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El 27-F de 1981: la gran manifestación


En la manifestación del 23-F se unieron todos los políticos. En la foto, Santiago Carrillo, Felipe González, Manuel Fraga y otros históricos de la Transición. En la manifestación del 23-F se unieron todos los políticos. En la foto, Santiago Carrillo, Felipe González, Manuel Fraga y otros históricos de la Transición.

El 27 de febrero del año 1981, cuatro días después del intento del golpe de Estado, se convocaron en bastantes ciudades manifestaciones en apoyo a la democracia. Las más multitudinarias fueron las de Madrid y Valencia, justo las dos ciudades que habían visto de cerca los cuernos del toro. Los valencianos asistieron durante horas a que por las calles los carros de combate se pasearan mandados por Milans del Bosch, capitán general de la región militar de Valencia. En Madrid, no sucedió una cosa parecida, aunque sí se produjo el desplazamiento de una columna militar desde el Goloso, lugar donde se concentran varios cuarteles al norte de Madrid, hasta el Congreso para apoyar el golpe.

La manifestación de Madrid fue tan impresionante que El País tituló al día siguiente:” La manifestación más grande de la historia de España desfiló ayer por las calles de Madrid”. En el reportaje se recogen unas declaraciones de Santiago Carrillo: “que era la manifestación más grande que he visto en mi vida, y eso que ya he visto muchas”. Felipe González, por su parte, dijo:” Esperemos que esto sirva para que los militares se den cuenta de una vez que el pueblo quiere la democracia”. Así fue, la manifestación transcurrió silenciosa, como habían pedido los organizadores, pero, sin embargo, hubo gritos a favor de la democracia y en contra de la dictadura. El manifiesto final fue leído por la periodista Rosa María Mateo, actualmente administradora única de RTVE. Esta fue la gran respuesta ciudadana pacífica ante el peligro de que tuviera lugar un gran retroceso hacia el pasado que nos condujera a la represión, detenciones, malos tratos, torturas, y desaparecidos.

Me parece importante recordar estas convocatorias, que fueron multitudinarias, porque por lo general en los múltiples artículos que se escriben en los aniversarios del 23-F apenas se les presta atención. Cuatro días después la ciudadanía fue la gran protagonista. Una ciudadanía que hasta entonces había permanecido expectante, con miedo y temor, a ese intento de golpe de Estado. Pero que en su momento respondió de una forma ejemplar, a pesar de los bulos que corrían sobre que habría provocadores e incluso la posibilidad de un atentado. Este día fue en realidad cuando ganó la democracia.

Este golpe de Estado fallido puso de manifiesto lo difícil que fue la transición frente a las simplificaciones que se están haciendo. Ha habido también analistas que han señalado que aquel golpe sirvió para inmunizar al ejército de intentarlo otra vez. Nada más lejos de la realidad, pues en diciembre de ese año se produjo el manifiesto de los cien capitanes, que era un aviso del peligro que seguía corriendo la democracia. En 1985, un grupo de militares intentó atentar contra el rey Juan Carlos y el resto de autoridades presentes en la tribuna durante el desfile militar que se celebró en La Coruña. El atentado fue frustrado por agentes del Centro Nacional de Inteligencia. A partir de entonces volvió la calma a los cuarteles.

Desde el 23-F se han escrito varios libros sobre el golpe de Estado. No obstante, como pone de manifiesto Xavier Casals en su libro La transición española. El voto ignorado de las armas (Pasado& Presente, 2016): “Pero antes de continuar la exposición es obligado advertir que la bibliografía legada por el 23-F se halla lejos de ofrecer una versión monolítica y clara del episodio, aunque conozcamos sus vigas maestras. Desde nuestra óptica es harto complejo trazar una visión definitiva del mismo por tres razones”. Dadas las tres razones, considera que hay tres visiones globales solventes: La obra de Muñoz Bolaños, el 23-F. Los golpes de Estado (2015); La verdad (2006), del investigador Francisco Medina; y Anatomía de un instante (2009), del escritor y ensayista Javier Cercas. Así que cuarenta años después no se conocen todas las causas que motivaron el golpe.

Por tanto, a lo hora de opinar hay que ser riguroso y no caer en simplificaciones alejadas de las pruebas. Como profesor universitario me produce una verdadera tristeza e indignación escuchar repetidas veces lo del régimen del 78 de una forma despectiva y sin tener en cuenta las condiciones económicas, sociales y políticas en las que se produjo el paso de la dictadura a la democracia. La mejor definición de lo que fue la transición la dio Vázquez Montalbán” Correlación de debilidades”. Es precisamente importante analizar la correlación de fuerzas y explicar que era lo que producía esas debilidades. Hay ya bastante bibliografía solvente sobre la transición para caer en frivolidades y simplismos. Como en el caso del 23-F las interpretaciones no son monolíticas. Las diferentes versiones enriquecen el conocimiento, y ofrecen una pluralidad de enfoques.

Considero que es positivo realizar una crítica a la transición, pero insisto con rigor. Me resulta también lamentable que unos representantes de los ciudadanos a la hora de exponer sus razones de por qué no habían asistido al acto de conmemoración de los cuarenta años del 23-F llegaron a decir algunos de ellos que había sido aquel golpe un paripé para resaltar la figura del rey. Respeto las ideas de estos representantes y su decisión de no asistir a la ceremonia, pero lo que no puedo respetar es que se digan cosas que no están demostradas. El hecho de que no sepamos todo lo que sucedió no justifica que se hagan especulaciones que en principio no tienen ningún fundamento. Lo único que se me ocurre es pedir a sus señorías que por favor lean más para hablar con conocimiento de causa y con modestia.

Catedrático emérito Universidad Complutense.