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La autoestima el espejo del autoconcepto


Al hilo de las habilidades sociales, reflexionamos en la autoestima como eje vertebrador que mucha relación, tanto de causa como de efecto, con las habilidades sociales y es muy necesario analizar.

Por abundar sobre lo que constituye una configuración psicológica compleja, es necesario delimitarla con otro concepto, que guarda mucha relación y de hecho muchos consideran que es lo mismo, posee sin duda algunas diferencias: el autoconcepto. El autoconcepto posee una definición amplia pero lo podemos definir como una configuración psicológica donde emergen ideas, criterios y percepciones de sí mismo del otro y del medio que lo rodea y que el mismo está sujeto a cambios, pues esta supone una historia personal que se enriquece día a día.

La autoestima está relacionada al autoconcepto y se refiere al valor que se confiere al yo percibido, por lo que consideramos que tiene que ver más con el valor afectivo y por lo tanto se reviste de una carga psicológica dinámica muy fuerte. Al constituirse autoconcepto-autoestima en una unidad cognitiva-afectiva que con el desarrollo individual se integra dentro de la estructura de la personalidad, va adquiriendo un potencial regulador de conducta, de gran relevancia y en un centro productor de estados emocionales diversos. De esta forma, si la autoestima es alta expresa el sentimiento de que uno es lo "suficientemente bueno" y está preparado para diferentes situaciones que debe afrontar en el transcurso de la vida; la baja autoestima implica la insatisfacción, el rechazo y el desprecio hacia sí mismo, por lo cual emerge la imposibilidad de poder realizar ciertas tareas, por lo que existe un sentimiento de minusvalía.

La autoestima tiene que ver con la expresión de actitudes de aprobación (aceptación) con respecto a la capacidad y valor de sí mismo, el autoconcepto se refiere a la colección de actitudes y la concepción que tenemos acerca de nosotros mismos, lo cual es de vital importancia para el sujeto en sus relaciones interpersonales, de forma general el autoconcepto y la autoestima tienen referencias con la imagen de sí mismo.

Durante la niñez emerge en forma gradual un concepción de sí mismo estructurada. Los niños empiezan a ser capaces de describir elementos que caracterizan su masculinidad o feminidad, así como rasgos y hábitos que distinguen su "personalidad". Sin embargo, estas definiciones conceptuales en sí mismas están ligadas a situaciones concretas y definiciones dadas por sus padres, profesores y otros niños. A nivel emocional tanto la autoestima como el control de los sentimientos y las emociones están ligadas a relaciones afectivas actuales. En un organización progresiva de este conocimiento los niños elaboran reglas, creencias y opiniones acerca de sí mismo y la gente que los rodea, que constante mente se refuerza en dependencia de las tareas o situaciones que deben resolver y las relaciones que establece en estas, sin embargo, la estructura no puede ir más allá de los contextos específicos en que se originó. El adolescente aparece preparado con las habilidades necesarias para una relación autónoma con la realidad externa y para una organización formal del autoconocimiento, sin embargo, aunque el repertorio este completo, su uso no se observa hasta el adulto joven, pues el adolescente parece mucho más inclinado a analizar y observar las nuevas capacidades cognitivas y somáticas que a encontrarle un uso práctico.

El conocimiento adquirido por una persona durante el curso de su desarrollo se estructura con el desarrollo completo de sus habilidades lógico-deductivas durante el periodo comprendido entre la adolescencia y la adultez. La habilidad para trasformar los propios procesos cognitivos y emocionales en objeto del pensamiento es la condición que permite al individuo a empezar a descodificar y conceptualizar su conocimiento anteriormente adquirido. Con la emergencia de destrezas que resultan del pensamiento abstracto, los individuos pueden finalmente empezar a explicar y ubicar en teoría y creencias una gran parte de lo que antes era conocido de forma tácita y directa; estas teorías corresponden a aquellos aspectos del autoconocimiento. Es aquello de lo que las personas han tomado conciencia y con lo que definen su identidad personal; en otras palabras, la formación de la imagen de sí, corresponde a una nueva construcción, llegando a alcanzar un nivel superior en la expresión de la personalidad, es decir, si se logra introducir en el contenido de la personalidad en la historia del contenido aprendido, entonces pudiéramos decir que se ha alcanzado un nivel superior de expresión de la habilidad social, en correspondencia con la imagen de sí.

Puede afirmarse por tanto que la autoestima es la abstracción que el individuo hace y desarrolla acerca de sus atributos, capacidades, objetos y actividades que posee o persigue; esta abstracción es representada por el símbolo o la imagen de sí misma. Para efectuar tal abstracción el individuo considera las observaciones con respecto a su propia conducta y la forma en que otros individuos a sus actitudes, apariencias y ejecución de sus actos. Como se observa la autoestima deviene en proceso, por lo tanto se configura por efecto de múltiples factores, no obstante una vez casi constituida (no podemos hablar de una autoestima acabada pues se sigue retroalimentando de una cadena continua de autopercepciones y autoevaluaciones, es decir que no es rígida, sino susceptible de cambio y por lo tanto siempre quedará espacio para que siga siendo un efecto de), se convierte en una causa. Esta causa y valoración personal puede generar o precipitar estados emocionales, así como propiciar o no la inhibición de respuestas conductuales y de formas, puede igualmente inhibir el contacto interpersonal. El individuo y en especial el adolescente en la actualidad, puede construir su realidad de forma errónea, viendo espejos que no son suyos, queriendo ser lo que no es ni probablemente será, pero construye su configuración personal en función de patrones impuestos por la sociedad donde habitamos. Tener alta o baja la autoestima en determinados estadios vitales tendrá una relación directa con el entorno significativo, donde configuramos nuestra realidad y en concreto la persona.

Un influjo externo de la característica que sea (las redes sociales) puede dar al traste con el trabajo de construcción de la personalidad desde la adolescencia. Pero hemos visto que a lo largo de la vida adulta, las variantes también pueden cambiar a partir de estas influencias externas que quieren construir de forma confusa una personalidad convulsa. En otra circunstancias podría forjarse una personalidad completamente opuesta al autoconcepto que nos puede influir en un momento concreto.

Vivir por el contexto es ahora mismo uno de los peligros más graves que atacan al ser humano. Todos quieren vivir las vidas de los demás sin apercibirse de que lo que hay que hacer es vivir la vida de uno, sin influencias externas. La percepción del yo por los otros, puede influir tanto en el individuo a quien le preocupa dicha visión, que pueden derrumbarse dichos conceptos y autoconceptos si no se pone coto al desvarío o a la intervención externa.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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