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EL PERIÓDICO
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Paradojas de la prevención de pandemias


'España estaba clasificada en el puesto quince, entre las mejor preparadas, con EEUU y buena parte Europa'.

En esta pandemia han predominado hasta el hartazgo los análisis comparativos de los datos de incidencia y mortalidad, para a partir de ellos establecer clasificaciones de excelencia o incompetencia entre países en la gestión sanitaria de la pandemia, e incluso en el modelo de organización territorial, en la cultura política y hasta con respecto a la madurez de sus sociedades. La atracción de lo simple.

Todo ello, a pesar de que la realidad compleja, el conocimiento y la evolución de la enfermedad han desautorizado estos análisis simples hace ya tiempo, estas clasificaciones siguen sin embargo entre nosotros como zombis, para recordarnos a los españoles que nuestros gobiernos lo hacen particularmente mal y además que somos incívicos, agravando con ello nuestros tradicional pesimismo nacional y el consiguiente inútil reparto de culpas.

Lo que no se ha analizado ni explicado hasta ahora es la razón por la que hemos sufrido con tanta dureza está pandemia, cuanto los organismos internacionales nos situaban entre los países mejor preparados en el índice de seguridad sanitaria ante una futura pandemia.

Y es que quizá la extensión y la intensidad de está pandemia, como su propio nombre indica, vaya más allá de la gestión estatal o autonómica y tenga que ver con otros factores determinantes que habitualmente se nos escapan o bien no interesa reconocer.

A raíz de la epidemia de Ébola de 2014 se creó la Junta mundial de preparación frente a una amenaza de pandenia de la que formaron parte inicialmente como promotores la OMS y el Banco mundial. Su objetivo era acabar con los ciclos de pánico y despreocupación, que se han dado tradicionalmente durante y después de las epidemias, en un escenario cada vez más probable de catástrofe biológica, y poner en marcha una estrategia proactiva para prevenirla, mejorar la respuesta y favorecer más tarde la recuperación.

Para ello se creó el indice de seguridad sanitaria, al objeto de medir la preparación en el ámbito de las instituciones internacionales así como para cada país, en función de una serie amplia de indicadores. En base a éstos se presentan los informes anuales de preparación para pandemias al objeto de evaluar la situación general, la capacidad de alerta y respuesta concreta mediante simulaciones, ver las adaptaciones y mejoras puestas en marcha y su evolución en el tiempo.

Los principales criterios utilizados van del grado de prevención a la alerta, la respuesta rápida, la situación del sistema sanitario, el desarrollo de la normativa internacional y el entorno más o menos vulnerable en particular del ámbito de los gobiernos.

La conclusión general de sucesivos informes ha sido la deficiente preparación general y la falta de recursos para afrontar la amenaza de pandemias tanto en el plano global como en cada uno de los países individualmente.

En cuanto a los países, se mantiene una media de preparación escasa, de cuarenta puntos sobre cien, incluso entre los países más desarrollados que apenas sobrepasan los cincuenta, y no llega siquiera a los diez puntos en materias tan esenciales como la prevención, la alerta y la respuesta temprana. Es decir, se evidencia un deficiente desarrollo y cumplimiento en las materias relacionadas con la salud pública.

Tampoco supera los veinte puntos el compromiso con las mejoras, la realización efectiva de los ensayos o simulacros ni la puesta en marcha de las recomendaciones y de las medidas de corrección. El cisne gris de la amenaza letal que no queremos ver.

Lo ocurrido en la pandemia de la covid19, confirma estos mismos datos de la debilidad global frente a la amenaza pandémica, y coincide con el diagnóstico previo de la falta de preparación general para un escenario de pandemia o catástrofe biológica. En concreto, el panel de la ONU para la evaluación de la pandemia de covid19 reconoce a mediados de 2020 la falta de prevención, de gobernanza y asimismo de recursos, tanto sanitarios como económicos, que luego no han podido evitar el colapso de la cadena de suministros sanitarios de epis, test y respiradores, así como la tardía reacción global y también de los Estados ante los primeros casos para la declaración de emergencia y pandemia y la deficiente coordinación de la respuesta rápida para impedir su transmisión y así mitigar sus efectos.

Sin embargo no puede ser más contradictoria, e incluso paradójica, la relación entre la clasificación de los países según los indicadores establecidos de preparación para escenarios de pandemia, con los respectivos resultados concretos de incidencia y mortalidad a lo largo de la pandemia de la covid19.

