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La falta de confianza en los economistas


Los Nobel Esther Duflo y Abhijt Banerjee en una imagen de archivo. Los Nobel Esther Duflo y Abhijt Banerjee en una imagen de archivo.

La crisis que estalló en 2008 puso en cuestión la economía ortodoxa que se enseña en la mayor parte de las facultades del mundo. El hecho de que no se fuera capaz de predecir, ni siquiera advertir del peligro, generó una falta de confianza en los economistas. He puesto de manifiesto en varios artículos que sí hubo, sin embargo, una minoría que si acertó. Fueron pocos, pero muy relevantes en la ciencia económica.

Lo que aquí afirmo se sustenta en datos acerca de lo que se piensa de los economistas. Resulta muy significativo lo que describen Banerjee y Duflo, premios Nobel de Economía en 2019, en su libro ‘Buena economía para tiempos difíciles’ (Taurus, 2020). Duflo, a su vez, fue premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015. Estamos, por tanto, ante dos importantes científicos que dicen: “Por desgracia, muy poca gente se fía lo suficiente de los economistas”.

Los Nobel Esther Duflo y Abhijt Banerjee no piensan en absoluto que cuando los economistas y la sociedad tienen opiniones diferentes, los primeros siempre tengan razón. El objetivo (modesto) de su libro ‘Buena economía para tiempos difíciles’, como ellos subrayan, es compartir parte de ese conocimiento y reabrir un diálogo que aborde los temas más urgentes y decisivos de nuestra época

Se basan en dos encuestas. Una de ellas, realizada a principios de 2017 por You Gov en el Reino Unido en la que se preguntaba: “De las siguientes, ¿en qué opinión confía más cuando hablan de sus ámbitos de especialización?”. Los enfermeros fueron los primeros. El 84% de la gente confiaba en ellos. Los políticos fueron los últimos, con un 5%. Los economistas se quedaron con un 25%. La segunda, en otoño de 2018, la hicieron ellos mismos con la misma pregunta a diez mil personas en Estados Unidos. Aquí, de nuevo, sólo el 25% de la gente confiaba en los economistas. Solamente los políticos obtuvieron un porcentaje menor.

Esta falta de confianza refleja que el consenso profesional de los economistas (cuando existe) a menudo es sistemáticamente diferente de las opiniones de los ciudadanos corrientes. Esta idea la avalan con otras encuestas en las que hay diferencias notables entre los economistas y los ciudadanos. El hallazgo clave es que, en general, el economista académico medio piensa de manera muy diferente al estadounidense medio. Aparentemente, de esto puede deducirse que una gran parte de la sociedad ha dejado de escuchar por completo a los economistas cuando hablan de economía.

Los autores, no piensan en absoluto, que cuando los economistas y la sociedad tienen opiniones diferentes, los primeros siempre tengan razón. Nosotros los economistas, a menudo, estamos demasiado absortos en nuestros modelos y nuestros métodos, y a veces se nos olvida dónde acaba la ciencia y empieza la ideología. El objetivo (modesto) del libro mencionado, como ellos subrayan, es compartir parte de ese conocimiento y reabrir un diálogo que aborde los temas más urgentes y decisivos de nuestra época. La respuesta que dan a por qué se mina la confianza en los economistas es que existe mucha mala economía.

Otra disociación entre los que piensan los ciudadanos y los economistas, es la que expone Sandel, otro premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2018, en su libro ‘Justicia’ (Random House, 2011). En el verano de 2004, Florida fue víctima de un huracán, lo que generó un alza excesiva en los precios de determinados productos y servicios. El huracán trajo tras de sí un debate acerca de los “precios abusivos”. Muchos ciudadanos montaron en cólera por esos precios hinchados. La oficina del fiscal general recibió más de dos mil quejas, pues Florida tiene una ley que prohíbe las subidas especulativas de precios. Algunas quejas llegaron a los tribunales con éxito. Sin embargo, un economista defensor del libre mercado, Thomas Sowell, consideró que ”precio abusivo” es ”una expresión emocionalmente potente pero carente de sentido desde el punto de vista económico”. Otros economistas en la misma línea se basaron en razones parecidas. En fin, que hay que restablecer la confianza en los economistas lo que pasa por hacer otro tipo de economía, y desechar a los muchos charlatanes que aparecen en los medios de comunicación.

Catedrático emérito Universidad Complutense.