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La normalidad del maltrato infantil (I): El Lazarillo de Tormes


Lazarillo de Tormes visto por Francisco de Goya. / Wikipedia Lazarillo de Tormes visto por Francisco de Goya. / Wikipedia

El maltrato infantil ha sido un problema social y de salud de primer orden que sin embargo ha tenido su importante sección en la literatura clásica y en nuestro canon literario. Su importancia real en nuestro medio es desconocida al ignorarse las formas de detección, diagnóstico, secuelas a corto, medio y largo plazo y mortalidad en la totalidad y en cada uno de los tipos de maltrato. Pero en la actualidad, se desconoce también el grado de sensibilización y de formación específica para el diagnóstico del niño maltratado por parte de los profesionales sanitarios, así como de su capacidad para el manejo de estos niños. Para cualquier ciudadano normal ya comprende que estas cosas, cuando suceden, no son normales.

El maltrato infantil es un fenómeno antiguo que adquirió visibilidad desde la década de los 60, cuando se describió como el Síndrome del Niño Golpeado, como una entidad clara y definida, posible de reconocer, tratar y prevenir.

El Síndrome del Niño Golpeado se denominó como el uso de la fuerza física no accidental, dirigida a herir o lesionar a un niño por parte de sus padres o parientes. Posteriormente, se incluyeron la negligencia y los aspectos psicológicos y emocionales como partes del maltrato infantil.

Se puede definir el maltrato infantil como cualquier daño físico o psicológico no accidental contra un menor ocasionado por la madre o el padre u otras personas responsables de su cuidado, que ocurre como resultado de acciones físicas, sexuales o emocionales, produciéndose entonces el maltrato por acción, omisión o negligencia y que amenazan al desarrollo normal del niño.

Los malos tratos por omisión se pueden dar por carencias físicas, por ejemplo, abandono, falta de aporte alimenticio o de protección frente al frío o por carencias afectivas que son igualmente nefastas para la evolución del niño. La omisión se refiere a la falta de atención por parte de quienes están a cargo del niño y que requiere atención médica o intervención legal. Los malos tratos por acción serían en casos de abuso sexual y maltrato físico en forma de contusiones, heridas, quemaduras, fracturas,….Según del desarrollo integral de la familia, el maltrato se da siempre de forma intencional, no accidental, por padres, tutores o personas responsables de ellos.

El maltrato emocional se refiere a la respuesta emocional inapropiada, repetitiva y sostenida a la expresión de emoción del niño y su conducta acompañante, siendo causa de dolor emocional.

El maltrato psicológico, en cambio, es la conducta repetitiva, persistente e inapropiada, como por ejemplo, la violencia doméstica, insultos, actitud impredecible, mentiras, decepciones, explotación, maltrato sexual, negligencia,…, que daña o reduce tanto el potencial creativo como el desarrollo de facultades y procesos mentales del niño, que lo imposibilita a entender y manejar su medio ambiente, lo confunde y lo atemoriza haciéndolo más vulnerable e inseguro, afectando adversamente su educación, bienestar general y vida social.

Hasta aquí y desde el punto de vista de nuestra idea del mundo, todo nos parece que forma parte de la salud social por la que se ha luchado a lo largo de estas últimas décadas. Pero cuando tenemos que motivar a los estudiantes para que lean una de las novelas picarescas más importantes de nuestra tradición, la cuestión se pone algo más compleja si cabe. Lázaro claro que presenta el Sindrome del Niño Golpeado, pero otras muchas dolencias más que se pasan por encima, como todo. Las vejaciones, la mentira, la violencia y el abandono son los denominadores en común de estos pícaros protagonistas del horror silenciado. La novela de El Lazarillo se fundamenta en el aspecto folclórico de lo que cuenta y se rige por la simetría y por el número tres tradicional de los cuentos. La narración presenta tres simetrías bastante claras: tres situaciones del primer capítulo se reproducen de alguna manera en el sexto. La obra se compone de un prólogo y siete tratados, que varían mucho en extensión. La composición del Lazarillo se articula en torno a dos modelos estructurales: la autobiografía y la epístola. Ahí, todos los elementos adquieren un sentido porque forman parte de la historia de la vida contada por él mismo, siguiendo un modelo de carta dirigida a un desconocido “Vuestra Merced”.