Así, el ranking de los mejor y peor preparados se parece muy poco al impacto real por países de la actual pandemia, salvo para alguno en concreto como Australia y Corea del Sur en el sudeste asiático que aparecen entre los diez mejor preparados. Asi, según la mencionada clasificación, los EEUU era el más preparado junto con Gran Bretaña y buena parte de Europa, incluida España, mientra Nueva Zelanda aparecía retrasada a los puestos de la veintena junto con Brasil, mientras China se quedaba por detrás del puesto cincuenta.

El impacto de la pandemia, sin embargo, ha convertido a los teóricamente mejor preparados, entre los que se encuentran EEUU, Gran Bretaña, el resto de Europa e incluso Brasil en los farolillos rojos del impacto de la covid19, y por contra a los países que se estimaban con rendimientos mediocres o menos preparados como Nueva Zelanda, Singapur o Taiwán se han tornado en los principales ejemplos de gestión de la pandemia. También, aunque en silencio, otros países asiáticos y el continente africano que estaban en los puestos bajos de la tabla, han tenido sin embargo hasta ahora una baja incidencia de la covid19.

Continuando con las paradojas, España se encuentra entre los países mejor preparados, en el puesto decimoquinto de la clasificación general y en el décimo de Europa, cuando en esta pandemia nuestra situación epidémica está a día de hoy entre los más afectadas, tanto en incidencia acumulada como en mortalidad.

La debilidad de los compromisos asumidos y el entorno de riesgo gubernamental de vulnerabilidad eran, según el índice, nuestros peores indicadores. Los mejores y que nos situaban a la cabeza del ranking general tenían que ver con el sistema de alerta, la respuesta rápida y el sistema de salud.

En cuanto a los indicadores, no parece que la precaria situación de la salud pública en España, que se ha puesto de manifiesto de forma flagrante al principio y en menor medida durante el curso de la pandemia haya sido detectada como una de nuestras mayores debilidades. Tampoco ha ocurrido lo mismo con los efectos de la política de recortes en el sistema sanitario y en particular sobre la atención primaria, los equipamientos y recursos hospitalarios y el personal sanitario, así como sobre otros determinantes sociales y laborales.

Sin embargo, el mencionado informe de evaluación de la gestión de la covid19 promovido por la OMS se centra en las carencias de la respuesta global, pero también en las responsabilidades de los Estados, en primer lugar con respecto al secretismo inicial de China, pero también a la tardanza de los gobiernos desde la declaración oficial de pandemia por parte de la OMS.

En cuanto al papel de los Estados, si bien es cierto el exceso de confianza y la complacencia de buena parte de los gobiernos occidentales, que nos llevó a minusvalorar la gravedad de la amenaza y a retrasar la respuesta, no lo son tanto ni las acusaciones con respecto al colapso de la disponibilidad de epis, test y ahora de vacunas, cuestión que tiene más que ver con el modelo de globalización económica que con la gestión de los gobiernos en particular.Tampoco con respecto a la subordinación de las prioridades de salud pública a la economía, cosa que ha sido minoritaria y sobre todo ha existido en algunos gobiernos negacionistas y en otros sin capacidad ni recursos para otra cosa, pero no ocurrió así en la gran mayoría, que adecuaron los principios de salud pública a su respectiva realidad social, cultural y también política.

Está claro que algo se nos escapa. O bien los indicadores no eran los suficientemente finos como para detectar las vulnerabilidades particulares de los países y continentes, además de las generales, o finalmente la trasmisión y la incidencia de la pandemia han ido por otros derroteros y con otros determinantes geográficos y sociales o quizás también genéticos que es necesario tener en cuenta para los próximos análisis y las medidas de prevención.

Probablemente los determinantes sociales olvidados relativos a la movilidad, la densidad de población, las desigualdades sociales, la experiencia de epidemias anteriores, los factores de riesgo sanitarios así como los usos y costumbres sociales.. han sido más importantes de lo que se pensaba en cuanto a la transmisión y la vulnerabilidad en esta pandemia.

Por algo, el mencionado informe de las naciones Unidas sobre la pandemia de covid19 afirma que nos encontramos, no solo ante una crisis sanitaria, sino también una crisis social, ambiental y asimismo de derechos humanos.

Apliquémonos el cuento, para dejar ya el pesimismo y el reparto de culpas, pero sobre todo para preparar mejor la prevención de pandemias en el futuro. Nos jugamos mucho.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.