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EL PERIÓDICO
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Una evaluación de la pandemia, y no una evaluemia


El objetivo del panel no es "repartir culpas, sino aconsejar para ver lo que puede mejorarse, y hacer recomendaciones concretas para que el mundo responda a futuras pandemias más rápido y mejor". Ellen Jhonson Sirleaf. Expresidenta de Liberia y premio Nobel de la paz.

Avanzada ya la tercera ola de la pandemia, aparte de la ya cansina gestión de la culpa, parece que se consolida la pulsión por el dato y el ranking en los medios de comunicación y la exigencia de evaluación por parte de los llamados expertos. Entre la infodemia y la evaluemia. La liga entre países varía con la evolución de la tercera ola, los datos siguen sin colmar la exigencia de transparencia y dación de cuentas, y finalmente no deja de llamar la atención que, hasta el momento, la única evaluación de la gestión conocida se restrinja al panel de expertos de la OMS, cosa que por otra parte no deja de tener sentido al tratarse de una epidemia global y sobre el organismo en que al menos teóricamente radica la gobernanza de la covid19.

Previamente el consejo de Supervisión de la Preparación Global (GPMB), órgano independiente creado en 2018 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y copresidido por Go Harlem Brundtland, ha emitido un segundo informe denominado 'un mundo en desorden' en el que reitera que si el mundo no aprende las lecciones de la covid19 y no prepara la financiación y la gobernanza para la prevención y preparación de futuras pandemias, sus efectos pueden ser aún más devastadores que la actual.

En este sentido, las conclusiones del informe del panel de expertos, sobre la gestión de la pandemia por parte de la OMS van en la misma dirección y dan la impresión de un dejá vu conocido. La única sorpresa es quizás que los expertos españoles consideren que reafirma su exigencia, tanto en el modelo como en el momento para la evaluación que ellos vienen reclamando en España.

Lo primero a tener en cuenta que el mencionado panel de expertos está coordinado por dos figuras políticas y que en buena parte la evaluación de la OMS trata también del papel de los Estados, y entre ellos de España, y así mismo que la evaluación tenga el carácter de informe provisional sobre la primera parte de la pandemia, y por lo tanto, reconocido como inicial por los propios evaluadores, a reserva la la evaluación definitiva prevista en principio para mayo de este año 2021.

Al final, serán nueve meses de trabajo y cientos de informes y entrevistas para sobre todo alcanzar el objetivo de unas recomendaciones finales que mejoren la preparación y respuesta ante las pandemias futuras, todo ello alejado de cualquier revancha o facturas pendientes entre posiciones politicas o corrientes científicas.

Se trata además de un adelanto o primer informe, sin perjuicio de otros en posteriores momentos de la pandemia, incluso como los que han sido reclamados, por parte del ahora expresidente de los EEUU, Donald Trump, dentro de su estrategia negacionista y por tanto desde una perspectiva de impugnación de la gestión de la OMS.

Llama la atención en primer lugar que las coordinadoras del panel de expertos sean conocidas políticas, expresidenta y ex primera ministra de sus respectivos países para ser más exactos, la liberiana Ellen Johnson Sirleaf y la neozelandesa Hellen Clark, y que de sus trece miembros, al menos una tercera parte hayan sido en el pasado miembros destacados de gobiernos, cuando por el contrario en nuestro país se viene reclamando un evaluación tan independiente y tan furibundamente neutral que excluye de partida a cualquier técnico del sector público o a cualquier ponente mínimamente relacionado con la política, mostrando hasta que punto en España la polarización y la antipolítica se retroalimentan, limitando incluso la comprensión y las posibles medidas de mejora de una evaluación pluridisciplinar de la pandemia.

La conclusión fundamental del panel de expertos es que hoy por hoy la OMS carece de la capacidad ejecutiva y de los medios presupuestarios para enfrentarse a una pandemia letal como la actual y para prevenir pandemias futuras.

En cuanto a la gestión de la pandemia, se hace referencia a las críticas ya conocidas y repetidas hasta la saciedad en diversos ámbitos sobre la tardanza en la respuesta del sistema de alerta y la declaración de pandemia, la incapacidad para aplicar los programas preventivos elaborados con anterioridad y de otro lado sobre los condicionantes políticos y burocráticos que conlleva la actual composición y financiación de la OMS. En consecuencia, las recomendaciones también son reiterativas por ejemplo con respecto a la digitalización del sistema de alertas.

