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Los jóvenes y la pandemia: las nuevas adicciones


El uso de las drogas es tan antiguo como la propia humanidad. En las culturas primitivas, los chamanes y hechiceros las utilizaban para curaciones y ritos de iniciación, provocando alteraciones de la conciencia y estados hipnóticos. Hoy seguimos buscando sustancias que podamos usar para diferentes tipos de enfermedades o para situaciones que uno quiera modificar. Según dice Aldux Huxley [1931] 1 “si pudiéramos aspirar o ingerir algo que aboliera nuestra soledad individual durante 5 o 6 horas, que nos reconciliara con nuestros semejantes en una ardiente exaltación de afecto o hiciera que la vida nos pareciera divinamente bella o trascendente y si la naturaleza de esa droga permitiera que a la mañana siguiente nos despertáramos con la cabeza despejada y el organismo indemne, la tierra se convertiría en un paraíso”. (p.98)

Durante varios meses, la epidemia de Covid-19 ha alterado los hábitos de vida y de trabajo del mundo entero, en especial de los españoles. Ya sé que nuevo, no es. Los cambios impuestos por las medidas restrictivas destinadas a limitar la pandemia y en particular el encierro de la pasada primavera, generaron un contexto excepcional, en el que la conducta adictiva se ha incrementado drásticamente como revelan Observatorios de Drogas y Toxicomanías en sus estudios, el de España no tardará en emitir estos informes sobre adicciones en los jóvenes y situaciones de riesgo total.

Las evoluciones se contrastan según la vulnerabilidad de las personas, porque probablemente una gran parte de los consumidores de tabaco o alcohol, no dependientes formalmente, aprovecharon el encierro para reducir su consumo, o para dejarlo. Los que consumían mucho consumían más. (Delile, 2020) Incluso en el caso de esta droga tan adictiva como el tabaco, muchos especialistas han consideran que para la mayoría de los fumadores, lo más difícil no es superar el síndrome de abstinencia a la nicotina, sino conseguir librarse de todas las situaciones asociadas a fumar un cigarrillo que inducen al teórico ex fumador a recaer. En este sentido, la pandemia ha ayudado para algunos, pero para otros ha sigo mucho más impactante.

El aburrimiento y el estrés son factores importantes para que estas situaciones se disparen. Paro técnico, teletrabajo, limitación de salidas… El aislamiento que sienten algunos durante el encierro ha provocado y siguen provocando estrés, ansiedad y aburrimiento. Con algunas consecuencias notables.

Es obvio que el aislamiento altera nuestra salud mental. Covid-19: Las estadísticas todavía no llegan a ser del todo fiables, pero al menos más de 15% de la población reconoce un aumento en el consumo del tabaco y alcohol, que justifica por el estrés y la inactividad. Durante el primer encierro, quizá existía la perspectiva del verano y con ello un cierto optimismo porque al salir del confinamiento nos topábamos con la primavera y el verano. Ahora, la gente parece estar mucho más agotada.

Los jóvenes están mucho más expuestos a pantallas y juegos en línea, privados de las salidas y de su grupo de amigos. Ya conocíamos la adicción a las pantallas, pero internet, los juegos online han sido un refugio mayor del que se podía haber pensado. Los móviles, una nueva forma de comunicación. Debido a la interrupción de los partidos y, por lo tanto, a las apuestas deportivas, el confinamiento ha contribuido al crecimiento muy significativo del póquer en línea, con jugadores más activos, un aumento en la práctica del juego y el gasto promedio por jugador también en aumento. Y, en particular, un impresionante aumento del 75% en la actividad de los jugadores jóvenes (18-34 años).

En el estado español ha habido un consumo minoritario hasta finales de la década de los 70 en forma de cannabis por los hippies o de cocaína por algunos intelectuales. En los años 80 se produce un incremento importante en el consumo de heroína con una alarma social provocada por la relación entre la delincuencia, la marginación y el consumo. El estudio realizado en Francia por ejemplo, durante el verano con 2.778 consumidores habituales de cannabis, reveló que el 28% de los encuestados indicó que no lo había consumido, el 16% había disminuido y el 4% había dejado de consumirlo durante el primer confinamiento. Pero durante este período, una cuarta parte de los usuarios previamente semanales (27%) y casi uno de cada diez usuarios mensuales (8%) han cambiado al uso diario. "Estos consumidores que pensaban que podían dejar de fumar, se dieron cuenta de que eran adictos", afirma Jean-Michel Delile.

