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EL PERIÓDICO
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Así, no


El pasado 16 de Febrero, el rapero catalán Pablo Rivadulla Duró, más comúnmente conocido como Pablo Hasel, fue detenido por los Mossos d'Esquadra en la Universidad de Lérida, después de atrincherarse en su interior junto a varios voluntarios, que posteriormente formaron una muralla humana con el fin de impedir la detención del rapero. Desde su ingreso en prisión, varias protestas se han sucedido a lo largo y ancho de todo el Estado. Los manifestantes reclaman la Libertad del rapero y la garantía del derecho a la libertad de expresión, pues alegan que Pablo Hasel está encarcelado por opinar y criticar al rey. Pero ¿es esto realmente cierto?

La verdad es muy distinta a la que han creado los manifestantes, con el fin de poder sustentar en un argumento, a su parecer, sólido, con el que excusar sus manifestaciones. Hay que dejar claro que, en la mayoría de los casos, las manifestaciones son de carácter violento. Desde un principio, esas reclamaciones supuestamente políticas y democráticas, no han sido más que repugnantes actos de vandalismo. Porque no, Pablo Hasel no está en la cárcel por "cantar contra el rey", ni mucho menos. Está en prisión, por ejemplo, por enaltecer el terrorismo de ETA y los GRAPO, con twits como el siguiente: "Prefiero grapos que guapos. Mi hermano entra en la sede del PP gritando ¡Gora ETA! A mí no me venden el cuento de quiénes son los malos, sólo pienso en matarlos"; o agredir al testigo de un juicio en el que se vio involucrado en el año 2017; o por desear la muerte de las Infantas, José Bono y Francisco 'Patxi' López: "Que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono". "Pena de muerte ya a las Infantas patéticas, por gastarse nuestra pasta en operaciones de estética". "¡Merece que explote el coche de Patxi López!". A esto cabe añadir la agresión a una periodista de la televisión autonómica catalana, TV3, cuando el rapero participaba en el asalto del rectorado de la Universidad de Lérida. Esto no es todo, y sus delitos de odio y agresiones son tantos, que podrían, por sí solos, ocupar todo el artículo.

Sabiendo esto, queda bien claro que el rapero no ingresó en prisión por expresar su opinión. Si bien es cierto que en España existe una ley injusta, como lo es la ley Mordaza, aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy en el año 2015, y que debería ser abolida cuanto antes, España es una democracia que, aunque no es perfecta y tiene defectos que corregir, garantiza la libertad de expresión. Esto no requiere que un individuo, en el clímax de su enervación ideológica ante una situación que considera injusta, pueda desear la muerte de una persona. Da igual qué persona sea. La vida humana trasciende todo lo político. La vida humana no tiene precio, es de valor incalculable, y nadie tiene el derecho de desear la muerte y el mal ajeno, esté justificado o no ese repugnante deseo.

Exactamente. La libertad de expresión tiene límites. Y no sólo esta. Todas las libertades tienen un límite, y este está en la libertad de otras personas. Es decir, que su libertad, estimado lector, acaba cuando comienza la mía, y viceversa. Porque sólo de éste modo, es decir, comprendiendo que la libertad de uno no es mayor que la de otro, y que nadie tiene más derecho que cualquier otro ser humano, podremos vivir en una sociedad Democrática y, más aún, humana. En ocasiones debemos dejar de lado nuestros valores Políticos para centrar nuestra atención en los valores cívicos que debemos respetar y cumplir para garantizar la igualdad y la vida de todas las personas, sin excepción.

Vivimos en sociedad y en democracia. Todos sabemos que no existe un único modelo democrático en el mundo, y que, por ende, hay un número amplio de diferentes sistemas democráticos. El nuestro es el que se garantizó con la Constitución de 1978; supuso un cambio drástico en la sociedad contemporánea española. De forma pacífica, España dejó atrás el régimen filofascista de Franco y estableció uno democrático que se adecuaba a los demás regímenes europeos desarrollados. La transición Española fue un hecho aplaudido en todo el mundo, y esto es claramente innegablemente. Ello no quita que deba ser reformado y mejorado, porque, como ya se ha dicho en líneas anteriores, no es perfecto.

Debemos trabajar para mejorarlo. Esto es incuestionable. Debe reformarse para que la democracia española sea de una calidad inigualable. Eso es patriotismo: cambiar Democrática y pacíficamente las instituciones del país en el que naciste. Pero, de ningún modo, debe tolerarse no sólo comentarios y actitudes como las de Pablo Hasel, sino las de los vándalos que destrozan las calles de Madrid, Barcelona, Lérida, Bilbao o Valencia. Porque estas personas (entre las que, curiosamente, se encuentran una cantidad indecente de menores de edad) no quieren mejorar la democracia y las instituciones en beneficio de toda la ciudadanía; estas personas quieren el caos. Quieren acabar con el sistema democrático de nuestro país. Queman contenedores y motos, rompen el asfalto y lanzan piedras y botellas a la policía y, como ocurrió el pasado sábado 27 de Febrero, prendieron fuego a una furgoneta de la Guardia Urbana de Barcelona ¡con un agente de policía dentro!

Lo cierto es que a esos chavales, porque en efecto, son en su inmensa mayoría chavales, les da exactamente igual la libertad de expresión. Se dejan llevar por su inmoral odio hacia el orden establecido, y aprovechan una situación a su entender injusta, para atacar a la policía, destrozar las calles y, cómo no, saquear tiendas (ya saben, no van a protestar gratuitamente, tendrán que sacar algún beneficio ¡qué duda cabe!). De esta forma jamás habrá paz, democracia y justicia. Así, no.

Estudia actualmente Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad del País Vasco. Es militante del PSOE desde el 2018 y simpatizante de la corriente interna del partido, Izquierda Socialista. Además, es también autor de una antología de diez relatos cortos de terror y suspense, 'Tormento a Medianoche', publicada en la Editorial Círculo Rojo, en 2021.