Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La desinformación premeditada: el acoso a la sociedad


El propósito de mentir es quizá el elemento de mayor importancia en el fenómeno de la desinformación. La falsedad tiene varias caras. Se puede mentir por encomienda, es decir, transmitiendo un hecho falso a sabiendas de que lo es y sin advertir de su falsedad, y también por omisión, ocultando o silenciando datos relevantes sin los cuales es imposible el conocimiento completo de la verdad (Desantes-Guanter, 1976; Soria, 1997)1. La desinformación como concepto, como mentira y engaño para obtener unos fines concretos, existe desde el principio (Éxodo) y se explica en toda la historia de la humanidad.

Los informadores de ahora son los desinformadotes autorizados para todo, pero sin que sepamos quién o quienes les autorizan. No se puede contar todo y eso no es mentir, ya lo sabemos, sabemos que hay información que no se sabe interpretar y por ello no se debe exhibir. Lo que ocurre es que esta tarea no siempre se realiza. Y tampoco en la actualidad, a pesar de que la libertad de información sea un derecho protegido a nivel internacional. El principio de independencia de los medios está cada vez más cuestionado, al entender que ésta se ha visto muy limitada, cuando no abiertamente suprimida. En los últimos años se está denunciando el progresivo control político y económico sobre la prensa, bien directo o indirecto. Incluso se habla ya también, casi siempre en términos de denuncia, de un nuevo tipo de desinformación, la desinformación mediática, para referirse a cómo los propios medios de comunicación, en especial las grandes corporaciones, han abandonado su vertiente informativa y se han convertido en poderosos medios de influencia social en función de unos determinados intereses económicos o ideológicos, casi siempre en beneficio de las clases dominantes (Chomsky y Herman, 1995; Ortega, 20062; Serrano, 20093; Otte, 2010)4.

En la mentira se cierne la total caída del hombre. Pondré un ejemplo que encontramos cada día en nuestros quehaceres, porque tampoco hay correspondencia en lo que asistimos a ver cada día con el fondo técnico o profesional que sustenta una información concreta. Un prospecto de un medicamento no está escrito para el paciente. Ese prospecto sabrá interpretarlo otro médico, pero no el paciente que en cuanto lee lo que no tiene porqué entender, se asusta y toma la decisión: esto yo no me lo tomo. Fin de la consulta con el especialista. Todo se cuestiona con la alegría de la ignorancia para llegar a un tipo de sociedad tan confusa que se autodestruirá, no mucho tiempo más allá. ¿Para qué hablar de vacunas y de efectos de las mismas en cualquier programa que uno pone o escucha en la radio? ¿Qué suerte de intrusismo periodístico? ¿Autorizados? ¿Por quién? En serio ¿hay que creer que esto es información y que dicho contenido informativo ayuda a la población que no sabe a qué atenerse? La corrupción es como una pirámide de arriba abajo se corrompe hasta llegar al pueblo. Hay políticos honestos y otros que no lo son o que buscan la exclusividad de si mismos, pero nadie sabe quién es quién. Siempre hay una sorpresa.

El ser víctimas de la mentira es una verdadera tragedia. El caer en las garras de la deshonestidad y las falsas interpretaciones no es cosa que suceda en forma instantánea. Una pequeña mentira o acto deshonesto conduce a otro hasta que el infractor cae en las garras del engaño. Como escribió Samuel Johnson: “Las cadenas del hábito son demasiado livianas como para que las sintamos hasta que se transforman en demasiado fuertes como para romperlas”5. Aquellos que caen víctimas de esta trampa a menudo cargan sobre sus espaldas el pesado yugo por no estar dispuestos a reconocer su problema y a hacer un esfuerzo por cambiar. Muchos no están dispuestos a pagar el precio para librarse de las mentiras. Hay personas que pueden llegar a valorar la honestidad en toda su magnitud y aún así no se resuelven a ponerla en práctica en su vida.

