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EL PERIÓDICO
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Un tiempo de Cambio


Escenarios post electorales

Nuestro tiempo

Cuando nos dimos cuenta, ya estaba en las ventanas,

como para quedarse. Pero ahora

nada nos ilumina sino esa vaga niebla.

A veces, una luz desgarradora.

Joan Margarit

Pasadas las elecciones en Cataluña y tras el escrutinio aflora un escenario, como mínimo, complejo. Un parlamento fragmentado fiel reflejo de la sociedad catalana, donde se alzan como vencedores las fuerzas defensoras del independentismo, con un 27% del censo electoral, aunque sin embargo la primera fuerza en votos haya sido el partido socialista (PSC-PSOE).

En cualquier caso el escrutinio pone de manifiesto que la mitad de la ciudadanía se decanta por el NO a la independencia, los hay autonomistas, federalistas y los que no cambiarían nada, es más se enrolan en las filas de un estado centralista. Mientras que, en las filas de los independentistas, se encuentran los partidarios de un ruptura abrupta con el Reino de España, para instaurar una república popular, tal vez a medio camino entre el modelo cubano y la Albania de Enver Halil Hoxha, los que defienden un estado capitalista, que permita el desarrollo de la misma oligarquía nativa que ha servido de identidad en la Cataluña desde el XIX, que incluye claro está els botiguers, categoría profesional de la pequeña burguesía (los pujolistas de siempre). Encontramos así mismo los progresistas, que abogan por una república liberal, trufada con algunos principios socialdemócratas, gatopardistas, pero separados de Hispania.

Con este escenario es difícil imaginar una gobernanza coherente, que permita a Cataluña, salir del hoyo en el que se ha metido, un territorio significado por los recortes en sanidad, y en todo lo concerniente a la cobertura social de la ciudadanía, con un retroceso económico, ya no es la primera economía de España, su PIB la sitúa ahora como la segunda, Catalunya padecerá este año la peor caída de actividad desde la guerra civil, según las estimaciones del Govern. Al descenso del 10% en el producto interior bruto (PIB) este año, que el 'vicepresident' y 'conseller' de Economía, Pere Aragonès, adelantó en una entrevista a El Periódico de Cataluña.

Un gobierno compuesto por todas las fuerzas independentistas tendría un solo objetivo, continuar a la deriva, ahondando en la fractura de la sociedad, en la permanente búsqueda de la independencia, una meta que se percibe a todas luces imposible de momento. Los gobiernos de la segunda década de este siglo en Cataluña se han caracterizado por la pobreza legislativa, la ineficiencia en la gestión y la falta de sensibilidad social, sólo interesados por la agitación y propaganda de un supuesto nuevo estado, que, alejado de la razón geoestratégica y global, satisfaga el patriotismo emocional de la mitad de los ciudadanos/as catalanes. En definitiva, una apuesta quimérica, una ficción ilusoria, contraria a las necesidades y aspiraciones de sus ciudadanos que luchan por una subsistencia digna.

La alternativa se podría encontrar en un gobierno socialista sostenido por todas las fuerzas de izquierda y negociando proyectos para la mejora de la calidad vida, la economía, la sostenibilidad y el bienestar social, con el apoyo parlamentario basado en una aritmética variable.

No resulta creíble que algunas fuerzas de izquierda que se manifiestan interesadas en el bienestar de los ciudadanos/as, bloqueen esta salida, escondiéndose detrás de la bandera. No resulta creíble que algunas fuerzas progresistas como ERC, que alardean de su amor por Cataluña, busquen la fractura y el retroceso en lugar del progreso y la convivencia.

No es menos cierto que el hastío, la desilusión y el cansancio, hayan empujado a muchos a la abstención. “El proces” lleva casi una década, muchos se apuntaron al movimiento como remedio o tal vez como castigo a las políticas conservadoras o ineficientes de los gobiernos de España, esos hoy han abandonado el barco, otros buscaban el amparo de fuerzas valientes que apoyaran decididamente por el NO y no lo encontraban y otros empujados por el miedo, el miedo al miedo y de la pandemia quisieron ponerse a resguardo.

Pero el discurso de Salvador Illa ha sido también un posicionamiento por el NO (a la independencia) y la reconciliación, un discurso dirigido a cerrar heridas y favorecer la convivencia, pero tal vez la desidia contribuyó a no escuchar el mensaje y así muchos se volcaron en la abstención.