Actualmente, los adolescentes consumen cannabis como primera droga ilícita y pastillas como la segunda, aunque el consumo más alto es el alcohol y tabaco, siendo ambas legales y con total beneplácito durante la pandemia. La búsqueda del placer es el principal motor por el que los humanos y otros muchos animales pueden quedar totalmente enganchados a una sustancia o actividad y llegar a hacerse mucho daño. Drogas, trabajo, sexo, juego, gimnasia,…. El mecanismo es básicamente el mismo: una sustancia o una conducta dispara la dopamina y cada vez se necesita más para mantenerse emocionalmente normal. La dopamina es un placentero premio que nuestro cerebro nos concede de forma natural después de acciones como el sexo, comer o hacer ejercicio. Es un mecanismo diseñado por la evolución para que nos guste repetir aquellas acciones que son positivas para nuestra salud, supervivencia y reproducción. El problema es que los niveles de dopamina que las drogas consiguen liberar son muchísimo mayores que los segregados de forma natural. Y para que este mecanismo de placer-recompensa siga siendo efectivo tras un consumo continuado de drogas.

La definición de adicción más aceptada implica una “pérdida de control sobre el consumo de una sustancia que conduce a la búsqueda y toma compulsiva a pesar de los efectos negativos de la misma”. Basándonos en lo anterior, los expertos prefieren catalogar algunos hábitos como dependencias, pero no adicciones.

El cuerpo suele adaptarse a nuestras costumbres. Las primeras veces que alguien levanta pesas, la principal consecuencia son agujetas, pero si continúa ejercitándose y cada vez con más peso, las células dirán a sus genes: “necesitamos más proteína para adaptarnos a esta nueva situación”. Con el tiempo habrá un notable incremento en la masa muscular. Una persona que ingiere elevadas cantidades de azúcar provoca que su páncreas segregue más insulina de lo normal. Si esta costumbre se prolonga, sus células se vuelven resistentes a la insulina y llega un momento que el páncreas no puede mantener los niveles normales de glucosa en sangre. El individuo pasa a ser un enfermo de diabetes tipo 2 que depende del suministro externo de insulina. Así es todo.

Salvando las distancias, algo parecido pasa con el consumo continuado de drogas y de nuevas adicciones al móvil, a los videojuegos y por su puesto a la pornografía que se hace con un hueco cada vez más grande y más terrible. El cerebro tiene que cambiar para adaptarse al principal efecto de esta actividad: unos niveles inusualmente altos de dopamina. Las neuronas se hacen menos sensibles a la dopamina y los niveles segregados de forma natural no son suficientes para dirigir de forma efectiva el compás de las emociones.

Es en este sentido en el que los expertos consideran la adicción una enfermedad. El problema de los adictos no es la falta de voluntad, sino la consecuencia de unos cambios fisiológicos que conducen a la dependencia de una sustancia determinada. Igualmente esa adicción se manifiesta igualmente con otro tipo de adicción, no fisiológica, pero si, cognitiva. Videojuego, pornografía, móvil, que funcionan con otro tipo de neuroconectores. Estas nuevas enfermedades, entre los jóvenes, ya están instaladas y cada vez crecen más. Jóvenes de 13 años completamente adictos al porno, otros que no podrían vivir ni una hora sin su móvil o computadora/ordenador. La nueva enseñanza generada a raíz de todo lo que está pasando, ha traído mayor autosuficiencia y autonomía en los estudiantes, pero a su vez, la dependencia a los dispositivos es ya absoluta para todos. Las familias se están desestructurando, la convivencia, la “doble vida virtual”, los ciberacosadores, el bulliyng, el juego, los videojuegos o la pornografía son sin duda, las nuevas dependencias impresionantes que se han instalado entre los jóvenes y que ya están solicitando terapias de cambio cuando la mayoría convive al menos 8 o incluso 10 horas a diario entre ordenadores y móviles. Todo esto tiene que cambiar.

Siempre se ha dicho (y no sé si fue el doctor G. Marañón) que muchas enfermedades se quedan atrás o desaparecen, pero vienen otras. Igualmente sucede con los medios modernos de comunicación, de enseñanza y de convivencia, que se cierran unas ventanas pero al abrir otras entran también todos los gérmenes. Eso es lo que sucede con las nuevas tecnologías y su buena utilización.

1Huxley, Aldous (2007). Moksha. Escritos sobre psicodelia y experiencias visionarias 1931-1963. Compiladores Michael Horowitz y Cynthia Palmer. Introducciones Albert Hofmann y Alexander Shulgin. Traducción de Eduardo Goligorsky. Colección Los libros de Sísifo. Barcelona: Editorial Edhasa

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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