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La derecha desprecia la desigualdad


En los últimos años han aparecido numerosos libros sobre la desigualdad. Los autores con metodologías diferentes han llegado a resultados muy preocupantes sobre las tendencias que se han venido dando. Todos estos estudios, aunque difieran en las causas que la provocan, han llegado a conclusiones similares: la desigualdad nacional en general ha aumentado, mientras que la desigualdad entre países ha tendido a la disminución. Si bien en este caso habría que matizar, pues la mejora de la igualdad entre países se ha producido como consecuencia del importante crecimiento de los países emergentes, pero que no es generalizable a todos ellos. Hay un grupo de países que se encuentra marginado. La desigualdad internacional en todo caso sigue siendo muy elevada.

Los estudios que se han llevado a cabo son de un gran rigor. La información que proporcionan estos libros tiene una gran valía para el conocimiento de la realidad económica, social y política. Entre los economistas que han escrito sobre la desigualdad se encuentran: Atkinson, Bourguignon, Deaton, James Galbraith, Milanovic, Piketty, Saez, Solimano, Stiglitz, y Zucman. Se han producido además debates muy interesantes, sobre todo en torno a la obra de Piketty en la que han participado autores como los mencionados pero también otros con contribuciones y sugerencias relevantes. Aunque este autor es el que más éxito ha tenido mediáticamente otros ya venían trabajando en esta cuestión antes de la aparición de su importante obra Capital en el siglo XXI (Fondo Cultura Económica, 2014). En todo caso, se debe a Piketty haber puesto en el centro del debate la desigualdad.

El predominio de la economía neoliberal ha ocultado la importancia de esta cuestión, de forma que, por lo general, los partidos de la derecha no solo no la han tenido en cuanta, sino que la han despreciado. Por lo general, consideran que la desigualdad es positiva debido a que refleja el esfuerzo individual de la aportación a la sociedad, al tiempo que sirve de motor de motivación. Los que descartan el tema de la desigualdad argumentan también que, cuando todos los miembros de una sociedad tienen lo suficiente para vivir y con el tiempo aumentan su bienestar, entonces,¿ por qué preocupase por si progresan más los de arriba que los de abajo?

El comportamiento de la sociedad no es así ni mucho menos, y la desigualdad tiene elevados costes sociales, económicos y políticos, entre otros el ascenso de la ultraderecha, que encuentra un caldo de cultivo en el malestar creado. El desencadenamiento de la crisis en 2008 puso de manifiesto las consecuencias negativas de unas políticas económicas que han hecho un fetichismo del mercado y del crecimiento sin entrar a considerar cómo se produce y cómo se distribuye la renta generada. Además de los costes ecológicos que entraña.

El cambio de década del siglo XXI va a suponer un punto de inflexión, tanto en los estudios sobe la desigualdad como por los movimientos que se originaron. Como describe Selina Todd en su magnífico libro referido al Reino Unido El Pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010) (Akal, 2018) en 2009 y 2011 se publican dos libros The Spirit Level de Wilkinson y Pickett y Chavs de Owen Jones, que se convirtieron en superventas, y no sólo entre la élite progresista y cosmopolita a las que gran parte de los medios suele presentar despectivamente como los últimos izquierdistas supervivientes. Estos autores atrajeron a grandes multitudes a actos públicos en bibliotecas y centros comunitarios en todo el país.

No me extraña este éxito, pues son dos buenos libros que destapan todos los estropicios que en la sociedad británica había creado la política de Thatcher, y que Blair no sólo no corrigió sino que se adaptó a ese modelo. Cada uno desde perspectivas diferentes pone de manifiesto los males generados por la desigualdad. En 2011 se producen importantes movimientos de indignación en bastantes países ricos. En España el 15-M y en Estados Unidos y el Reino Unido el movimiento Occupy. En otros muchos países se produjeron movimientos similares. La importancia de estos hechos y las publicaciones que fueron apareciendo hicieron que en el Reino Unido todos los grandes partidos comenzaran a afirmar que su objetivo era una mayor igualdad. Hasta entonces la derecha lo había despreciado y el laborismo de Blair hablaba de combatir la exclusión social pero no la desigualdad. En 2009 David Cameron afirmó ser un ávido lector de The Spirit Level y estar de acuerdo con los autores en que “Las sociedades más desiguales son las peor situadas según casi todos los indicadores de calidad de vida”. Esta toma de conciencia por parte del conservadurismo británico no se tradujo en hechos.

Los dos libros mencionados están editados en castellano, el de Wilkinson y Pickett con un título diferente Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva (Turner, 2009) y el de Jones Chavs. La demonización de la clase obrera (Capitán Swing, 2011). Los tres autores han escrito posteriormente dos obras de gran importancia Owen Jones El Establishment. La casta al desnudo (Ariel, 2015) y Wilkinson y Pickett Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (Capitán Swing, 2019).Estas cuatro obras ofrecen una visión muy completa de lo que está pasando. Como dicen Wilkinson y Pikett en su primer libro: “Vivimos un período pesimista. Además de preocuparnos por las consecuencias del calentamiento global, es fácil darse cuenta de que muchas sociedades, a pesar de su éxito material, están casa vez más lastradas por los fracasos sociales”.

Si estos dos libros tuvieron una gran repercusión mediática en el Reino Unido y una buena acogida en otros países, el boom editorial se produjo en 2013 con la obra de Pikettty ya mencionada. Un hecho inédito es que se vendieran más de dos millones de ejemplares y fuera traducido a más de treinta idiomas, según los datos que proporciona Arthur Goldhammer, su traductor al inglés, en el artículo “El fenómenos Piketty” en la obra Debatiendo con Piketty (Deusto, 2018). Resulta evidente que la desigualdad preocupa a gran parte de la ciudadanía, pero esto no queda reflejado suficientemente en las acciones de los partidos políticos.

Los políticos de la derecha española siguen repitiendo viejas recetas ya fracasadas y no solo no consideran la desigualdad como un problema, sino que contribuyen a fomentarla con sus políticas. A su vez parte de la izquierda ha asumido acríticamente bastantes supuestos de los fundamentalistas de mercado, por lo que se encuentra atrapada por esta ideología y no afronta las verdaderas causas de la desigualdad. No llega desde luego a las posturas de la derecha de desprecio, pues se es consciente de que es un problema pero la falta más energía para afrontarlo. Permanecer al margen de estas publicaciones es condenar al fracaso a una sociedad que cada vez se encuentra más rota.

Catedrático emérito Universidad Complutense.