Permítanme citar a Manuel Cruz en su artículo publicado en El País el 18 de febrero, “Tal vez llegue el momento en que lo verdaderamente revolucionario sean la sensatez y el sentido de Estado, pero para ello es importante que la ciudadanía vuelva a la política y se muestre exigente con sus representantes”.

La política también es cosa de los ciudadanos, no solo de los políticos, es verdad que hay una desestimación de la vida pública, sin embargo las cosas suceden por que las permitimos, intentar estar bien informado, más allá de la agitación y propaganda, eludiendo las informaciones falsas, las fake news, filtrando y accediendo al conocimiento de la verdadera información y además participar, mediante el voto y la opinión, ésa es la responsabilidad de la ciudadanía, es nuestra obligación como miembros de la sociedad.

No podemos hacer dejación del deber y unirnos a la comunidad solamente por los afectos, los usos y las costumbres o simplemente intentar alejarnos para que otros asuman las obligaciones que nos corresponden. Por consiguiente, en el caso hipotético, al menos de momento, de una repetición electoral, es imprescindible convencer a todos aquellos que se han echado a un lado, a que participen en la defensa de lo que también es suyo, el espacio común, el territorio, la res pública (la cosa pública). Esa es y no otra la república, al margen de quienes simbolicen la auctoritas, es decir el poder moral, basado en el reconocimiento o prestigio de una persona.

La república, constituye una conceptualización conformada en torno a la ética y sobre todo a la construcción común de las ideas en un espacio público, conforme a ello, sin duda Juan Carlos de Borbón, ha faltado a la ética y su figura moral, no solo ha quedado enfangada, sino que ha puesto en cuestionamiento la normalidad del sistema, pero acaso ¿no se aleja de los principio republicanos lo que preconizan Puigdemont, Junqueras, Borrás, Aragonés y tantos otros, en querer inclinar la balanza hacia su favor?. Intentan “vender” que supuestamente el 50% de la ciudadanía votó a favor de la segregación el famoso 1 de octubre, o ahora con el 25% del censo y el 50% del electorado.

El equilibrio ciudadano en el espacio público no puede basarse en la querencia de una parte, ni puede justificarse en buscar las raíces en el medioevo o fundamentarlo entre naturales de la tribu original y tachar de barbaros o colonos a aquellos que en el ejercicio de los “derechos del hombre y del ciudadano”, que le corresponden, han adoptado el territorio catalán como suyo, aportando su trabajo, sus vivencias y su fraternidad en pie de igualdad.

El análisis situacional de la realidad política en Cataluña, nos coloca ante la disyuntiva de un nuevo Govern, en disposición de aplicar el “imperium”, es decir, un poder absoluto a aquellos que han conseguido la capacidad de mando o a ejercer la “potestas” que era el poder político capaz de imponer decisiones mediante la coacción y la fuerza, o bien la alternativa de componer un nuevo ejecutivo dispuesto a fomentar una sociedad basada en la igualdad, la libertad, la justicia social y la fraternabilidad, en un contexto jurídico fiable, neutral, ecuánime e integro, con el fin de restañar las heridas, soldar las fracturas y recomponer la convivencia entre todos/as los catalanes. En este caso, un ejercicio conforme a la razón nos llevaría a conformar un gobierno en torno a las ideas y principios de las izquierdas.

Aunque se ha constatado la derrota del procés y la cantidad de mensajes engañosos que se pregonaron (despegue económico espectacular, reconocimiento internacional, triunfal acogida en Europa como nuevo estado independiente, etc…), los partidos independentistas no han renunciado a continuar engañando a la ciudadanía que saben es proclive a creerse todos los mensajes y a no cuestionar nada, que pueda enturbiar la emocionalidad irracional1.

Hoy es tiempo de reflexión, sobre la conveniencia de un gobierno efectivo y realista o seguir embrujados por una espectacular campaña de comunicación dogmática y tal vez incluso sectaria, que induce a la aceptación cuasi religiosa de una ficción.

1Manuel Cruz. El edificio político que algunos pretendían demoler resistió. Conversación con Antonio García Maldonado, publicada en el Asombrario 3 de septiembre 2020. Extracto en el Libro el Virus del Miedo. La cajabooks. Febrero 2021

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.