Los tratados II, III y IV son tremendos, por mucha versión cómica que se quiera hacer. Con toda probabilidad hemos estudiado la vida de estos pícaros que comienza con Lázaro, obra por cierto anónima al destrozar el sistema clerical y otros estamentos deleznables de la época, sin caer en la cuenta de la dificultad social que ahí se esconde. “Y por esto y por otras cosillas que no digo, salí dél.”, afirma Lázaro cuando se zafa del lujurioso clérigo libertino. Una desgracia francamente que se ha normalizado tanto que el resto de la vida de los pícaros o niños pobres de España, se ha retratado como vida cotidiana sin más. En aquellos años de esplendor literario se escribieron más de cincuenta textos sobre niños que se habían vuelto engañadores, niños corrompidos, alguna mujer también como la pícara Justina.

Es necesario recalcar el carácter intencional, nunca accidental, del daño o de los actos de omisión llevadas a cabo por los responsables de los adultos cuidadores del niño/a, con el propósito de lastimarlo o injuriarlo. Esta manipulación es continua en el pobre Lázaro, y se las tiene que ingeniar para autosalvarse. Sabemos –al igual que en el origen de los cuentos populares- que la realidad era mucho más cruel que lo que la literatura pretende recrear. Todavía recuerdo de niña alguna versión del lazarillo donde le pegaban alegremente palizas. El castigo físico impuesto como el empleo de la fuerza física con intención de causar dolor, sin lesionar, con el propósito de corregir o controlar una conducta. Y ahí estaba. El castigo corporal ha sido una práctica muy difundida y socialmente aceptada por ello nadie decía nada. A pesar de ello, constituye una violación de los derechos fundamentales como personas, es un atentado contra su dignidad y autoestima, es una práctica peligrosa porque puede causar daños graves a los niños/as y constituye siempre una forma de abuso psicológico que puede generar estrés y depresiones…pero esto lo sabemos y reflexionamos hoy y sabemos que no está bien. ¿Por qué? Por que a pesar de todo el mundo ha cambiado en muchos aspectos, de ahí que no tenga mucho sentido anclarse en Francos y sus seguidores, por poner un ejemplo, y demás personajes patéticos que ahora no pintan nada en una sociedad que quiere crecer y progresar. Por eso, a los jóvenes de secundaria de 14 años o de 15 hay que darles una visión de la literatura muy diferente de la que se ha dado hasta ahora. Quizás ya saben lo que es maltratar y no lo admiten. Esos libros que recreaban a los lectores ahora pasan a ser objeto de debate.

Mañana relato la vida de otros niños en la literatura.

1Anónimo, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554).

Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache (1599 y 1604).

Juan Martí, Segunda parte del Guzmán de Alfarache (1603), apócrifo.

Francisco de Quevedo, La vida del Buscón (1604-1620), impreso en 1626.

Gregorio González, El guitón Honofre (1604).

Francisco López de Úbeda, Libro de entretenimiento de la pícara Justina (1605).

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, La hija de la Celestina (1612), La ingeniosa Elena (1614), refundición y ampliación de la anterior, El sagaz Estacio y El sutil cordobés Pedro de Urdemalas (1620).

Vicente Espinel, Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón (1618).

Carlos García, La desordenada codicia de los bienes ajenos (1619).

Juan de Luna, Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes, sacada de las crónicas antiguas de Toledo (1620).

Juan Cortés de Tolosa, Lazarillo de Manzanares, con otras cinco novelas (1620).

Jerónimo de Alcalá, Alonso, mozo de muchos amos o El donado hablador (1624 y 1626).

Alonso Castillo Solórzano, Harpías de Madrid y coches de las estafas (1631); La niña de los embustes, Teresa del Manzanares, natural de Madrid (1632); Aventuras del bachiller Trapaza, quintaesencia de embusteros y maestro de embelecadores (1637); La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642), Antonio Enríquez Gómez, Vida de don Gregorio Guadaña (1644).

Atribuido a Gabriel de la Vega, La vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesto por él mismo (1646).

Félix Machado de Silva y Castro, Tercera parte de Guzmán de Alfarache (1650) Francisco Santos, Periquillo el de las gallineras (1668).

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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