Por otra parte, el informe se extiende a las responsabilidades de los Estados, en primer lugar con respecto al secretismo inicial de China, pero también a la tardanza de los gobiernos desde la declaración oficial de pandemia por parte de la OMS, añadiendo argumentos como su falta de liderazgo en la respuesta de salud pública, la incapacidad de previsión en el colapso en epis y test y sobre todo el reproche por retrasar o diluir las medidas restrictivas de mitigación o erradicación del virus por temor al impacto de éstas en las posibilidades de recuperación de la economía de sus respectivos países.

Una respuesta que de haber sido más contundente, según el informe, hubiera sido no solo mucho más eficaz desde el punto de vista de salud pública y sanitaria, sino también económicamente.

Un argumentario éste, no muy diferente de las críticas a apriori a la gestión del gobierno español por tardía, débil y ahora política, contenida en diversos escritos y manifiestos de los expertos españoles que siguen exigiendo al gobierno la correspondiente auditoría independiente en relación a la gestión de la pandemia. Se deduce que una auditoría solo técnica ya que se veta a funcionarios y políticos de cualquier administración entre sus componentes, lo que significa que se da por descontado que del control de la gestión política se encarga el Parlamento español y los parlamentos autonómicos. Un error de enfoque que restringe el perímetro de la evaluación así como lo más importante la amplitud y profundidad de sus recomendaciones de mejora.

Pero lo más extraño es la paradoja de que sean esos mismos expertos, radicalmente independientes, los que ahora pongan de ejemplo de neutralidad, transparencia y dación de cuentas al mencionado panel con participación política de la OMS y reiteren en consecuencia su emplazamiento al gobierno para que haga lo propio y de manera urgente con su propuesta excluyente.

En ambos casos, si bien es cierto que el exceso de confianza y la complacencia de buena parte de los gobiernos accidentales llevó a minusvalorar la gravedad de la amenaza y a retrasar la respuesta, no lo son tanto ni las acusaciones con respecto al colapso de la disponibilidad de epis, test y ahora de vacunas, cuestión que tiene más que ver con el modelo de globalización económica que en particular con la gestión de los gobiernos en particular ni tampoco con respecto a la mediatización de la prioridad de salud pública por razones de naturaleza económica, que sobre todo existió en algunos gobiernos negacionistas, como los encabezados por Trump y Bolsonaro, pero no ocurrió así en la mayoría, que adecuaron los principios de salud pública a su respectiva realidad social, cultural y también política.

También en estas mismas fechas, algunas universidades como la Jhon Hopkins han continuado publicando ránkings sobre el desempeño de los Estados, entre los que han utilizado tan solo puñado de indicadores de incidencia de la covid19 y de respuesta del sistema sanitario.

En estos rankings se vuelve a destacar de nuevo la excelencia de los paises asiáticos y su modelo de erradicación del virus frente a los magros resultados de la mayor parte de los países occidentales que sufren lo más duro de la tercera ola y donde prima la mitigación. Todo ello eludiendo hechos significativos como la mayor o menor experiencia reciente en pandemias similares, la situación geográfica, el volumen de población así como su densidad y movilidad, su cultura de relaciones sociales y políticas o las desigualdades sociales y territoriales de los distintos países y Continentes, cuando son precisamente estas condiciones de partida las que han condicionado la incidencia y la transmisión de la pandemia y en consecuencia las posibilidades de uno u otro enfoque de erradicación o de mitigación en la lucha contra la misma.

Estos rankings y evaluaciones dejan en un segundo plano la mayor parte de los indicadores sobre los determinantes sociales, demográficos y económicos de la transmisión, de la gobernanza internacional, así como de los factores de riesgo de la pandemia y de los modelos de atención sanitaria y cuidados y su influencia en la gravedad y en las distintas tasas de mortalidad de la pandemia, datos y contexto que en su conjunto evitarían simplificaciones y darían cuenta de la complejidad del origen, la trasmisión y la letalidad de la pandemia de la covid19.

Porque el prejuicio político, la simplificación así como los maniqueos y las prisas nos alejan cada vez más de la comprensión de la pandemia, y lo que es peor, de la imprescindible colaboración y solidaridad global para doblegar ésta, aprender de ella y prevenir las amenazas que se ciernen sobre el próximo futuro.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.