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Lo viejo, lo nuevo y el futuro de la biotecnología


El punto de partida para analizar los desarrollos de la Biotecnología moderna aprecio debe ser, por una parte, siguiendo a Mario Bunge, entender que “la Realidad tiene un Estructura de varios Niveles… (y)… que los niveles superiores no son autónomos, sino que dependen de cuanto a su existencia de la subsistencia de niveles inferiores”[1] y, por otra, a Karl Mannheim en su obra El hombre y la sociedad en la época de crisis, cuando afirmaba que “el conjunto de las esenciales mutaciones que experimentamos hoy solo puede ser captado con acierto cuando lo concebimos como la disolución de una forma anterior de la Sociedad y como el proceso de edificación de una nueva. Pero la mutaciones sociales no tienen nunca el carácter de una construcción radicalmente nueva, ni siquiera en los llamados periodos revolucionarios, sino que reúnen lo viejo y lo nuevo en el proceso de transformación (Umbau)”[2].

En estas reflexiones subyace la idea de progreso y los parámetros que lo definen, de donde cabe preguntar si como afirmaban Augusto Comte y Herbert Spencer, el progreso es una concepción mental abstracta o como sostenía Emilio Durkheim es un hecho verificable. Lo cierto es que los desarrollos científicos y tecnológicos han quebrantado verdades admitidas hasta hoy, y el ser humano ha penetrado en esferas que hasta hace poco tiempo no habían sido franqueadas.

En ese sentido los avances científicos y técnicos de la humanidad sobrellevan modificaciones en el medio social y las mutaciones, particularmente en materia de Biotecnología (humana y no humana), han puesto en cuestión el pensar ético y normativo vigentes.

El Grupo de Expertos en Indicadores sobre Ciencia y Tecnología (NESTI) define la Biotecnología moderna como “la aplicación de la ciencia y la tecnología a los organismos vivos, así como a partes, productos y modelos de los mismos, para alterar materiales vivos o no, con el fin de producir conocimientos, bienes o servicios”. Dentro de la misma se encuentra una lista que incluye los términos: DNA/RNA, proteínas y otras moléculas, cultivo e ingeniería celular y tisular, técnicas de procesos biotecnológicos, vectores génicos y de RNA; bioinformática y nanobiotecnología [3].

Ha hecho posible obtener bacterias, levaduras… con la capacidad, por ejemplo, de producir hormonas “humanizadas”, además de plantas cultivadas, susceptibles de sintetizar anticuerpos, proteínas o patógenos, y generar cultivos frutales que generan vacunas e incluso animales, como en el caso de las vacas, que incorporan en su leche sustancias terapéuticas con fines médicos (hormona del crecimiento, compuestos vacunales…). A lo anterior, se añaden posibles transferencias de genes de unos organismos a otros e intervenciones de cara a una mejora vegetal.

No hay dudas sobre que la Biotecnología tiene un gran impacto para la sociedad y, junto a un buen uso, pueden coexistir usos indebidos. En este contexto, las consecuencias para la especie humana y la organización social son de suma importancia, y ello es así porque la ciencia y la tecnología (las grandes olvidadas en las últimas décadas, hasta la llegada del coronavirus SARS-CoV-2) deberían jugar, en todo momento y lugar, un decisivo papel en la sociedad.

Los países menos desarrollados encuentran serias dificultades en conseguir que estos progresos estén a su alcance. Las desigualdades sociales tradicionales persisten y se han agudizado en los últimos tiempos (muestra de ello está en la vivencia dispar de la COVID 19 en todo el mundo). Además, hay que valorar también los obstáculos existentes en las sociedades tecnológicamente más avanzadas.

De ahí la importancia de potenciar una ética de la salud pública, centrada en el diseño y aplicación de medidas para la vigilancia y mejora de la salud de las poblaciones, que contemple las condiciones estructurales que promueven o dificultan el desarrollo de sociedades sanas (pobreza, exclusión social, hábitos sociales no saludables, sanidad universal…), las desigualdades en el estado de salud y en el acceso a la atención y los beneficios de la investigación médica.

Así las cosas, prioritario resulta, siguiendo a la OMS, alcanzar en todo el mundo el derecho a la salud universal, que lleva de sí que todos los ciudadanos tengan acceso a los servicios de salud de calidad que necesitan, cuándo y dónde los precisen, sin tener que hacer frente a inconvenientes económicos. Específicamente acceso a profesionales sanitarios con buena formación, a tratamientos seguros y a medicamentos y vacunas (tema de la máxima actualidad en estos momentos).

Adentrados ya en el año 2021, tras un año muy duro, que ha llevado a la humanidad a una contingencia inédita e imprevista, la Biotecnología se ha revelado la solución para acabar con un enemigo tan letal. Ya lo predijeron algunos estudiosos a finales del siglo XX, cuando manifestaron que el siglo XXI sería el de la Biotecnología, ya lo era antes del 2019, quedando plenamente demostrado su extraordinario potencial con la aparición las vacunas de ARNm. No son las primeras, se trabaja desde hace años en vacunas de ARNm contra la influenza (una patología respiratoria contagiosa provocada por los virus de la influenza que afectan a la nariz, la garganta y, en ocasiones, a los pulmones), el zika (causada por un virus que se transmite por un tipo de mosquitos), la rabia y el citomegalovirus (un virus común). Destacar que en la investigación de cáncer se emplea asimismo la tecnología de ARNm para originar la respuesta del sistema inmunitario a células cancerosas concretas.

Una vez fueron conocidos determinados datos sobre el virus SARS-CoV-2, se comenzaron a diseñar, por parte de la comunidad científica internacional, instrucciones del ARNm con la finalidad de que las células crearan la proteína Spike hospedadora para incluirlas en la vacuna de ARNm. Previsiblemente estas vacunas posibilitaran, en un futuro, protegernos frente a enfermedades comunes varias.

Nos situamos, por tanto, ante un proceso de cambio social que desde la revolución industrial juzgo no había tenido parejo relieve. Las innovaciones de nuestros días están impulsadas por transformaciones tecnológicas estrechamente vinculadas a la Biotecnología y como decíamos al comienzo de estas líneas de la mano de Karl Mannheim, lo viejo y lo nuevo se funden proyectándose hacia el futuro.

[1] Mario Bunge, La investigación científica, Editorial Ariel, Barcelona, 1973, págs. 321-322.

[2] Karl Mannheim, El hombre y la sociedad en la época de crisis, CIS, 2018, pág. 31.

[3] José Luis García López, “Biotecnología” en Carlos María Romeo Casabona (director), Enciclopedia de Bioderecho y Bioética, Tomo I, 2011, pág. 280.

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.