “socialcomunista”–…; y he vuelto a comprobar la sorpresa que causa en otros países europeos la creciente convergencia entre el Partido Popular y Vox.

En Francia, como en Alemania, los partidos conservadores se niegan a establecer coaliciones de gobierno con la ultraderecha (la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen y la Alianza por Alemania, AfD, respectivamente). Las escasas ocasiones en las que ha habido una aproximación, como fue el caso del ‘lander’ de Turingia –donde el candidato liberal fue elegido con los votos del CDU (el partido de Ángela Merkel) y de AfD–, se desencadenó una tormenta política de tal magnitud que acabó con este acuerdo de manera fulminante. La canciller Merkel ha sido especialmente contundente en su defensa del establecimiento del «cordón sanitario» para evitar la penetracion de AfD en las instituciones públicas.

Veintiséis años de gobierno continuado del Partido Popular en Madrid han consolidado su control institucional en una sociedad extremadamente desigual, donde muchos de los más vulnerables han sido además engañados sobre la mala gestion sanitaria y económica por parte del gobierno regional de Díaz Ayuso, que ha conseguido trasladar su propia irresponsabilidad al Gobierno de España

¿Cómo se explica la diferencia en la actitud del Partido Popular español respecto a la experiencia de los países de nuestro entorno?

Para comenzar, sólo en España la dictadura franquista se prolongó durante 40 años y terminó tras la muerte de Franco por causas naturales. Sólo en España se ha mantenido durante más de otros cuarenta años, en plena democracia, la privilegiada ubicación de los restos mortales del dictador… y sólo en España los jóvenes se han educado con una escasísima información sobre la historia del siglo XX en nuestro país. Todos los menores de 40 años han nacido en democracia y seguramente la mayoría de ellos apenas pueden imaginar cómo se vivía en la España de sus padres y de sus abuelos, sin derechos ni libertades.

Sin duda, son los jóvenes quienes se ven más afectados por las sucesivas crisis económicas de la última década, y quienes pueden ser especialmente críticos frente a las instituciones democráticas por las insuficientes medidas de apoyo a las que pueden acceder. Por eso es fundamental la próxima aprobación de una ley de vivienda que garantice el derecho al acceso a la misma, en alquiler o en propiedad, con una fuerte inversión pública tanto para la rehabilitación como la construcción de viviendas asequibles. Y es también crucial la ya programada transformación de las políticas activas de empleo, para incrementar su eficacia y contribuir a la reducción de la elevadisima tasa de desempleo y de precariedad de los jóvenes.

Pero la singularidad de España respecto de otros países que vivieron episodios de fascismo es la vinculación –o al menos la insuficiente desvinculación– del Partido Popular con la extrema derecha, ya que su nacimiento se produjo a partir del propio franquismo, una circunstancia que no se ha producido en nuestro entorno. Muchos de sus primeros líderes fueron ministros o dirigentes durante aquella etapa, y han pasado demasiados años antes de que el Partido Popular rechace formalmente el franquismo y acepte, muy a regañadientes, la reparación del daño infligido a las víctimas de la represión. Por eso no puede extrañar que acaben aceptando determinados postulados de Vox en contra de las medidas asociadas con la “memoria histórica”, así como otros planteamientos propios de la extrema derecha –xenofobia, machismo, negacionismo climático…–, cuando gobiernan gracias al apoyo de Vox. Todo ello contribuye a la “normalización” del fascismo.

Si España es diferente, Madrid quizás lo es todavía más. Veintiséis años de gobierno continuado del Partido Popular han consolidado su control de muchas instancias públicas, así como de varios medios de comunicación, que ocultan o minusvaloran la realidad de una sociedad extremadamente desigual, donde muchos de los más vulnerables han sido además engañados sobre la mala gestion sanitaria y económica por parte del gobierno regional, que ha conseguido trasladar su propia irresponsabilidad al Gobierno de España.

Así que, sin prejuicio de la necesaria reflexión autocrítica desde la izquierda sobre la victoria sin paliativos de Ayuso –a la que ha contribuido también la “fatiga pandemica”–, vale la pena analizar esas diferencias entre España y los países de nuestro entorno, que comportan una cierta banalizacion del fascismo: esa lacra que, según la presidenta Ayuso, la coloca “en el lado bueno de la historia”.

Presidenta del PSOE, partido del que es miembro desde 1993. Vicepresidenta Primera del Senado. Doctora en Economía por la Universidad de Roma, ha sido, entre otros cargos, secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda (1993-1996) y ministra de Medio Ambiente (2004-2008), así como embajadora de España ante la OCDE (2008-2011). Desde enero de 2013, y hasta su elección como presidenta del PSOE, ha sido consejera del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Es miembro del Global Sustainability Panel del secretario general de Naciones Unidas (2010-2012), de la Global Ocean Commision y de la Red española de Desarrollo Sostenible. También forma parte del colectivo Economistas frente a la Crisis.