El exceso de información en contextos y situaciones comunicativas que no son adecuadas, forma parte sin duda de ciertas conspiraciones secretas disfrazadas de honesta apariencia, pero que enmascaran la falsedad y la irresponsabilidad. El individuo en la sociedad española, por herencia comprensiva tiene miedo a lo desconocido, inculpando o asesinando logias, religiones, filosofías…que por ignorancia y odio a lo que no se controla, han sido tergiversadas y convertidas en enemigos de la sociedad, utilizadas para poder tener bajo la bota militar a la persona. Y ahora tienen delante las verdaderas conspiraciones secretas y no las ven. No parecen creer los españoles que las combinaciones secretas de las que ahora se hace tanto uso otra vez por parte de radicales, no tienen nada que ver con lo que está sucediendo y la confusión que va de la mano. Las organizaciones de fraternidad, solo han protegido información para la que muchas personas no están preparadas para recibir. No se exhibe. No es ocultismo, no es secretismo, es resguardo porque son consideradas como sagradas bajo promesa de dar la vida si fuera necesario por aquellos que siguen sus postulados. Pero en nada tienen que ver con lo que ahora tenemos delante y repito, nadie parece ver.

¿Qué sucede entonces? Que como por tradición ya se ha etiquetado a grupos y movimientos, queremos ser transparentes en todo. Y eso no puede ser.

En términos de comunicación el término no es nuevo aunque sí se utiliza con muchísimas profusión en las distintas entradas de Internet. Todo tiene su itinerario, su relación emisor-receptor. Por ejemplo, para Fraguas de Pablo, la intención desinformativa del emisor es “el factor intrínseco que caracteriza la desinformación y la diferencia de otras figuras con las cuales se podría confundir” (1985: 4)6.

La primera constatación histórica del empleo del término desinformación se produjo a inicios del siglo XX. Los rusos que emigraron a Francia al acabar la Primera Guerra Mundial relataron que la policía política bolchevique utilizaba la expresión desinformatzia para referirse a todas aquellas acciones dirigidas desde el interior y exterior del país destinadas a impedir la consolidación del régimen comunista en Moscú (Cathala, 19867; Volkoff, 19868; Jacquard, 19889; Durandin, 199510; Galdón, 199411).

Rodríguez Andrés (2016)12 escribe que desde la propia Unión Soviética también empezaron a ejecutarse planes específicos para desestabilizar regímenes exteriores, principalmente el de los Estados Unidos, su eterno rival. Ya desde 1917, Lenin había declarado la guerra al capitalismo y había afirmado que mientras los objetivos del proletariado no se impusieran en todo el mundo, no dejarían de utilizar todos los medios a su alcance para lograrlo. Y dentro de este conjunto de medios, denominados a partir de entonces como “medidas activas”, se incluyó la desinformación (Álvarez y Secanella, 1991)13. Esta práctica se institucionalizó a finales de la década de los cincuenta, cuando los servicios de inteligencia soviéticos, de la mano de la KGB, pusieron en marcha departamentos especiales de desinformación. En la URSS, este servicio se inició en 1959. En Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Bulgaria, países de la órbita socialista, se crearon entre 1963 y 1964 (Álvarez y Secanella, 1991). Por su parte los estadounidenses hicieron lo mismo. Se ha intentado por todos los medios aunar desinformación con conspiración secreta, como afirmo y demostraría si fuera el caso, de forma equivocadamente malintencionada.

La desinformación es un fenómeno en el que el emisor tiene el firme propósito de ejercer algún tipo de influencia y control sobre sus receptores para que éstos actúen conforme a sus deseos. Es, por tanto, un fenómeno claramente intencional, en el que el emisor busca su propio beneficio y en el que, por tanto, y como explica Van Dijk (2006)14, se produce un abuso de poder.

Lo que ha ocurrido es que, con el paso de los años, el concepto de desinformación se ha ido vinculando progresivamente no sólo con el plano de las intenciones del emisor, sino que ha empezado a utilizarse también desde la perspectiva del receptor o de los resultados de la acción. Emisor y receptor parten de falacias sin saberlo. Se usa el término no sólo para definir los esfuerzos organizados de un actor político por ocultar o manipular la información, como en sus orígenes, sino que se alude también a este concepto cuando se habla de forma genérica, de falta de información de los ciudadanos sobre determinados asuntos. El conocimiento erróneo (falacia) de los mismos, sea cual sea el motivo y aun cuando no haya una intención por parte de alguien por mantenerles engañados (Rivas, 1995)15. Así lo refleja la propia Real Academia en su definición de desinformación, al decir en su segunda acepción que ésta puede entenderse como “falta de información, ignorancia”. Y así lo cree también Floridi16, citado por Rodríguez Andrés (2018: 233-235) uno de los autores contemporáneos que más ha estudiado el fenómeno de la desinformación, que dice que este fenómeno “no necesita necesariamente ser intencional” (1996: 510). Ello ha llevado asimismo a que el término haya traspasado sus fronteras semánticas originales para aplicarse no sólo a la comunicación política o a las relaciones internacionales sino a cualquier otro campo. Es destacable, por ejemplo, el prolífico uso que se hace de la palabra desinformación en el terreno médico, para hacer referencia a la falta de información que tienen los pacientes sobre determinadas enfermedades o tratamientos y que, a veces, dificultan su adherencia.

