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EL PERIÓDICO
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¡Hemos aprendido a leer!


La ministra de Educación, Isabel Celaá, en una imagen de archivo. La ministra de Educación, Isabel Celaá, en una imagen de archivo.

A veces tienen que pasar muchas generaciones para que la forma de percibir un colectivo, por parte de la sociedad, se modifique. No solo es necesario cambiar la ley.

Por Real Cédula de 18 de marzo de 1783 su Majestad Carlos III, a través de su ministro Campomanes, promulgó que quedaban dignificados socialmente los trabajos considerados hasta entonces como viles.

La disposición real era el resultado de escritos e informes que sugerían la conveniencia de poner fin al estado de desprestigio que pesaba sobre quienes ejercían trabajos manuales.

Entre las profesiones consideradas como deshonrosas y que, por tanto, envilecían a quienes las practicaban estaban: verdugos, cómicos, zapateros, curtidores, cardadores, sastres y un largo etc.

Al desprestigio social iba unida la imposibilidad de ejercer cargos públicos o contraer matrimonio con personas dignas.

Han pasado 238 años, pero parece que aún queda algo en la consciencia popular, de unos más que de otros, que impide desterrar del todo esta anacrónica idea.

Esta, entre otras, creo que sea la razón de que los trabajos manuales, los oficios, se vean como algo de segunda categoría en la escala social de nuestros días. Así ha venido siendo incluso en las propias Leyes promulgadas para regular la, hoy llamada, Formación Profesional. Así ha sido hasta la LOGSE, que salió a la luz en 1990 después de un largo y profundo proceso de debate y análisis. Con esta nueva Ley las cosas empezaron a cambiar, aunque ha habido que sufrir algún retroceso con la LOMCE de 2013 que ha intentado retrotraernos a ese oscuro pasado, sin conseguirlo en gran medida.

Pero, ¿por qué antes de 1783 existían esas Leyes segregadoras, con respecto a los artesanos y en beneficio de la clase dominante? Y ¿por qué se ha mantenido este concepto a lo largo de los siguientes 200 años? La contestación parece evidente; la clase dominante no podía permitir que los agricultores o artesanos se formaran, aprendieran, pusieran en cuestión su dominio de vidas y haciendas.

En España no hubo una “Toma de la Bastilla” y lo que fue peor, no hubo una clase media con suficiente empuje, como sí la hubo en Francia, para que tomara el relevo de esa clase dominante venida a menos, en la oportunidad de oro que fue la Constitución de Cádiz. Así lo explica perfectamente Ramos Oliveira en su libro: Un Drama Histórico Incomparable. España 1808-1939.

Pero volvamos a la actualidad ¿qué ha cambiado desde la Constitución de 1978 y más concretamente desde la LOGSE de 1990, sobre todo en lo referente al aprendizaje de los oficios? Yo lo resumiría en una frase que, sin que deba ser tomada de forma literal, sería: ¡que hemos aprendido a leer!

Como digo no debe ser tomada de forma literal, el analfabetismo en España, en 1990 era ya muy bajo, lo que quiero expresar es que desde tiempo inmemorial, en nuestro País no se habían dado las condiciones de paz, progreso económico y estabilidad política y social para que dos o tres generaciones seguidas pudiéramos prosperar, estudiar, formarnos y todo ello importando cada vez menos el origen económico o social. Hijos e hijas de obreros que en otros tiempos ni hubiéramos soñado con ir a la universidad lo hemos hecho. El nivel cultural de la sociedad en general ha aumentado considerablemente, con mucho esfuerzo en muchos casos, pero de forma constante y silenciosa hemos prosperado y … esto no hay quien lo eche para atrás.

El paso está dado, a pesar de que las fuerzas conservadoras aprovecharon la oportunidad de la crisis de 2008 intentando desbaratar lo conseguido, porque según ellos “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Pero la inercia social no tiene vuelta de hoja y además cuando ha llegado la nueva crisis, esta vez llamada COVID 19, estamos en un contexto político totalmente diferente.

La nueva Ley de Educación y Formación Profesional (LOMLOE), es la confirmación de que existe una población formada y culta que está ansiosa por estarlo aún más. Los artesanos de hoy, formados en Centros de FP. con un abanico de especialidades cada vez mayor y con un prestigio social en crecimiento, necesitan esta nueva herramienta para seguir avanzando.

La revolución cultural en España se ha hecho con el enorme esfuerzo de muchas generaciones que siempre hemos tenido claro que la única forma perdurable de prosperidad colectiva y vida digna es a través de la formación, la cultura y el conocimiento.

Aprendiz, Instalador Eléctrico, Ingeniero Técnico Industrial, Máster en Materiales Estructurales y Profesor Técnico de Formación Profesional.

Desde 2012 colaborando en el Grupo de Trabajo de la Secretaría de Educación del PSOE en Madrid.