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EL PERIÓDICO
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Pandemia de ruido y furia..


Ruido, mucho ruido en pandemia, demasiado, hasta el punto que casi ni nos oímos. Lo de escucharnos, hace ya tiempo que es sólo la excepción a la regla.

El ruido sobre las vacunas y la furia de una campaña electoral permanente, en la que al parecer todo vale. El ruido más reciente ha sido con motivo de las vacunas Astra Zeneca y Janssen, debido a la paralización del lento inicio de las vacunaciones, todo por una absoluta minoría de posibles efectos adversos de trombosis con trombocitopenia. Como excepción, está vez ha empezado fuera de España, a un nivel global, primero con los datos de millones de vacunas, en Gran Bretaña y en la UE en el caso de Astra Zeneca y a continuación desde los EEUU con los casos detectados con respecto a la vacuna de Janssen. Las coincidencias entre los dos tipos de vacunas van más allá de la rareza de los casos y se extienden a la composición de vectores virales de ambas y por otro lado en el incumplimiento previo de las compañías farmacéuticas de los plazos y las remesas comprometidos con la Unión Europea. Ahora que tocaba enviar el volumen acordado, hasta hoy incumplido, casualmente es cuando han empezado los casos adversos, las dudas y los bandazos en cuanto a los colectivos y las edades susceptibles de recibir la vacuna y finalmente los frenazos tanto de la segunda dosis de Astra Zeneca, como de la administración de la dosis única de Janssen. Lo extraño es que Pfizer y Moderna de ARN mensajero no hayan comunicado aún sus efectos adversos.

Sin solución de continuidad, se ha producido el estruendo en los los medios de comunicación sobre la excepción de los casos con trombos convertida en alarma, luego el de los gobiernos sobre los grupos de edad diana y finalmente el de todos, quizá demasiado tarde, sobre la necesidad de una comunicación equilibrada del balance entre riesgo y beneficio. Y como consecuencia no menor: la alteración de la estrategia vacunal y de sus prioridades de grupos vulnerables de edad y de patologías de riesgo. El desconcierto.

A río revuelto, el sonido interesado de la atribución de la responsabilidad del retraso a la burocracia y la tacañería en la negociación por parte de la UE, pero que oculta que la verdadera causa es el incumplimiento de los compromisos de producción y distribución de las vacunas las compañías farmacéuticas, y no el contrato de la Comisión Europea ni la administración de las vacunas por parte de las CCAA.

En España, como es habitual y para no quedarnos atrás, hemos añadido al ruido global nuestros propios decibelios, con nuestro particular debate en relación al momento final del estado de alarma, la posible cuarta ola y las dudas sobre la cobertura jurídica que supondrán las medidas de salud pública a partir del nueve de Mayo.

Lo cierto es que desde un principio la legislación del estado de alarma ha estado envuelta en un ruido furioso, por parte de la extrema derecha primero con el argumento conspiranoico del golpe constitucional y las oscuras intenciones eugenésicas, asumidas luego por el PP que se ha negado a respaldar las últimas prórrogas y las declaraciones posteriores.

Todo ello aderezado con la alternativa de un supuesto plan B que permitiría hacer lo mismo pero en el marco de la legislación de salud pública, mediante una reforma de la ley de medidas especiales para actualizarla como ley de pandemias. Sin embargo, lo que nunca garantizaría la mencionada reforma, por mucho bombo que se le dé, es que para limitaciones de derechos fundamentales con motivo de las pandemias, no haya que recurrir de nuevo a la denostada ley del estado de alarma, que para eso se previó en la Constitución y se desarrolló como tal en la propia ley que lo regula.

La voluntad manifestada por el Presidente del gobierno, de que con las medidas de contención y las vacunas, se pueda abordar el fin de la pandemia con la legislación especial y la general de salud pública y las actuaciones coordinadas de la ley de cohesión, de común acuerdo en el marco del consejo interterritorial, han sido consideradas motivo de inseguridad jurídica por algunos gobiernos de CCAA, e incluso una nueva y estruendosa vulneración de los derechos fundamentales por parte de los de siempre. Ya casi no hay margen para más ruido.

Pero también ruido sobre el inicio y desarrollo progresivo de la pudiera ser un repunte de la tercera o bien una cuarta ola de la pandemia, con los culpables de siempre,: la política y el gobierno que aparecen como omnipotentes sin competencia, frente a la infalibilidad de los expertos y la victimización de los sectores económicos, en particular de la hostelería y el turismo. Las víctimas de la terraza, el sol y la playa.

Y entre el cero de los negacionista y el infinito del cero covid y su común adversario de la estrategia de mitigación y las actuaciones coordinadas del Consejo Interterritorial, la presidenta de la Comunidad de Madrid aparece de nuevo como la Juana de Arco de la hostelería y de la libertad del consumo frente a las restricciones del gobierno. Poco importan sus manifiestas consecuencias en sobremortalidad y sus magros efectos económicos. Lo importante es agitar y polarizar frente al gobierno que restringe las libertades de los madrileños. Un runrún constante.

Sin embargo, no parece que en este caso se deba a que el gobierno y las CCAA hayan intentado salvar la semana santa, con medidas puntuales de flexibilidad, como se adujo en el caso de la Navidad. En este caso han mantenido los cierres perimetrales, el toque de queda y solo algunas CCAA han aflojado las duras restricciones de movilidad y aforos de acuerdo al semáforo pactado. A pesar de ello, con el repunte vuelve otra vez el ruido entre expertos, responsables públicos y sectores afectados. Unos que por flexibilizar, otros que por culpa de otras administraciones y todos que hay que restringir más o que no hay restringir nada a un mismo tiempo. Un soniquete frustrante.

Todo ello, como si no tuviéramos suficiente con el griterío preelectoral que comenzó en Cataluña, pasando por Murcia y terminando estallando en la Comunidad de Madrid. Con el ruido de fondo para continuar con la deslegitimación y desestabilización del sedicente gobierno socialcomunista, ahora para obstaculizar la gestión de los futuros fondos europeos de reconstrucción, no vaya a ser que se consolide. Entre el ruido y la furia.

Mientras tanto, el espeso silencio sobre los importantes avances de la vacunación en España, primero del logro de la inmunidad de los más frágiles en las residencias de ancianos y luego de la inmunidad de los más vulnerables frente al nacionalismo y el mercantilismo vacunal.

El ruido y la furia que ocultan lo más importante: La velocidad cada vez mayor de la vacunación en España y por tanto la progresiva inmunización de los más vulnerables y de mayor riesgo con la esperanza al alcance de la mano de la inmunidad de grupo. No se trata tampoco de vacunar al tuntún, la cuestión es hacerlo de forma progresiva y ordenada empezando por las edades y los colectivos más vulnerables como prevé la estrategia vacunal europea en contraste con la norteamericana. En España, pero también con el resto del mundo.También la necesidad de la cooperación y la gobernanza para hacer frente al final de la pandemia, la solidaridad y más en concreto la suspensión de las patentes frente al nacionalismo y el mercantilismo vacunal. Asimismo la urgencia de un contrato social global para paliar las consecuencias sociales de la pandemia, en particular la marginación de los países, los pueblos y las clases más pobres. En definitiva, para actuar con modestia y preparación ante las amenazas pandémicas, lograr la recuperación de la sanidad y en especial de la salud pública, la atención primaria y la salud mental y reducir la desigualdad.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.