Una poderosa declaración de Isaías (a quien corresponda) proporciona la explicación para una de tales razones: “Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado.” (Isaías 56:11.) Afortunada, o lamentablemente, el clima comercial es siempre propicio para aquellos que tienen algo que promover. En épocas de recesión o depresión se incita a la obtención de ciertos bienes (capitalismo) a pagar en cuotas sujetas a un interés desmedido. Durante los períodos de prosperidad y abundancia, hay quienes tratan de convencernos de que ése es el momento de pedir prestado, de especular y de mejorar nuestra posición social en virtud, según dicen, de la prosperidad que el futuro nos depara. Cuán común es escuchar: “Lo que me arruinó el negocio fue la economía del país”. La historia debería habernos enseñado que hay suficientes riesgos e incertidumbre en las inversiones que se califican de “más seguras”, como para hacer que los cautos se rebelen ante las ganancias exorbitantes ofrecidas por aquellos que pretenden que demos un paso a ciegas. Hay tanto ejemplos…el de ahora es sembrar incertidumbre y miedo.

La lucha contra la desinformación es un esfuerzo conjunto en el que participan todas las instituciones europeas. La UE coopera estrechamente con las plataformas online para animarlas a promocionar las fuentes autorizadas, a degradar los contenidos que hayan sido verificados y resulten ser falsos o engañosos, y a suprimir los contenidos ilícitos que puedan ser perjudiciales para la salud.

1Es mucha la bibliografía pero, incluimos algunos autores. Desantes-Guanter, J.M. (1976). La verdad en la información. Valladolid: Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial.

2Ortega, F. (2006). Periodismo sin información. Madrid: Tecnos.

3Serrano, P. (2009). Desinformación. Barcelona: Península.

4Otte, M. (2010). El crash de la información: los mecanismos de la desinformación cotidiana. Barcelona: Ariel.

5The History of Rasselas, Prince of Abissinia (Oxford World’s Classics). (2009)

6Fraguas de Pablo, M. (1985). Teoría de la desinformación. Madrid: Alhambra.

7Cathala, H.P. (1986). Le temps de la désinformation. París: Stock.

8Volkoff, V. (comp.) (1986). La désinformation, arme de guerre. París: Julliard.

9Jacquard, R. (1988). La desinformación: una manipulación del poder. Madrid: Espasa.

10Durandin, G. (1983). La mentira en la propaganda política y en la publicidad. Barcelona: Paidós

11Galdón, G. (1994). Desinformación: método, aspectos y soluciones. Pamplona: Eunsa

12“Fundamentos del concepto de desinformación como práctica manipuladora en la comunicación política y las relaciones internacionales”. Historia y comunicaciones Social. Ediciones Complutense. (2018)

13Álvarez, J.T. y Secanella, P.M. (1991). “Desinformación”. En Diccionario de ciencias y técnicas de la comunicación. Madrid: Ediciones Paulinas, p. 365-375.

14Van Dijk, T. (2006). “Discurso y manipulación: discusión teórica y algunas aplicaciones”. En Revista Signos, vol. 39, nº 60, p. 49-74.

15Rivas Troitiño, J.M. (1995). “Desinformación: revisión de su significado. Del engaño a la falta de rigor”. En Estudios sobre el Mensaje Periodístico, nº 2, p. 75-83. Rivas Troitiño, J.M. (2004). “11-M. Apuntes sobre el fracaso de la desinformación o de cómo prevalece la información sobre la convicción”. En Estudios sobre el Mensaje Periodístico, nº 10, p. 175-189. Ambas publicaciones son para tener en consideración.

16Floridi, L. (1996). “Brave.Net.World: The Internet as a Disinformation Superhighway?”. En Electronic Library, nº 14, p. 509-514.

https://ec.europa.eu/digital-single-market/en/tackling-online-disinformation

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider