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EL PERIÓDICO
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El regreso de los estoicos en las elecciones catalanas de la pandemia


"Para ellos la idea de comunidad es sumamente importante. Ahora bien, fieles a su pensamiento y su idea de que el mundo está unido por el fino hilo de la racionalidad, se consideraban ciudadanos del mundo." Jaime Fernández-Blanco Inclán.

Hay quien dice que en las elecciones catalanas nada ha cambiado salvo la abstención y por lo tanto todo seguirá igual de mal en peor. Se amplía la mayoría independentista, los dos bloques identitarios siguen enfrentados, con escasos movimientos entre ellos, y se mantiene la dificultad para formar gobierno primero y luego para consolidarlo, con el riesgo del continuismo en la sobreactuación, la mutua anulación interna y la consiguiente incapacidad de gestión.

Sin embargo, la historia no se repite, si acaso rima, y eso no deberíamos ignorarlo tampoco en Cataluña. El tiempo de la DUI ya pasó y también pasó la movilización y pasó la reacción política del 155 aunque haya vuelto en forma de zombi para dibujar un cordón sanitario en torno al PSC, pasó el juicio y la desmesurada condena por sedición y pasó también el gobierno de Mariano Rajoy después de un largo periodo de inestabilidad en España que culminó con la moción de censura y la llegada del gobierno de coalición de la izquierda. Es verdad que se mantiene el imaginario de la independencia y la autodeterminación, la situación de los presos y por tanto la exigencia de amnistía o de indulto, la colección de agravios mutuos, y sobre todo la fractura de la sociedad catalana y sus consecuencias económicas, sociales y politicas, así como de ésta con la sociedad española y se mantiene el apoyo inestable de ERC al nuevo gobierno español de la coalición de izquierdas. Como en la pandemia, Cataluña dobla la ola del populismo, pero sus consecuencias siguen estando muy presentes.

La tercera ola de la pandemia parece haber condicionado un desplome de la participación electoral, sobre todo en comparación con las elecciones del 155, pero también es cierto que la agitación identitaria y la reacción consiguiente han visto reducida sustancialmente el nivel de tensión afectiva y de movilización, lo que se dio en llamar la hiperventilación ha dado paso a la abstención. A pesar de ello, los independentistas han superado en conjunto el cincuenta por ciento de los votos, aunque no llegan si tan solo se suman los votos con representación parlamentaria, cosa que a pesar de la baja participación electoral y por tanto de su carácter de victoria pírrica, no dejará de ser utilizado, en particular por las CUP, para retomar los argumentos, otra vez, en favor del mito de una nueva declaración unilateral de independencia. Lo que no se destaca suficientemente es la recuperación de la izquierda y con ello de la lógica racional y de clase frente a la identitaria.

Es de destacar también, que han sido unas elecciones ejemplares en su organización y desarrollo, a pesar de la tercera ola de la pandemia y además de una resistencia política muy mayoritaria. Ahora conocidos los resultados más comprensible en términos políticos, frente a la realización de las elecciones en tiempo y forma, de las dudas hasta el último momento sobre la constitución de las mesas electorales y también debido a un clima de tensión habido en algunos momentos y lugares con la incorporación de la extrema derecha a la campaña electoral y la inestimable ayuda del otro extremo populista. Los extremos se tocan.

Ahora, da la impresión que la negativa, tanto del PSOE como de Vox a la suspensión electoral decretada por el govern y finalmente anulada por los tribunales de justicia haciendo prevalecer el derecho de participación política, ha tenido algo que ver con sus previsiones de unos excelentes resultados, así como por contra la insistencia en el aplazamiento por parte del resto de los partidos tendría el objetivo de diluir esas expectativas y en particular del llamado efecto Illa, más que estar motivado tan solo por criterios de salud pública. El resultado, como los de Galicia y Euskadi apuntan a la vuelta de la política, aunque también se mantienen los efectos del ciclo populista en la representación y en la comunicación.

En un principio también había parecido contradictoria la descalificación del candidato Illa por la gestión de la pandemia y al mismo tiempo el rechazo a la decisión de dejar el ministerio para ponerse al frente de la candidatura, cuando bien se podía haber considerado una asunción de responsabilidades para someterse al veredicto, dicen que inapelable de las urnas. El resultado ha echado por tierra una y otra crítica, al menos entre el electorado catalán, que paradójicamente parece haber premiado tanto la gestión sanitaria de la pandemia como la decisión de dejar el ministerio para presentarse como candidato a las elecciones. Y es que la confrontación y criminalización de la gestión de la pandemia ha resultado ser una estrategia contraproducente en cada elección autonómica, lo que muestra el punto de inflexión de la indignación ciudadana.

Sin embargo, si bien los bloques independentista y estatal permanecen como tales, algo fundamental parece haber cambiado dentro de ellos. Un cambio que afecta, y no es poco, a la dirección y a la permeabilidad del conjunto del bloque político en cuestión. En ambos bloques cambia el partido hegemónico en favor de una posición más comprometida con la construcción democrática, pragmática y dialogante, y asimismo ambos se orientan a una sensibilidad más a la izquierda, si bien también es cierto que en ambos bloques se fortalecen las formaciones políticas antisistema de sus extremos, como son Vox y las CUP. Esas posiciones de liderazgo más favorables al diálogo y el pacto hacen más permeables a la política unas relaciones que hasta ahora solo han sido de confrontación populista.

El efecto Illa finalmente ha funcionado, convirtiendo el voto PSOE en el punto de referencia para un voto mayoritario y también ha funcionado finalmente la llamada al sorpasso de ERC con respecto a su contraparte independentista Junts per Cat. Con ello, cambia el liderazgo de trinchera de ciudadanos por el liderazgo político de centro izquierda tranquilo y dialogante del PSOE, dentro del mal llamado unionismo (sustituido por el federalismo), pero también cambia el liderazgo del independentismo por una ERC también más dialogante y a la izquierda.

En este contexto, el aguante de En Común Podem, en el espacio de Iniciativa per Cataluña, resulta particularmente encomiable, al haber soportado el tirón del efecto Illa y haber contrarrestado también la campaña paralela de Pablo Iglesias, que más que destinada a movilizar al votante de Unidas Podemos, parecía propia del espacio independentista e incluso del antisistema más cercano a las CUP. Una campaña personal, antes como interlocutor privilegiado en el gobierno del independentismo que como su adversario estratégico y electoral.También, en este espacio podría germinar de nuevo el pensamiento de la izquierda transformadora democrática. Las declaraciones de la candidata autodefiniéndose como los herederos del PSUC pueden apuntar hacia una reconstrucción intelectual de esa concepción alejada de los mitos populistas y pueden situar a los comunes entre el PSC y Esquerra representando el papel de enganche democrático, federalista y constructivo entre ambos.

En cuanto al futuro gobierno de la Generalitat, la más que probable Presidencia de ERC, abre una vía a un liderazgo más pragmático del independentismo para una mayoría de investidura junto con Junts y el hipotético apoyo de las CUP. La otra alternativa de un tripartito de las izquierdas transversal con En Común y ERC, liderado por el PSOE resulta a corto plazo muy improbable. Aunque tampoco es descartable que ninguna de ellas se consolide y lleve a otras fórmulas hoy inesperadas o que aboque a unas nuevas elecciones, que nadie desea pero que tampoco nadie descarta.

Dentro de la posición no independentista, liderada por el PSOE, se abre una dinámica más dialogante y alejada de la confrontación, en su momento protagonizada por Ciudadanos. Y a tenor de los primeros movimientos del candidato del PSC y de la candidata de En Común Podem también con una vocación de alternativa transversal de gobierno más clara.

En cuanto a los efectos de este resultado en la política y el gobierno del Estado, es evidente que éste fortalece a la presidencia, la unidad de los partidos de la coalición, y sobre todo, consolida la mayoría de investidura al aportar mayor seguridad a ERC en su estrategia de influencia y diálogo con el gobierno Sánchez. También debería servir de lección para relanzar el programa y recuperar la confianza dentro de la coalición de gobierno.

Por si no fuera suficiente, el sorpasso de Vox, reabre la lucha por la hegemonía en la oposición de la derecha española y presiona sobre el PP. Confirma que la moción de censura y la abstención posterior a los fondos europeos no fueron solo intentos de consolidar su propio espacio, sino que con este resultado electoral también pueden formar parte de la disputa abierta de Vox por la hegemonía de la derecha.

El problema que bloquea al PP es, sobre todo, la hemorragia de la corrupción que no cesa en los tribunales, de la que no puede ni quiere distanciarse, así como del quiero y no puedo como líder de la oposición sin alcanzar ni garantizar pactos de Estado en una visión de éstos como obstáculos para crecer electoralmente y por tanto en su renuncia a representar un papel estructural en nuestra democracia. Su consecuencia son los bandazos en la estrategia de campaña y fuera de ella. En conclusión, el PP ha eludido hasta ahora su refundación política (sustituida por el sucedáneo de la confrontación populista) pero sin ella los fantasmas del pasado le seguirán pasando factura. Vox, desde la extrema derecha populista ha sabido interpretar mejor las causas de esta parálisis y ha puesto las lecciones en práctica, primero con su aparición en escena, luego sosteniendo los gobiernos de la derecha y ahora disputándole el liderazgo al Partido Popular.

En resumen, la política estoica comienza a doblegar la pandemia populista pero no hay que relajarse. En particular ERC va a tener una crisis de realidad y no es seguro que gane la politica. La resultante final para Esquerra dependerá de las apuestas a medio y largo plazo que realicen la izquierda democrática del PSC y la que se vislumbra en los comunes. Hace falta visión de estado y compromiso con nuestro sistema de convivencia. Esta es todavía una democracia en pandemia desde hace ya una década. El daño es tal que hemos dejado de gestionar la democracia y su complejidad. Está por ver que entre cínicos y estoicos seamos capaces de salir de la caverna.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.